Amanda aún estaba aturdida; permanecía sentada con las rodillas flexionadas y la espalda pegada a la pared. La horquilla que había cogido yacía en el suelo. Había caído cuando aquella visión se introdujo en su mente. La guardó en el bolsillo de su pantalón con la esperanza de poder utilizarla como defensa si volvían a agredirla. Masajeó su cuello dolorido mientras veía a Pablo contener la pequeña hemorragia de la cabeza de Miguel. No había visto el momento en el que fue golpeado, tampoco entendía cómo la cerradura del baúl había llegado hasta ahí.
El aroma a flores se hizo presente nuevamente. Un susurro le hizo sobresaltarse.
Estamos contigo. No temas.
Miró a su alrededor, pero solo estaba ella y los dos compañeros que ahora veía como un peligro. Eran voces de mujeres, eran «ellas».
Se puso en pie, caminó hasta la cámara sin prestar atención a los dos hombres.
Luiisito: ¿Estás bien? Pablo es un mierdas. La poli está viendo el directo y ha visto cómo te ha agredido.
Albaarikoke: Es un cerdo, la poli dice que mucha gente ha llamado. Os están buscando. Y espero que ese cerdo salga esposado
Melanieee2: Es un machista.
Luiisito: Por cierto, tengo el clip de cuando la cerradura salió volando, porque Miguel se puso por medio, pero yo creo que el objetivo era Pablo.
—Gracias, familia, estoy bien. Gracias por llamar a la policía. Espero que puedan encontrarnos. Lo que más miedo me da no es este lugar… —dijo con la voz rota, tratando de contener el llanto.
Moodchaat: Amanda, por favor.
Avisa a Pablo o a Miguel. Tienen que leer esto.
Suspiró, asintió y, tras limpiarse un par de lágrimas que no pudo retener, se giró hacia ellos.
—Los moderadores quieren hablar con vosotros.
Amanda se levantó y se encaminó para sentarse junto a una de las celdas. Pablo se levantó con urgencia y, con pasos rápidos, se dirigió a la cámara. En su camino, su brazo tocó el de Amanda. Un leve roce fortuito, suficiente para que otra visión apareciera en la mente de Amanda. En esta ocasión vio a Miguel ofreciendo una bebida a una joven rubia que estaba abrazada a Pablo.
—Contadme, ¿habéis localizado a la zorra esa de Bruja de los Bosques?
Moodchaat: Lo primero, Pablo, mantén la calma y no la cagues más. La poli está buscándoos. Y sí, hemos encontrado algo. Hemos revisado la cuenta desde que esa supuesta seguidora os habló. Y bien, anteriormente se hacía llamar ClaudiaMoon. ¿No te suena?
—Ni idea —miró a Miguel esperando que este le arrojara algo de información, pero negó con la cabeza.
Moodchaat: Dejó de estar activa en agosto de este año. Hasta el día que te escribió, y después nada más.
—No me sirve, seguid buscando, joder —gritó Pablo a la pantalla.
BrujadelosBosques: Hola, chicos, ¿en serio no os acordáis de mí? No os preocupéis, ya queda menos para que se os refresque la memoria.
—¿Quién coño eres? Te juro que como te pille te estrangulo hasta que dejes de respirar.
—Ya lo hiciste —dijo Amanda sin mirarle. Mantenía la vista fija en el baúl que albergaba los huesos.
—Tú cállate, puta loca —gritó Miguel. Pablo la miraba con el rostro desencajado.
El suelo comenzó a temblar. Los dos hombres miraban atónitos el suceso, mientras Amanda permanecía serena.
—Ya os he dicho que no les gusta que uséis esa expresión.
El temblor paró justo cuando Amanda terminó aquella frase.
—De acuerdo, erais inocentes. No erais brujas. Y queréis que el mundo sepa lo que os pasó —Pablo gritaba a la nada, dirigiéndose a «ellas»—. Para poder contarlo y que el mundo lo sepa, dejadnos salir.
—No confían en vosotros.
—La listilla que todo lo sabe, ¿por qué no confían? —preguntó Miguel.
—Porque sois como ellos —continuó impasible.
Pablo se arrodilló en el suelo.
—No somos como ellos, miradme. Estoy de rodillas. Os ruego que nos dejéis salir.
Amanda estalló en una carcajada leve. Se giró y clavó sus ojos en Pablo.
—No te creen —dijo en un tono tan serio que no encajaba con su risa inicial.
Pablo se puso en pie con el rostro rojo por la ira. Avanzó a paso rápido hacia Amanda, quien le mantenía la mirada con el rostro sereno. Apenas estaba a un metro de ella cuando una fuerza invisible empujó su pecho, haciéndole caer al suelo. Miguel corrió a ayudarle.
—Ya no puedes tocarme más, ahora «ellas» me protegen.
—Bruja de mierda —dijo, zafándose de Miguel mientras avanzaba nuevamente hacia Amanda. Y otra vez esa fuerza sobrehumana impactó sobre su pecho, esta vez con más fuerza que la anterior. No solo le tiró al suelo, sino que le dejó sin respiración por unos instantes.
Miguel le ayudó a incorporarse y no se separó de él. Amanda seguía sentada en el suelo, serena, mientras les observaba.
—Te dije que ya no puedes tocarme, que me protegen.
—Todo esto es culpa tuya —escupió Miguel entre dientes.
Un murmullo de voces femeninas inundó aquel sótano frío y oscuro. Amanda cerró los ojos, concentrada en entender lo que decían. Su rostro pasó de ser sereno a mostrar una mueca de dolor. Dos lágrimas solitarias rodaron por sus mejillas. Abrió los ojos y, con el dorso de la mano, se enjugó los ojos. Tomó aire y tragó saliva. Volvió a mirarlos. Les perforaba con la mirada de tal forma que pudo apreciar la incomodidad en los rostros de aquellos hombres.
—¿Seguro que no os acordáis de Claudia? Ella está aquí. Y os recuerda perfectamente —dijo Amanda sin dejar de mirarlos.
El silencio era tal que se podía escuchar la respiración agitada de ambos hombres.
—Vi cómo echabas un líquido en su bebida y cómo después se lo ofreciste —sus ojos se clavaron en Miguel, que permanecía inmóvil, con el rostro desencajado y en silencio.
—Sé lo que le hicisteis.
—¡Cállate! —gritó Pablo.
Amanda le miró ladeando la cabeza.
—A mí no me puedes callar como hiciste con ella cuando se despertó. Lo he visto, el resto me lo ha contado Claudia.