—No mires —dijo Lili, bajándose la manga de la sudadera que se le había subido por accidente.
Pero Amber le sostuvo el brazo con firmeza. Sus dedos se hundieron en la tela, sintiendo la resistencia de su amiga.
—¿Qué te pasó? ¿Fue Diego? —insistió.
—No es nada. No, no vine por eso.
—Entonces dime a qué viniste. Pensé que era por mi madre.
Lili le sostuvo la mirada unos segundos. Tragó saliva.
—Sí, era para saber sobre la señora Agnes, pero también para hablar de algo que te compete. Sobre algo en lo que no te mentí… pero que tampoco te conté del todo.
Amber frunció el ceño. Sintió una punzada de alerta en el estómago.
—¿Sobre qué?
Lili volvió a tragar saliva, como si las palabras le rasparan la garganta.
—Sobre esa noche. Sobre James.
—Ya sé lo que pasó. Todos se separaron. Vos llamaste a Diego. Te fuiste. No estabas cuando lo mataron.
Lili negó despacio, con los ojos fijos, puestos en las baldosas del piso.
—No fue tan así. Omití una parte —Hizo una pausa, tomando su tiempo para inhalar y exhalar. Quería mantener la calma—. Cuando todos empezaron a correr… cuando esa cosa apareció… yo me separé del grupo. Eso es verdad. Te perdí de vista. A todos. Hasta ahí, mi versión sigue siendo la misma.
Amber no dijo nada. La escuchó sin interrumpir.
—Pero James me encontró.
Ahí cambió todo lo que Amber había creído. Lili comenzó a mover las manos más rápido para acompañar su explicación, como si estuviera apurada por soltarlo. Incluso sus palabras parecían ir al mismo ritmo con estas cuando salían de su boca.
—¿Qué?
—Me encontró en la avenida. Yo ya había llamado a Diego. Estábamos esperando que llegara. Bueno, estaba. Pero luego terminamos siendo dos quienes esperaban.
Amber sintió que se le cerraba el pecho. Apretó los puños con fuerza sobre sus muslos, tratando de contenerse para no estallar.
—Nunca me dijiste que estabas con él. ¿Por qué?
—Porque si te lo decía… —la voz le tembló, rompiéndose—. Tenía que decirte todo.
Hubo silencio por un momento. Un silencio que dolía.
—James quería volver. Quería buscarte —continuó Lili—. Decía que no se iría sin ti. Que todos debíamos regresar sanos y salvos. Pero no sabía si estabas bien ni en dónde.
Amber bajó la mirada un segundo. Giró el rostro hacia el pasillo, evitando los ojos de Lili, mientras su pierna se movía rítmicamente.
—Pero no volvió —respondió Amber, confirmando lo obvio.
—No pudo. Lo intentó. Él quería…
La respiración de Lili empezó a acelerarse, volviéndose errática.
—Diego llegó… justo en ese momento. Nos vio a los dos. Y lo malinterpretó todo. Como siempre. Siempre fue así. Nunca lo entendí.
—¿Celos?
Lili asintió.
—Pensó que había algo entre nosotros. Los celos siempre estuvieron ahí. Pensó que yo le estaba mintiendo. Empezaron a discutir. Fuerte. James no se quedó callado. Lo enfrentó. Se enfrentaron.
—¿Y? —Amber se impacientaba. Lili volvía a repetir cosas sin importancia y eso evitaba que siguiera relatando lo ocurrido.
—James todavía tenía ese pedazo de metal oxidado que había sacado de la fábrica. Lo tenía porque quería usarlo contra… eso. Era lo que había usado para golpear a la cosa. Una criatura quizás… no lo sé, y así poder escapar. Pero Diego se lo quitó y lo golpeó. Lo golpeó tanto…
Amber no podía oír más, pero se resistió. Necesitaba conocer el final de la historia.
—En la cabeza —continuó Lili, y se llevó la mano a la boca. Cada vez que escarbaba más en el recuerdo, era como una bomba a punto de colisionar—. Fue fuerte. Cayó al suelo.
Silencio de nuevo.
—Pero estaba vivo —susurró—. Amber, estaba vivo. Te lo juro por mi vida.
—¿Y después? —espetó cortante, con una mano en el pecho. Lo frotaba con desesperación, como si el corazón le doliera físicamente.
—Diego lo levantó.
—¿Lo subió al auto?
—No.
Lili negó con la cabeza, con los ojos empañados.
—Lo cargó a pie. Lo arrastró más lejos. Hacia la parte más oscura de la avenida, donde casi no hay luz. Donde luego murió. O no del todo. Ahí donde el oficial me dijo, y seguro que a ti también, que había rastros de sangre… y que alguien volvió a moverlo para llevarlo al bosque.
—¿Por qué?
—Dijo que no iba a dejarlo ahí donde lo había molido a golpes. Que si lo encontraban donde estábamos, lo iban a culpar. Que solo lo iba a dejar por aquellos lados, que iba a estar bien. Me prometió que iba a estar bien…
—¿Y vos le creíste, Lili? —Su voz salió cargada de un veneno amargo—. Diego ya tenía intenciones de matarlo y tú estabas siendo parte de eso. ¿Cómo alguien puede ser tan cruel? ¿Cómo puede dormir con la conciencia tranquila después de dejar a una persona indefensa en un sitio donde pasaba de todo?
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Editado: 14.03.2026