—¡No tiene pulso, joder! —gritó Miguel junto al cuerpo sin vida de Pablo.
Amanda permanecía sentada con la mirada perdida.
Brujilla19: ¿Cómo ha podido caerse de las escaleras así? Parecería que alguien le hubiera empujado.
Luiisito: No me jodas que está muerto.
Marianaa_6: Gente, que era un puto violador y un asesino.
—¿El siguiente voy a ser yo? —preguntó Miguel entre lágrimas.
Amanda seguía con el semblante ausente. Solo se limitó a encogerse de hombros.
—Amanda, por favor —rogó.
Esta le miró de soslayo, observando su rostro bañado en lágrimas. Nada quedaba ya en él de aquel hombre que quería mostrarse fuerte frente al mundo. Ahora se asemejaba más a un chiquillo asustado.
—No lo sé, Miguel. Solo siento cosas, lo que me muestran o me dicen. Nada más —guardó silencio unos instantes; Miguel seguía llorando sin consuelo—. Si lo que me pides es que te diga qué tienes que hacer para salvarte, no tengo ni idea —se giró para mirarle de frente y continuó—. Ambos hicisteis algo terrible. Asumirlo y aceptar las consecuencias es lo único que puedes hacer ahora.
Pasaron varios minutos en silencio. Lo único que se escuchaba era el llanto sin consuelo de Miguel. Cuando consiguió calmarse, se apoyó en el viejo baúl, manteniendo las distancias con ella pero, aún así, frente a ella.
Cabizbajo y con la voz rota, comenzó a hablar.
—Cuando conocí a Pablo, lo tuve claro. Quería ser como él. Tenía fama, dinero… todo lo que yo deseaba tener —hizo una pausa para tomar aire—. Automáticamente me convertí en su discípulo, su aprendiz.
Miró a Amanda, quien le escuchaba con atención.
—Primero se le ocurrió lo de montar los directos y hacer creer a la gente que pasaban cosas y en realidad no pasaba nada —dijo con una sonrisa amarga.
Jugueteó con los cordones de sus deportivas antes de continuar.
—Y yo le seguí el juego… igual que aquella noche.
Hizo una mueca de fastidio, golpeó con sus manos su frente y se mordió los labios antes de continuar.
—Claudia era una chica muy simpática y muy guapa. A Pablo le gustaba mucho, pero ella no mostraba mucho interés en él. Era amiga de unos amigos nuestros.
Guardó silencio durante un tiempo.
—Y por eso la drogasteis, en lugar de asumir que ella solo os veía como colegas, ¿no?
Amanda no pudo evitar mostrar su enfado ante lo que escuchaba. El hombre que tenía frente a ella rompió a llorar de nuevo, negando con la cabeza. Le costó unos minutos controlar su llanto antes de continuar con su confesión.
—Amanda, sé que esto lo está viendo mucha gente. Voy a contarlo todo, no voy a intentar salvarme —se frotó los ojos y suspiró—. Pablo no se terminaba de fiar de mí y me puso a prueba. Me dijo que si echaba aquel líquido en la bebida de Claudia estaría mostrando mi lealtad. No me lo pensé, lo hice.
Brujita19: Espero que la policía siga pendiente del directo. Louiss7_0: No me sirve lo que está diciendo. Por mucho que Pablo le dijera, estamos hablando de delitos muy gordos.
Davinia92: Qué fácil es decir todo eso ahora que el otro está muerto. Qué puto asco.
—Y sí, yo fui el primero. Pablo me dijo que, como muestra de que me había ganado su confianza, empezara yo.
Bajó la cabeza, miraba a sus zapatillas.
—Fui rápido, pero eso no me hace menos culpable. Pablo tardó más y Claudia despertó. Estaba atontada, pero entendió la situación. Pidió ayuda, pero Pablo no la dejó hablar. Ya sabes cómo terminó.
La respiración de Amanda era agitada, su mirada estaba clavada en Miguel como dos puñales y apretaba con fuerza sus puños contra el suelo.
—¿Y los amigos de Claudia, dónde estaban? ¿Dónde lo hicisteis? Si me mientes, lo sabré —dijo en un tono que demostraba toda la rabia que estaba conteniendo.
—Claudia se empezó a sentir mal. Así que una de sus amigas le pidió un Uber a su casa. Esperamos un tiempo prudencial para no levantar sospechas y nos marchamos del local. La abordamos en su portal y la montamos en el Jeep. Fue todo el viaje inconsciente.
—¿Dónde fuisteis?
—Pablo conducía, yo había bebido bastante y no recuerdo bien el camino, no sabría llegar, lo juro. Fuimos a una casa de los padres de Pablo en el bosque. Una pequeña urbanización. Ahí pasó todo.
Amanda seguía con sus ojos clavados en Miguel.
—¿Y su cuerpo?
—En el bosque. No muy lejos de esa casa —Miguel rompió a llorar de nuevo—. Te juro que no he vuelto a dormir bien desde entonces, tengo pesadillas… quiero acabar con esto de una vez. Cuando llegue la policía, si me llevan a esa casa, yo mismo les llevaré hasta el cuerpo de Claudia.
—Hazlo, es la única oportunidad que tienes de hacer algo bien.
Ambos quedaron callados durante largo rato, el silencio solo se rompía con los sollozos de Miguel.
Volvió el murmullo de las voces femeninas. Amanda había aprendido a escucharlas, así que cerró los ojos y se concentró ante la mirada atónita de Miguel. Cuando Amanda abrió los ojos, el murmullo cesó.
Le miró, con una mirada inquisidora.
—¿Te arrepientes? —preguntó.
Miguel, entre lágrimas, asintió con la cabeza. Su llanto se hizo más fuerte, se cubrió con las manos la cabeza. Amanda no le perdía de vista ni un segundo. Cuando por fin se relajó, la miró con los ojos anegados en lágrimas.
—Me arrepiento, me arrepiento desde que esa misma noche llegué a mi casa y fui consciente de todo. Lo siento mucho.
Amanda se puso en pie, cogió el manuscrito envuelto en cuero, se dejó envolver por el viento gélido que volvía a hacer presencia en aquel sótano.
La madera de la trampilla crujió mientras se abría. Miguel, al verlo, quiso ponerse en pie, pero Amanda le tocó el hombro y negó con la cabeza.
—Ya queda poco, la policía llegará enseguida. Tú debes esperar aquí.
Amanda buscó en los bolsillos del cuerpo sin vida de Pablo, sacó las llaves del Jeep, subió las escaleras y abandonó el sótano. Volvió a cerrar la trampilla dejando abajo a Miguel, en compañía del baúl lleno de huesos y el cadáver de Pablo. Salió a la calle por la puerta principal. Apoyada en el Jeep, vio a una chica joven, rubia y muy hermosa.