En el lugar de los hechos

CAPÍTULO XIII

Algo había cambiado y no sabía si para bien o para mal. ¿Acaso la aparición de Valentín Thompson traía soluciones y alivio, o solo significaba más problemas?

Caminó de regreso a casa con una idea fija: tenía que decírselo a alguien. El pueblo ahora tenía un testigo y eso podía cambiarlo todo. Pero, ¿a quién recurres cuando todo se desmorona? A veces se necesita un confidente, alguien a quien soltarle todas las palabras que llevas atoradas en la garganta: los miedos, las culpas y el peso de un enigma que parece que jamás se resolverá.

Necesitaba a Lili. ¿Acaso no eran amigas? Amber quería exponer sus dudas ante ella, pero el recuerdo de lo sucedido un año atrás la frenaba. Se cuestionó si de verdad podía volver a confiar o si todo terminaría igual.

A su madre, Agnes, no podía decirle nada. Sabía que Agnes actuaría como el adulto responsable que era y tomaría medidas que Amber no iba a aceptar; medidas que la alejarían de todo y le quitarían la oportunidad de resolver sus dudas para estar en paz. ¿Y Benjamín? Él tampoco era una opción. No después de que las palabras y las peleas se perdieran entre caricias y besos que todavía sentía grabados en la piel. Por descarte, la opción más lógica era Lili.

Aun así, la duda persistía. Le aterraba que el pasado se repitiera. Que le confiara algo importante para ella, para el caso, y Lili volviera a hacer lo mismo de siempre: minimizarlo, desacreditarlo, mirar para otro lado.

Había ocurrido en la secundaria. Amber vio una escena extraña entre Diego, el entonces novio de Lili, y Elena, su hermana. No fue algo que pudiera explicar con claridad, pero supo, en el instante en que los vio, que había algo perturbador ahí. Algo que no estaba bien.

Cuando se lo contó, Lili no le creyó. Dijo que Diego no era capaz de algo así, que seguro estaban discutiendo y que Amber había malinterpretado la situación. Le advirtió que no era asunto suyo y que no debía entrometerse.

Amber insistió, y ahí fue cuando todo empezó a romperse.

Con el tiempo, Lili salió lastimada. Nunca dijo cómo ni cuándo, ni pidió ayuda. Pero Amber había tenido razón y Lili no supo qué hacer con eso. Aceptarlo implicaba asumir que había sido ciega, que defendió a la persona equivocada y que apartó a la única que intentó advertirla. Lo que más le dolió a Amber no fue solo eso, sino que después de todo, Lili lo eligiera a él. Volvió con Diego. Lo justificó y se convenció de que Amber había exagerado, decidiendo seguir adelante como si nada hubiera pasado.

Desde entonces, la distancia se volvió inevitable. Lili nunca se lo perdonó del todo; Amber, tampoco. Luego vino la muerte del señor Evans, y lo poco que quedaba de esa amistad terminó de resquebrajarse.

Aun así, al llegar a casa, la llamó y le pidió que fuera; debían hablar de algo urgente. Y Lili fue, a pesar de que la última vez terminaron en la estación de policía por culpa de los impulsos de Amber.

Cuando terminó de contarle lo de Valentín, Lili respondió con ese tono que Amber tanto temía:

—¿Estás segura? ¿Eso fue lo que te dijo exactamente?

—Sí, estoy segura —replicó Amber, apretando los labios con fuerza—. ¿En serio vas a hacer esto otra vez? No cuestiones algo de lo que estoy segura.

—Bien, solo quería confirmar —dijo Lili, desviando la mirada—. Pero Amber... te conviene quedarte lejos de esto. No es sano, y menos después de lo que pasó aquella noche.

—¿Acaso tú no quieres saber la verdad? —soltó Amber, buscando sus ojos.

Lili la miró fijamente, con una frialdad que le heló la sangre.

—¿Y si la verdad es lo que todos piensan? ¿Y si es cierto? ¿Y si mataste a James y Valentín te vio? Quizás tu mente bloqueó el trauma para no lidiar con el hecho de que eres una asesina. Si es así, ¿qué vas a hacer?

—Tú me conoces mejor que nadie —dijo Amber—. ¿Crees que sería capaz de matar a alguien? ¿Y por qué a James? Él estaba de mi lado; quería saber sobre su padre tanto como yo quería saber sobre el mío. Y si, yo aporté con información, y fue con lo que averigüé de Hurton. Y respecto a mi cabeza... puede que esté afectada desde antes. Fui al médico el otro día; encontró una cicatriz y mamá dice que me la hice cuando desaparecí de niña.

Lili no pareció sorprendida.

—Lo sé. Cuando aún recordabas todo, nos lo dijiste. De hecho, fue un día que nos juntamos en la cafetería con James y nos mostraste algunas notas de tu diario, ese que estaba forrado de verde menta. Dijiste que ocurrió cuando eras pequeña y que tu caso no fue el único. Hubo un año en que varios niños de esas edades desaparecían en el pueblo o enfermaban, y luego volvían de la nada. Fue extraño, pero enseguida ustedes lo asociaron con lo de sus padres, con la fábrica y todo lo demás.

—El padre de James trabajaba ahí o debió... —murmuró Amber, más para sí misma que para Lili—. ¿Y si nos llevaban a ese lugar? Pero ¿por qué querrían llevar niños o adultos a una fábrica textil?

Lili respondió de inmediato, aunque Amber creyó que no la estaba escuchando.

—No lo sé. Es justo lo que se les cruzó por la cabeza en ese momento y por eso terminamos en aquel sitio.

—¿Dices que esa noche fuimos a la fábrica los tres? —preguntó Amber, sintiendo un escalofrío.

—Sí, pero no sucedió exactamente así. James me llamó por teléfono para decirme que iría esa noche; quería entrar en esa fábrica que ya hace tiempo dejó de funcionar y que, si no fuera por unas columnas, se caería a pedazos. El lugar está en ruinas, pero él pensó que podría encontrar alguna grabación, algún papel, rescatar algo. A ti también te llamó. En realidad, nos llamó a las dos para avisar que iría solo; era un tema que él debía resolver. Yo salí de casa en cuanto me enteré y logré alcanzarlo. En cambio tú... tú tuviste la grandiosa idea de decírselo a un adulto, a quien confiabas después de tu mamá, a Benjamín.

Amber frunció el ceño, confundida.

—¿Por qué le diría a Benjamín?

—Porque lo amas, Amber —soltó Lili con una crudeza que la dejó sin aliento—. Porque te enamoraste de ese hombre. Él también lo está de ti, y cuando intervino, todos acabamos en el mismo lugar. Pero ahora, ya nada de eso importa. James está muerto. Murió antes de conocer lo que pasó en esa fábrica; murió intentando escapar y todo nos regresó al principio: a ti corriendo detrás de Benjamín cada vez que puedes, acosando al señor Hurton con sus reportes y descubrimientos, y tus hipótesis que no puedes sostener porque siempre te falta algo. Así que ahora, dime Amber, ¿vale la pena volver a arriesgarse para saber lo que sucede?




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