En directo

EL MANUSCRITO

Miguel bajó las escaleras apresuradamente mientras controlaba su llanto. Se sentó junto a Amanda en el suelo.

—¿Qué es eso, qué pone ahí?

Amanda se lo entregó sin apartar la vista del suelo.

Miguel lo tomó con urgencia y comenzó a leer en voz alta.

A quien lleguen estas palabras; todas somos inocentes. Aquí abajo somos unas veinte mujeres, algunas apenas han dejado de ser unas crías. A todas nos han sacado a la fuerza de nuestros pueblos y nos han traído aquí, a este lugar que nadie conoce. Ellos lo llaman la casa de las brujas de los montes. Dicen que somos brujas, que pactamos con el demonio. Pero el demonio son ellos. Nos torturan para que confesemos; algunas lo hacen para terminar con el castigo. Aunque aquí, todas tenemos el mismo final. Mi delito fue no haber dado fruto a mi vientre. Fue mi marido el primero que creyó que el demonio habitaba en mi cuerpo, impidiendo que la vida creciera en mí. Fue él quien me entregó. Él, que juró a mi padre ante Dios que cuidaría de mí. Aquí hay mujeres que ya no hablan, otras están aquí por no tener marido, otras por estar enfermas. Pasamos días sin comer y el agua que nos dan es sucia y escasa. Llevo tantos días sin ver el sol, que no acierto a saber cuánto tiempo llevo aquí. Cada noche, eligen a una para mancillar su honor. Luego la devuelven a la celda, la mayoría de las veces malheridas y sin fuerzas para levantarse. Algunas han parido aquí, y la mayoría mueren antes o durante el parto. Cuando se cansan de una de nosotras, sacan la soga y acaban con nuestras vidas, obligando al resto a mirar. Para que no olvidemos cuál es nuestro destino. No sé qué hacen con sus cuerpos. De aquí nadie sale con vida. Dejo esta carta con la esperanza de que alguien la encuentre y sepa que somos inocentes. Y si mi alma vive más allá de la muerte, yo misma me encargaré de que no conozcan la paz. María Fernández.

—Son «ellas», ¿verdad?

—Entiendo que sí, al menos tiene todo el sentido del mundo —respondió Amanda casi en un susurro.

—Miguel, ¿cómo pone ahí que llamaban a este sitio? —preguntó Pablo, que permanecía sentado alejado del grupo.

Miguel apuntó con la linterna de nuevo y, al verlo esta vez, sus ojos se abrieron desmesuradamente.

—La casa de las brujas de los montes. ¿Qué cojones? —miró a Pablo, que se acababa de levantar buscando la cámara.

—Moderadores, no sé si hay alguna manera de ver si la tal Bruja de los Montes ahora aparece con otro nick. Moved cielo y tierra.

Comenzó a dar vueltas sobre sí mismo, se pasaba la mano por el pelo y la barbilla.

—¡Joder! —gritó agarrándose fuerte el cabello—. ¿Qué clase de broma macabra es esta, tío? —volvió a dirigirse a la cámara—. Tú, quien coño seas, reza para que no te localice Bruja de los Montes. Porque te pienso joder la puta vida.

Brujita19: Pobres mujeres. Luissillooo: ¿Y cuánto tiempo ha pasado de eso? Ameba37: A Pablo se le está yendo la pinza de una manera importante. Suwbwer: Si esto lo tienen preparado, es para que les den un Oscar, bro.

—¡Cállate ya, tío! —gritó Miguel, poniéndose en pie.

—Ya te he dicho antes que me la pelan las donaciones y las visitas. Solo quiero saber quién cojones nos ha traído hasta aquí y por qué nos hace esto. Quiero pirarme ya de aquí, pero no puedo porque estamos encerrados, ¿te acuerdas de eso?

Miguel tensó la mandíbula y se acercó a su compañero con paso firme.

—A mí ya me dan igual las donaciones. Asúmelo, aquí nada está preparado. Y si no, venga, dame una explicación para lo de tu brazo.

Esperó sin moverse del sitio, sin apartar la mirada de Pablo. Tras unos segundos de silencio, dijo:

—No puedes explicarlo. Tú eres el experto en manipular directos para que parezca que pasan cosas, y todo esto se escapa de tu control.

Borjita: Ehh, ¡acaba de confesar que sí montan los directos! Monlight: Para sorpresa de nadie, jaja. Lo que no he entendido nunca es que la gente les donara pasta. Alma001: Al fin uno de los dos confiesa.

Pablo miraba a Miguel con el rictus en tensión.

—Cállate.

Miguel se giró hacia la cámara.

—Pido perdón a todos por haberos engañado tanto tiempo. Yo solo quería dinero; al final otros streamers llevan años haciéndolo con otras cosas y nadie les pilla. Pero lo de hoy, esto no está preparado.

Pablo se abalanzó sobre Miguel, interrumpiendo así su discurso. Ambos rodaron por el suelo propinándose golpes. Amanda corrió hacia ellos para separarlos. Consiguió agarrar el brazo de Miguel, pero lo soltó de inmediato. Una imagen cruzó por su mente: Miguel echando un líquido en una bebida. Fue un par de segundos, pero los suficientes para que todas sus alertas se encendieran.

Dio marcha atrás sentada en el suelo, su linterna apuntaba al techo en esa posición. Cerró los ojos con fuerza, en un intento desesperado de borrar aquella imagen que tanto en peligro la había hecho sentir. Echó la cabeza hacia atrás y, cuando volvió a abrirlos, descubrió la viga gruesa e irregular de madera en la cual quedaban restos de sogas raídas. No se había dado cuenta, pero sus compañeros habían abandonado la pelea en el momento en el que ella se alejó de ellos, y ahora miraban al techo como ella.

Al bajar la mirada, volvió a fijarse en aquel baúl. Tenía que intentar abrirlo.

—Buscad algo donde apoyar la cámara si aún seguís queriendo seguir con el directo. Voy a abrir el baúl.

Fue Miguel quien se levantó a buscar en su mochila, de la cual sacó dos trípodes extensibles.

—Sí, seguimos en directo, gente. Os pido ayuda. Si alguien reconoce la fachada de la casa que se ha visto al inicio, por favor, pedid ayuda.

Anubisss: Llamad a la poli, ellos rastrearán la llamada. Pedrito23: Claro, que llamen a la poli.

—A ver, gente, el único móvil que tenemos aquí es el mío. Y está descargado, mirad —mostró a la cámara que, a pesar de pulsar el botón de encendido, la pantalla seguía en negro—. Los del resto están en el coche.



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En el texto hay: terror, internet, terror paranormal

Editado: 27.07.2026

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