En directo

LA LLEGADA

Las hojas ocres de otoño crujían bajo las ruedas de aquel Jeep negro. Avanzaba lento hasta llegar a una zona más abierta, donde los pinos habitaban entremezclados con robles ya casi desnudos.

Pablo bajó del vehículo dejando las luces encendidas; entre los pinos se erguía una casa antigua de piedra desafiando el paso del tiempo.

—Joder, da mal rollo —dijo apoyado en la puerta del Jeep.

Miguel se apoyó en el capó, observándola mientras asentía con la cabeza a la par que se encendía un cigarrillo.

—Es perfecta. Creo que deberíamos mostrar un plano desde aquí. A la gente le va a dar un mal rollo que flipas —dijo con una emoción notoria.

—Tío, deja de fumar y vamos a bajar las cosas —dijo Pablo.

Amanda no podía dejar de mirar aquella casa de piedra que mostraba tan buen aspecto para ser una casa abandonada. La luna llena quedaba justo encima de ella, como una señal, para que fuera sencillo localizarla. Un viento frío movió su melena, erizando su piel. Se subió la cremallera de su abrigo negro, pero aquello no hizo que su piel volviera a la normalidad.

—Señorita «vidente», sus poderes no le libran de ayudar —era Pablo quien hablaba tras ella.

—Agradece que te hemos traído en coche y no te ha hecho falta sacar la escoba para llegar —dijo Miguel, jocoso, mientras los tres jóvenes sacaban del maletero mochilas con las cámaras y todos los aparatos que aquella noche iban a usar.

—¿Vais a empezar el directo aquí? —preguntó Amanda con cierta sorpresa. Algún que otro directo, tanto de ellos como de otras personas, había visto para saber que nunca se mostraba el exterior de un lugar, para evitar que otras personas lo pudieran localizar y acudieran a vandalizar los lugares.

—Para una vez que Miguelito tiene una buena idea, habrá que hacerle caso.

En menos de cinco minutos tenían todo preparado: trípodes, luces; ambos hombres cargaban con sendas mochilas en las que llevaban agua, linternas, detectores de campos magnéticos, entre otros artilugios.

—¿Has traído el colgante ese que usas en tus directos? —preguntó Miguel a Amanda.

—Se llama péndulo, y sí, lo he traído —respondió en tono agrio.

—Bueno, el plan es el siguiente. Conectamos desde aquí y, a continuación, entramos en la casa.

—Pero, ¿no comprobamos antes que podamos entrar o que no esté algún ocupa viviendo dentro o algo? —preguntó Amanda.

Pablo suspiró, clavó los ojos en Amanda mientras apretaba los puños.

—A ver, dudo que no podamos entrar, pero, en el caso de que sea imposible, ganamos credibilidad, que es lo que ahora mismo nos hace falta, y si hay ocupas o algún mendigo dentro, igual. Si no te gusta la idea, puedes quedarte en el coche o dando vueltas por el bosque. Lo que prefieras.

Amanda mantuvo la mirada desafiante de Pablo.

—Está bien, lo que vosotros digáis.

—Como iba diciendo, dejamos el trípode ahí para presentarnos y, después, tendremos que ir turnándonos para llevar la cámara. Amanda, aquí entras tú también, por supuesto. ¿Entendido?

Miguel y Amanda asintieron.

—Por último, Amanda, ahí dentro tú dedícate a hacer lo tuyo, del resto nos encargamos Miguel y yo.

Amanda tomó aire y asintió.

Miguel indicó dónde tenían que colocarse mientras él preparaba el trípode buscando el mejor enfoque. Corrió al encuentro de los otros dos integrantes de aquel pequeño grupo.

—Diez segundos y estamos en directo, ya hay cientos de personas conectadas. La noche promete —dijo frotándose las manos.

El piloto rojo de la cámara dejó de parpadear, señal de que el directo acababa de comenzar. Pablo dio un paso al frente, dejando tras de sí a un Miguel sonriente y a una Amanda con el rostro en tensión, mirando de soslayo aquella casa de piedra. Y, en un tono ensayado, Pablo comenzó a hablar a la cámara.

—Buenas y terroríficas noches, familia. Un día más, estamos listos y preparados para enfrentarnos al misterio, a lo que no tiene explicación, a todo aquello que se escapa de la lógica del ser humano. Ya estoy leyendo en el chat que os sorprende que estemos en exterior esta noche. Y es que, querida familia, hoy hemos venido al lugar que una suscriptora nos indicó. Bruja de los Bosques, no sé si estás aquí hoy, espero que sí. Ella nos mandó por privado las coordenadas de la casa que estáis viendo a nuestra espalda; nos contó que en una ruta de senderismo la localizó y que notó una energía extraña, como si la casa la hubiera encontrado a ella y no al revés. Es un lugar que no hemos explorado nunca, no nos hemos acercado aún, no sabemos si vamos a poder entrar, pero nosotros siempre os mostramos la realidad. Sí, ya sé que últimamente mucha gente anda inventando que teatralizamos lo que ocurre en nuestros directos, y esta noche, una vez más, vamos a demostrar que no es así. La verdad es que la casa impone solo con mirarla, ¿no te parece, Miguel?

Miguel, sin moverse del sitio, respondió:

—Buenas noches, familia, y sí, la verdad que viendo la casa entiendo perfectamente lo que Bruja de los Bosques nos dijo en su mensaje. No sé lo que nos deparará en su interior, pero tiene una especie de magnetismo.

—Así es, familia. Bueno, como veis, no estamos solos, y veo que muchos ya lo estáis comentando en el chat. Nuestra tarotista más querida de las redes sociales está aquí. Hoy tenemos el placer y el lujo de que nos acompañe en esta noche misteriosa. Amanda, ven. Cuéntale a nuestra terrorífica familia qué te parece este lugar.

Amanda se acercó a Pablo con aire distraído y sin mirar a cámara en ningún momento. Observaba a su alrededor, buscando algo con la mirada que no conseguía ubicar.

Pablo insistió en su pregunta.

—Eh, sí, buenas noches a toda la gente del chat. El lugar siento que esconde algo, no sé deciros el qué.

NocturnaFan: Amanda, pareces nerviosa

Ojo_de_Cuervo: No se la ve cómoda allí

Sombra77: Amanda no falla, gente, no está tranquila, y eso es señal de que algo ahí no anda bien



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En el texto hay: terror, internet, terror paranormal

Editado: 17.07.2026

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