En directo

EL SÓTANO

Los tres se giraron. Miguel fue el primero en reaccionar, corriendo escaleras arriba. Trató de abrir la trampilla, pero le fue imposible. Pablo llegó para ayudarle, pero no fueron capaces de abrirla ni un centímetro.

—¡Amanda! No te quedes ahí parada y ven a ayudar —gritó Pablo.

Amanda permanecía en la penumbra, al final de la escalera de piedra, dándoles la espalda. Sus ojos trataban de distinguir algo en la oscuridad.

—¡Amanda! ¡Que vengas aquí de una puta vez! ¿No te das cuenta de que estamos encerrados? —volvió a gritar mientras él y Miguel empujaban con todas sus fuerzas, en vano.

Ajena al mal humor de sus compañeros, se dio la vuelta con calma y comenzó a subir lentamente las escaleras.

Se unió a los esfuerzos de sus compañeros, también sin éxito. Miguel recuperó la linterna para inspeccionar la trampilla y, ya con mejor iluminación, comprobó que Amanda estaba llorando.

Ella se dio la vuelta y se sentó en el último escalón.

—Ellas no quieren que salgamos aún. Es inútil intentarlo.

Lunazul: Amanda está demasiado rara.

Tihago21: ¿Posesión?

Teresita: Algo le pasa. Luissito19: Esta noche está siendo una locura, gente.

Pablo la observaba desde arriba con los ojos inyectados en sangre y la mandíbula apretada.

—¿Ellas, quién? ¿Quién, pedazo de loca? —dijo mientras bajaba las escaleras.

Amanda permanecía sentada en una actitud relajada, sin dejar de llorar. Miguel bajó tras su compañero. Apoyó el trípode en una superficie que encontró y corrió al encuentro de sus compañeros.

—Pablo, tío, déjala. ¿No ves que está asustada? Te recuerdo que estamos en directo.

—Tú calla, que si está pirada hoy aquí es por tu culpa. ¿De quién fue la idea de llamarla? ¿Te lo recuerdo o no hace falta?

Ecplisse: Pablo se está pasando muchísimo.

Brujita: Ehh, vale que esté asustado, pero de qué va este tío. Linda20: Es lo que tiene ser un farsante, que cuando te enfrentas a lo paranormal de verdad, pierdes los nervios.

Pedriipe: Bua, me estoy arrepintiendo de haber donado, chaval.

—Pablo, estamos en directo, por favor. La gente en el chat se está enfadando contigo.

—¡Me la suda! Tú, pirada. Llevas toda la noche queriendo tu minuto de gloria —dijo dirigiéndose a Amanda—. Pues muy bien, aquí lo tienes. Dime quiénes son ellas y por qué no quieren que salgamos de aquí.

Amanda miraba sus zapatos, sus manos tapaban sus oídos mientras veía caer sus propias lágrimas en un suelo lleno de polvo y arenilla. Pablo continuaba gritándole. Sintió cómo sus mejillas se encendían, comenzó a agarrar con fuerza los cabellos que caían sobre sus orejas, mientras su respiración cada vez tenía un ritmo más frenético. Como un resorte se levantó; estar subida en el último escalón le permitió que su rostro quedara justo a la altura del de Pablo.

—¡Que no lo sé! —su grito retumbó en aquellas paredes de piedra, dejando un silencio tras él.

Aquellas voces femeninas que parecían hablar en susurros todas a la vez se hicieron presentes de nuevo.

—Las oyes, ¿verdad? Pues ellas son.

—Yo también las oigo, el chat también —dijo Miguel.

Pablo comenzó a dar vueltas sobre sí mismo. Arrojó con violencia su mochila contra el suelo.

—Tú —señalando a Miguel— pon la cámara donde se pueda grabar todo. Enciende todos los focos y linternas que puedas. Y tú —se dirigió a Amanda en esta ocasión— dame una explicación razonable si no quieres que siga pensando que estás para encerrarte con camisa de fuerza.

Amanda suspiró, se secó las lágrimas y tragó saliva mientras asentía con la cabeza.

—Voy a hacer algo que quizá tú deberías hacer. Miguel, por favor, la cámara.

—Voy.

—Os confieso a vosotros y al público que hasta hoy no estaba segura de si todo lo que hasta ahora he acertado era pura casualidad o qué —se miró las manos, que no paraba de retorcerse, antes de continuar—. Podréis creerme o no, pero desde que hemos llegado a esta casa siento que algo o alguien quiere decirme algo. Solo sé que son mujeres. No me sé explicar por qué.

Daniella: Yo la creo, y agradezco que sea honesta.

Joel114: Yo creo que esto está todo preparado.

Yuperi55: Pablo y Miguel, aprended. Confesad que sois unos putos farsantes.

—Creo que deberíamos ver qué hay aquí —finalizó Amanda.

Pablo observaba, apoyado en la pared, cómo Miguel sacaba de su mochila diferentes focos y linternas. Amanda logró recomponerse y fue a ayudarle.

Cuando todas las luces estaban encendidas, descubrieron que la superficie en la cual tenían colocado todo el material era un baúl de madera mohosa. El lugar carecía de ventanas, pero en la pared de enfrente a aquel baúl había lo que parecían ser celdas, aunque el tamaño era muy reducido. En esta estancia solo había un hachero al pie de la escalera. Amanda entró en una de las diminutas celdas. Había trozos de tela, pero estaban en tal mal estado que era imposible deducir qué fueron en su día. Pero lo que más llamó la atención de Amanda no fueron aquellos harapos mugrientos. Fue una de las piedras de aquella celda. Se acercó con la linterna para poder ver bien. Había algo tallado en aquella piedra.

M.F. Soy inocente

Amanda se llevó la mano libre al pecho, no pudo frenar sus lágrimas.

—Chicos —dijo con voz temblorosa, enfocando con la linterna donde debían mirar.

—¿Esto era una cárcel? —preguntó Miguel.

—No lo sé, no entiendo nada —dijo Amanda, aún con la voz entrecortada.

Pablo se apartó de ellos para dirigirse a la cámara.

—Bruja de los Bosques, si estás ahí, comenta. Moderadores, mirad si está conectada.

Un golpe seco en la celda de al lado hizo que el grupo se sobresaltara. Miguel enfocó con la linterna, pero no encontró nada que justificara aquel sonido. Su frente se veía perlada por el sudor y la linterna delataba el temblor de sus manos.



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En el texto hay: terror, internet, terror paranormal

Editado: 17.07.2026

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