En el Blanco Perfecto.

CAP 1.| Cálida mañana de 2014.

Siempre tuve claro lo que quería. El problema era el caos que eso formaba.

Desde pequeña: mente clara, objetivos específicos y obvio tenia claro lo que quería. Contaba con el apoyo de mi familia. Siempre había un obstáculo, en este caso... Mi madre. La amaba, obvio que sí. Pero a mis sueños y metas también.

Y ya lo dije, mente clara, objetivos específicos. Que les digo. Terca es la palabra correcta.

— ¡Alessandra, hora de irnos!— gritó mi padre por segunda vez.

— ¡YA VOOY!— tomé mi mochila y baje las increíblemente gigantescas escaleras corriendo.

— ¡Buenos días, Nonna!— saludé al pasar corriendo por la cocina a la ama de casa. Esta me sonrió como de costumbre.

— ¡Buenos días, Srta! Su desayuno lo lleva su padre.— Asentí y corrí al auto.

— ¡GRACIAS NONNA! Feliz díaa. Uff, vaya maratón hice. —dije al entrar al auto, Papá ya riendo.

— El cinturón. ¿Lista, pequeña saltamontes? — Asentí. Ir al colegio no era de mis actividades favoritas, pero hoy era un gran día. Y no por el colegio, obvio.

Una de las academias que tanto espere, por la que tanto luche, entrene y me prepare tendría las pruebas hoy. Sinceramente los moretones eran dolorosos —obvio si—pero valiosos. Eran parte de mí. Del proceso, de los dias incontables que espere para esto. Sin duda, tenía que valer la pena.

De camino el celular de papá sonó, me lo tendió al ver que era mamá y contesté.

—Hola, Ma...

—Dejas a la niña en el colegio— su voz no era la misma de siempre, era furiosa y llena de ira—. Y venís a firmar. ¡Nos divorciamos hoy!

El celular cayó de mis manos apenas termino de hablar. Las lagrimas salían sin control. Mi mamá... se estaba separando. Y yo... YO no podía hacer nada para detenerlo.

—¿QUÉ? —Papá tomó el celular.

— ¡¿Se puede saber que dijiste para que la niña dejara caer el móvil así?! — Dijo él está vez furioso. Lo vi palidecerse y mirarme de soslayo.

Yo no quería nada, no tenia ganas de nada. Ni siquiera quería ir a la prueba de la academia que tanto ansiaba. NADA.

—Vale. —Colgó. Yo lloraba sin parar. Papá detuvo el auto y me abrazó , lo escuchaba sollozar y aun así intentaba mantenerse firme.— Estaremos bien— acariciaba mi cabello—.Lo estaremos, mi pequeña saltamontes. Lo prometo.

Y creí en el. Porque siempre cumplía sus promesas.




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