En directo

LOS HUESOS

La luz de la linterna arrancó destellos marfileños. Amontonados, cráneos sobre fémures; algunas manos, reducidas a huesos, parecían querer abrirse paso entre aquel mar amarillento casi marrón. Amanda se acercó con paso lento y sin dejar de apuntar con su linterna. Algunas horquillas y broches descansaban junto a aquellos restos humanos. Esos objetos confirmaban que eran mujeres, que eran «ellas».

Un leve viento gélido se paseó por el sótano, moviendo incluso la melena de Amanda. El olor a moho se camufló por un aroma a flores mezclado con incienso.

—Yo misma me encargaré de que vuestra historia se sepa —susurró Amanda para sí.

Brujita19: ¿Qué hay ahí dentro? ¿Por qué están todos tan callados?
Pedripe: Que nos lo enseñen.

Abuu39: ¿Algún cadáver?

—No me jodas… seguro que son falsos —balbuceó Pablo sin moverse del sitio.

Miguel se acercó un poco más, apuntando con la linterna. Sus ojos, abiertos como los de un búho, recorrieron el interior de aquel baúl de madera. Tragó saliva y se mordió los labios.

—No parecen falsos, son restos humanos. ¿Crees que son «ellas»? —dijo, girándose para ver el rostro de Amanda, que le contestó con un gesto afirmativo.

Miguel se alejó y comenzó a pasear sin rumbo en el espacio que el sótano le permitía, con las manos en la nuca.

—Ok, ya sabemos que esto era un lugar donde, no sabemos hace cuántos años, se torturó y asesinó a mujeres acusadas de brujería. Estamos en directo, lo sabemos nosotros y miles de personas —se paró entre Amanda y Pablo e hizo un gesto con la cabeza, señalando la trampilla—. Si sus almas nos tenían retenidos hasta que lo descubriéramos, debería abrirse.

Pablo subió las escaleras de dos en dos y comenzó a empujar. Miguel le siguió con el mismo soporte que habían usado para abrir el baúl. Pero en esta ocasión no tuvieron éxito. El soporte metálico se rompió sin conseguir ni tan siquiera astillar levemente la madera de la trampilla. Tras varios minutos de esfuerzo, se resignaron. Era imposible abrirla.

Amanda permanecía de pie junto al baúl, los miraba impasible. Un halo de tristeza empañaba su rostro.

Luka21: Amanda, léenos. Muéstranos el interior del baúl. Claroscuro0: ¿Alguien ha llamado a la poli? A ver, no sé si esto estará preparado, pero si no lo está…

Menciarodi: Yo he llamado hace un rato, no me han tomado muy en serio, pero me han dicho que los buscarán.

Ambos volvieron al interior del sótano. Pablo se paró ante la cámara. Decidió hacer caso a lo que la gente le pedía en comentarios. Quería ver los huesos; aceptó aquella petición morbosa, y justo cuando la cámara enfocó el interior del baúl:

Luka21: Se queda congelada la imagen, no se ve nada.

Pedripe: No se ve un carajo.
Néstor23: Se queda enganchado, no se ve.

—Déjalo. No quieren que hagas eso —dijo Amanda en tono solemne.

Los dos hombres se miraron, después miraron a Amanda con una expresión que ella no había visto en ellos hasta ahora. Sintió cómo su corazón latía con violencia ante aquellas miradas.

El silencio pesaba más que un grito. Una sensación de peligro había llegado para quedarse en el cuerpo de Amanda. Sin que ellos se dieran cuenta, escondió en su mano uno de los broches que descansaban entre los huesos.

—A ver, Amanda —dijo Miguel en un tono sombrío—. Hasta ahora he tenido mucha paciencia contigo, pero ya se me está acabando. Quiero salir de aquí y tú pareces saber más de lo que cuentas.

—Yo no sé nada, solo siento cosas que ni yo sé explicar —dijo, apretando con fuerza el broche que escondía en su mano—. Solo os digo lo que siento.

Pablo avanzó lentamente hacia ella. Amanda dio un paso atrás, topándose con la pared. Antes de que le diera tiempo a reaccionar, tenía a Pablo a escasos centímetros de ella.

—Muy bien. Supongamos que te creo —estaba tan cerca de su rostro que podía sentir su aliento pesado cuando le hablaba—. ¿Qué más tenemos que hacer?

—No… no lo sé —balbuceó.

Miguel se unió a Pablo e insistió.

—Vamos, Amandita, hasta ahora no has fallado ni una. Y ya nos hemos cansado de tu juego. ¿Qué más tenemos que hacer? —dijo Miguel, apretando los dientes.

Sin darle tiempo a contestar, Pablo se abalanzó sobre ella, puso sus manos en su cuello, apretando con fuerza.

—¡Que me digas qué coño tenemos que hacer para salir de aquí, puta asquerosa!

Amanda trataba de zafarse de él cuando una imagen se coló en su mente de nuevo. Pablo, con los ojos inyectados en sangre, apretando el cuello de una mujer, pero no era ella. Olor a alcohol, a tabaco.

—Tío, la vas a matar.

Era la voz de Miguel, pero no sabía si estaba sucediendo en ese momento o formaba parte de aquella extraña visión.

El viento gélido volvió, escuchó un estruendo y vio a Miguel caer al suelo llevándose las manos a la cabeza. La presión sobre su cuello cedió. Se dejó caer manteniendo la espalda pegada a la pared hasta sentarse en el suelo. Respiraba a grandes bocanadas, queriendo llenar sus pulmones, recuperando todo el aire que no había entrado mientras Pablo la estrangulaba.

Desde esa posición, vio a Pablo asistir a Miguel, que sangraba por la cabeza. La vieja y oxidada cerradura del baúl estaba en el suelo, junto a la cabeza de Miguel.

Moodchaat: Pablo, hemos encontrado algo sobre Bruja de los Bosques.



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En el texto hay: terror, internet, terror paranormal

Editado: 27.07.2026

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