En contra de Nuestros Instintos.

April.

6 años, April.

​—Mamá, ¿qué pasa? ¿A dónde vamos? Estoy jugando con mis amigos...

​—Tengo algo que decirte, April. Ven ahora mismo —me dice.

​Entramos al invernadero.

​—April, escucha —empieza a decirme algo de Lev, de que es un bastardo. No entiendo qué significa eso ni por qué no puedo juntarme con él, así que pregunto—: ¿Por qué no, mamá?

​—Si te juntas con él, solo nos traerá mala reputación. ¿Entiendes, April? —Me agarra del brazo con fuerza y me duele—. ¡Entiendes! —me dice, levantando la voz.

​Entonces solo puedo asentir, aunque en mi corazón siento que algo no está bien. Sé que mami es diferente a las demás, porque ella no es tierna conmigo. Las otras mamás van por sus hijas al conservatorio, pero la mía no. Una vez escuché que ojalá no hubiera nacido; aún no entiendo qué significa eso. ¿Yo no debí nacer? No lo entiendo.

​Sin más remedio, salgo del invernadero del que mi madre ya se ha ido. Cuando voy de regreso a donde están mis amigos, siento un tirón fuerte en mi pelo que me empuja hacia atrás. Grito de dolor mientras caigo sentada. Alguien se para enfrente de mí: es Lev, con una cara sombría que me da miedo. Aunque estoy llorando, le pregunto:

​—¿Qué te pasa? ¿Por qué me hiciste eso?

​Él sonríe, y yo me quedo quieta porque su sonrisa es igual de mala que la de mami cuando me golpea.

​—Porque tienes un pelo horrible —me dice.

​—¿Qué? —digo.

​—Sí, parece de lechuza. ¿Y sabes lo horribles que son las lechuzas? Eres horrenda.

​Yo sigo sentada, llorando mientras lo miro.

​—¿Por qué me dices eso?

​—Porque te odio —me dice—. Somos de manadas distintas. Te odio, y cuando sea grande voy a venir por ti, lechusa, y te voy a cazar.

​Se da la vuelta y se va. Yo me quedo ahí, llorando y pensando en que mami tenía razón: tengo que alejarme de él.




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