Ha pasado un año desde aquella noche. Cuando la
policía llegó, yo estaba fuera. Les guie hasta el sótano.
Miguel esperó pacientemente. En cuanto los vio bajar,
les ofreció las muñecas para que le esposaran. La
muerte de Pablo se catalogó como un accidente por
caída. Días después de la detención de Miguel, la
policía le llevó a la casa de los padres de Pablo en el
bosque. Recuperaron el cuerpo de Claudia. Su familia
por fin pudo tener un lugar al que llevarle flores.
La policía sacó el baúl con los huesos. Según los estudios realizados, aquellos restos eran de finales del siglo XVII. No hay ningún registro de
que la Inquisición actuara contra mujeres ni en esta
zona ni en esa fecha. Pero hace un par de semanas,
recibí un correo de una historiadora que estaba
investigando a una sociedad secreta que realizó su
particular caza de brujas, secuestrando a mujeres que,
según ellos, tenían relación con el demonio o eran
brujas. El manuscrito y los restos que encontré aquella
noche eran la pieza que le faltaba para terminar el puzle
de su investigación. No tenían nada que ver con la
Inquisición, aunque sus métodos eran muy similares.
Aquellas mujeres del siglo XVII, María Fernández y
Claudia, cuentan la misma historia en épocas distintas.
Quizá por eso «ellas» mediaron para ayudar a Claudia.
No lo sé.Llevo un año aprendiendo a no dudar de mí, ellas
confiaron en mí, por eso me eligieron.
Hace un año que Miguel entró en prisión, le han caído
bastantes años por lo que hicieron con Claudia. Me
llegó una carta de él al poco tiempo de su ingreso, no
he querido leerla, lo único que me interesa es que
cumpla su condena.
Mientras escribo esto, me invade el olor de las flores
que tengo sobre la mesa del bar en el que estoy
tomando café. Las he comprado para «ellas» y para
Claudia.
Voy con frecuencia a dejarles flores, han estado
demasiado tiempo sin que nadie pudiera hacerlo.
Mientras yo viva, seguiré haciéndolo.
A veces, cuando voy allí, me siento a esperar a ver si
las escucho de nuevo.
Pero ahora solo siento paz en aquella casa.