Mientras esperaba a Pablo y a Miguel aquella noche, la canción que sonaba en mis auricu-
lares afirmaba que el tiempo y el olvido son hermanos gemelos.
Hoy sé que no estoy de acuerdo.
El tiempo pasa, las piedras resisten bajo el musgo. Llega un momento en el qye muere la
última persona que conocía nuestro nombre. Pero la hostoria sigue ahí. Olvidada porque
aun nadie ha podido encontarla.
Simplememte permanece, aguardandao hasta que llegue el momento adecuado. Hasta que
la persona adecuada tropiece con ella y rescate una historia que nunca debió ser olvidada.
El tiempo puede ayudar al olvido, pero no siempre puede vencer a la memoria. A veces solo
hace falta que alguien aparte el musgo con las manos. El Jepp negro se detuvo frente a mí.
Subí sin tener ni idea de lo qye me esperaba aquella noche. De la historia que llevaba siglos
esperando que alguien la escuchara.
Y esa persona, sin saberlo , era yo. Esta es la historia de una flores que tardaron demasiado en llegar.