Me gusta pensar que cada que nosotros tomamos una decisión, acaba por completo con lo que pensamos que será la reacción. Muchas veces cuando pensamos y analizamos todas las posibles respuestas a preguntas que aún no se han hecho, pero si se conocen, creemos saber que lo sabemos todo. Alguna vez escuche por ahí que cuando eres joven, asumen todos los demás, que no sabes nada de nada, yo pienso que es solo una forma de minimizar las cosas que un adolecente de mi edad siente, para que los adultos se sientan superiores. Mi madre me suele recordar que, durante la época de adolescencia, solemos cometer muchos errores que no ayudan a nuestra vida, o no como mi madre espera. A veces le doy la razón, pensamos que la decisión que vamos a tomar, es la mejor de todas, la emoción se siente en el estómago, la adrenalina te invade y, sobre todo, la calentura va subiendo.
Eso paso justo anoche, me tome el atrevimiento de escaparme de mi casa en plena madrugada para visitar a mi novio. No fue la mejor idea que pude haber tomado, siendo totalmente sinceros. Partes de mi cuerpo que no sabía que podían doler, duelen, y eso me incomoda un poco. No dormí bien, mi cuerpo se siente como si hubiera corrido un maratón, y para acabarla de amolar, perdí el dichoso maratón. Aun así, me gusta tomarme las cosas con optimismo, digo, no me descubrieron, tampoco me regañaron, tome en cuenta todo el tiempo del mundo, y como anillo al dedo, todo salió según lo planeado, pero ahora es cuando las consecuencias me alcanzan, y mis piernas, abdomen y hombros, me duelen mas que nunca,
—¡Eduardo!, Ven a ayudarme con la ropa, ya salió de la lavadora, tiéndela por favor — grito mi madre desde el patio, mientras yo seguía tratando de convencerme de que: El dolor es mental.
No puedo decirle que no a mi madre, a veces se comporta un poco… Es difícil de explicarlo, me da un poco de coraje que mientras más autoridad tienen los adultos, mas insoportables se vuelven. Mientras iba caminando de mi habitación hacia el patio donde se encontraba mi madre, fui pensando en cómo no hacer notar lo que mi cuerpo gritaba, mi incomodidad al mínimo movimiento muscular.
Nadie de esta casa, excluyendo a mi hermano, saben que tengo pareja, sería una revuelta si alguien se llegase a enterar, más que nada, porque no saben que es hombre, por lo tanto, nadie de aquí sabe mi gusto hacia ellos. Es algo que descubrí en la secundaria, mientras intentaba estar con una chica llamada Arleth, un chico llamado Cesar se enredó en mi corazón sin siquiera pedir permiso, fue de las cosas más extrañas para mí de comprender, sobre todo porque el proceso fue lento y solitario.
Ay días donde quiero hablar sobre eso con mi madre, sé que ella no es una estúpida, sé que lo sospecha, pero no tengo el suficiente valor para contárselo, ni siquiera para por lo menos, iniciar la conversación. Cada que lo intento mi corazón se detiene, mi estómago se hunde y mi respiración arranca sin detenerse. Es inútil, cada que pasa y me acobardo, mi madre saca cosas tanto sociales como religiosas, que me hacen sentir humillado y, sobre todo, me da a entender que, en ningún momento, tendré el apoyo que tanto espero de ella.
—Había estado pensando hijo, que te parece si en la noche vamos a comer al centro, esperamos a tu papá y vemos que comemos, ¿Qué opinas? — dijo mi madre sacándome de mis pensamientos.
—Es una buena idea, honestamente me haría bien salir un poco, desde que comenzaron las vacaciones no he salido, solamente me la he pasado acostado y el aburrimiento es insoportable — rio mi madre, aunque en ocasiones llega a ser un poco cascarrabias, he de admitir que cuando hablamos tranquilos, es una buena persona, hasta llega a caerme bien.
Los días se han vuelto monótonos, las vacaciones son buenas, pero al pasar la semana ya no sabes que hacer, todo el día en el celular es aburrido, no tengo consola de videojuegos para perder el tiempo un rato, con suerte tengo un celular. Mis padres no son adinerados y mucho menos afortunados de tener un trabajo estable. Pero a pesar de ello, siempre logran que aquellas cositas que nos permitimos, sean amenas o mínimamente disfrutables.
—Oye, ¿y no te has enterado nada de los resultados a la escuela esa a la que aplicaste? —mire a mi madre por primera vez desde que inicio la plática.
—Lo había olvidado — aquella sonrisa que mi madre esbozo al hablar, desapareció totalmente dejando en su lugar, una notoriamente molesta.
—O sea, no has hecho mucho en vacaciones, como para que lo mínimo que se te encarga con respecto a tus estudios, lo olvides, así como si fuera nada. Inútil — si alguien te dice la frese: “Un putazo dolía menos”, se refiere específicamente a esta parte de la vida.
Había aplicado hace tiempo a una escuela conocida aquí en México, es una algo prestigiosa, y aunque es de paga, tienen un sistema de becas bastante accesible. Gracias a mis calificaciones en la secundaria, logre aplicar para una beca del cien por ciento para estudiar ahí. Cuando se los conté a mis padres, fue una emoción total, jamás me han detenido en mis estudias, y aunque llego a ser bastante despistado y flojo, logre ser de los pocos en aplicar para dicha beca, siendo que un examen que presente la semana pasada, decidiría quien se queda con el jugoso premio.
Pero ahora regresando a mi triste realidad actual — Perdón ama — dije mientras intentaba seguir tendiendo la ropa sin el mínimo problema —, si, lo olvide, pero si en dado caso ya salieron los resultados, no creo que a la de ya nos citen para empezar el papeleo, ¿no crees?
—Pues ahorita mismo me revisas, como estabas tan confiado en que la ibas a obtener, no hiciste examen para ninguna preparatoria más, si te quedas sin escuela te mando a trabajar, aquí de huevon no vas a estar — y así como por arte de magia, desapareció al entrar a la casa, dejándome algo cabizbajo en el patio.
—Hola hijo.
— ¡Ay! Hola pa´, me espantaste.
—Con la cabeza en las nubes, como no. ¿Tu madre?