Llegamos al lugar donde es la reunión y quedo deslumbrada. Es al aire libre, donde se ve la luna; hay muchas personas y nuestras manadas se diferencian por nuestra vestimenta. Los de la manada Luna al atardecer van vestidos de tonos anaranjados con amarillo; los de la manada Luna Creciente visten de gris —ellos son nuestros vecinos y mi amiga Lía es de esa manada—; nuestra manada va de color blanco, y cuando voy a ver la última manada me quedo paralizada: Lev está ahí, viéndome sin ninguna expresión. Está mucho más alto de lo que lo recordaba y va vestido igual que los de su manada, Luna Ardiente, con tonos negros y rojos. Intento dar la vuelta y correr, pero Lev agarra mi mano y me jala hacia un lado.
—¿Qué pasa, lechuza? ¿Ya no te acuerdas de mí o intentas huir? —dice.
—¿De qué estás hablado? Yo solo iba a buscar a Lía, que de seguro me está buscando también.
—Mmm —dice, y se me queda viendo.
—¿Qué quieres? ¿Por qué me trajiste aquí? Y no me llames lechusa, soy April, ¿entiendes?
Lev me ve sin ninguna expresión, pero de repente sonríe y hace que retroceda.
—Te digo lechusa porque eres igual de horrorosa que ellas. Mírate, ese cabello rojizo no es normal, no, seguro eres un fenómeno —dice mientras camina a mi alrededor. Cuando va a agarrar un mechón de mi cabello, agarro su mano y lo empujo; él se sorprende.
—No creas que soy la misma niña de aquella tarde, no voy a permitir que me sigas molestando.
—¿Así? ¿Y qué harás?
—Defenderme —digo, y le doy una patada en el estómago y salgo corriendo. Cuando volteo, está de pie como si nada, como si mi patada no le hubiera hecho ni cosquillas, y sonríe. El estúpido sonríe. Carajo, debí pegarle más fuerte.
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Editado: 20.09.2026