9 años.
Me estoy arreglando como puedo, ya que hoy va a haber un encuentro entre las cuatro manadas principales debido al exceso de ataques de los renegados. No quiero ir. ¿Me encontraré a Lev? Tengo algo de miedo después de lo que pasó hace 3 años, la forma en que me dijo que me casaría. ¿Ya despertará su lobo? ¿Vendrá por mí? Quisiera decir que no iré y quedarme aquí estudiando sobre nuestros antepasados, que últimamente me han llamado mucho la atención; ellos poseían un poder sobrenatural y quisiera leer más sobre él. Cuando le pregunté a papá, me dijo: «Por eso nuestra manada se llama Luna Nevada», y luego mamá me sacó de ahí como si hubiera preguntado algo estúpido. Ahora entiendo más a mamá y lo que escuché aquel día —que ojalá yo no hubiera nacido—, lo entiendo mejor: yo fui un error. Esperaban un varón que se hiciera responsable de la manada, pero a cambio nací yo, toda débil y frágil. Pero eso quedará en el pasado; me haré fuerte para que mamá me quiera y, cuando mi lobo despierte, traeré orgullo a esta familia.
En lo que estoy terminando de arreglarme, entra mamá y me ve con algo que ahora reconozco desde siempre: decepción.
—April, te dije que ese vestido no —me dice.
—Mamá, por favor, el otro no me queda bien —digo.
Y de repente veo su mano levantarse y mi mejilla empieza a arder.
—¿Qué fue lo que te dije de desobedecer? —me dice—. Sabes que hoy vendrán personas importantes para la manada, necesitamos estas conexiones, ¿acaso nos quieres avergonzar? —grita, y yo me encojo—. Carajo, April, no me sirves para nada. Todas las mujeres de las otras manadas tuvieron un varón, ¿sabes lo que significa eso, April?
Asiento.
—¿Qué significa? Dilo —grita.
—Que nosotros estamos en desventaja porque yo soy una niña —digo.
—Así es, ahora ven —me dice, bajando la voz y tocando mi mejilla—. Recuerda que uno de esos alfas en un futuro será tu pareja, así que tienes que impresionarlos desde ahora, antes de que se den cuenta de que eres defectuosa. Ahora ven, te voy a peinar.
Me acerco consternada y empieza a cepillarme despacio y, como si no hubiera pasado nada, me dice:
—Te quiero, mi niña.
Mis ojos lagrimean mientras contesto:
—Yo también, mami.
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Editado: 20.09.2026