Los dos estaban sentados en el muelle, con el cuerpo inclinado hacia atrás y las palmas de sus manos soportando su peso. Sus pies desnudos descansaban en el agua fría, moviéndose lentamente de un lado a otro. La noche estaba tranquila e ideal. Los acompañaban el sonido constante de los grillos, algunos mosquitos zumbando cerca del oído, la luna redonda reflejada sobre la superficie oscura del lago. Incluso la vibración de sus estómagos reclamando comida se hacía notar.
Lincoln había improvisado algo rápido en la cocina antes de dar comienzo a su profunda charla nocturna e íntima. La había dejado sola por algunas horas y luego había regresado con dos bandejas que reposaban entre ambos: fideos con queso, tomate, orégano y huevos. No era gran cosa. Solo lo que había y lo que pudo preparar en poco tiempo.
Amber tenía hambre. No había comido casi nada en todo el día, y mucho menos después de todo lo que había sucedido. Por lo que tomó el tenedor y comenzó a comer, aunque su mirada seguía perdida en el lago. Sin cuchillo, sin amenazas, pero en alerta por si se presentaba alguna situación. Más allá de eso, eran solo ella, Lincoln y la comida caliente que devoraban casi sin darse cuenta.
Lincoln comía. Pero no lo hacía con desesperación, sino con una calma casi despreocupada, como si se tratara más de una costumbre o de una rutina. Porque en el fondo, él sabía que no lo necesitaba realmente.
Por momentos, el apetito de Amber se cerraba. Pensaba en su madre, en lo lejos que estaba de ella, en cómo había encontrado la casa la última vez que la vio. No se permitía librarse de la culpa, ni mucho menos alejarse del pensamiento de que cada vez que buscaba la verdad, terminaba arrastrando a alguien con ella; siempre había alguien que pagaba las consecuencias.
El recuerdo le revolvía el estómago.
Lincoln pareció notarlo. Habló de repente, rompiendo el silencio.
—Benjamín odia lo que es —lo dijo como si no fuera novedad—. Bueno… en realidad odia su parte humana.
Amber dejó de mover el tenedor.
—¿Parte humana? —preguntó, girando apenas la cabeza hacia él.
Lincoln se encogió de hombros.
—Como mencioné antes: somos diferentes. Y seguramente te estarás preguntando por qué.
Hizo una pausa para comer. Se llevó un bocado de fideos a la boca, pero apenas tocaron sus labios, los escupió de vuelta al plato. Sacudió la cabeza, irritado por su propio descuido al pensar que ya se habían enfriado. Esperó unos segundos, observando el vapor que aún subía del plato, y sopló la cuchara un par de veces antes de intentarlo otra vez.
Amber lo observó en silencio.
—¿Cómo matan? —preguntó curiosa.
Lincoln alzó una ceja.
—No matamos. Nos alimentamos.
—No veo la diferencia —respondió Amber—. Sigue siendo lo mismo. Quitan vidas. Matan personas.
—Nos alimentamos —corrigió él con insistencia. Tomó otro bocado y siguió aclarando—. Es como si… les quitáramos el alma. El cuerpo, después de eso, se va deteriorando lentamente. Sigue su proceso natural de descomposición.
Se quedó mirando el agua unos segundos, disociando, o quizás solo pensando. Luego, volvió a reaccionar.
—Pero a lo que voy es que se supone que así somos. O que deberíamos serlo. Conmigo y Benjamín… no funciona exactamente así —Señaló con el tenedor entre ambos.
Amber frunció el ceño.
—¿Qué quieres decir?
Lincoln apoyó el plato a su lado.
—Quizás, durante ese proceso, tomamos algo más que el cuerpo. Podríamos estar absorbiendo parte de lo que era esa persona.
Amber lo miró fijamente.
—¿Me estás diciendo que Benjamín no es Benjamín?
—Exacto.
—¿Y tú?
Lincoln sonrió apenas divertido.
—Yo tampoco soy yo.
Amber soltó el tenedor.
—¿Cómo?
—La criatura toma a una persona —expuso ayudándose con los cubiertos—. Pero a veces… la persona resulta más fuerte de lo que debería.
Suspiró encogiéndose de hombros.
—No sé exactamente cómo funciona. Nadie lo sabe del todo. Pero supongamos que sucede algo así. Y a decir verdad, tampoco conozco demasiado sobre la vida que tuvo Benjamín antes de todo esto. Pero sí conozco al que intenta ser ahora. Y digamos que carga con un pasado bastante pesado.
Amber bajó la mirada hacia su plato.
—Me habría gustado conocer al verdadero Benjamín… o todas estas versiones que logró ocultar.
Hubo un pequeño silencio.
El agua del lago se movía suavemente contra la madera del muelle.
—Pero entonces… —dijo Amber—. ¿Qué pasa con los vínculos? ¿La familia? ¿La lealtad? ¿Por qué siente que le debe demasiado a su abuelo, si el Benjamín viejo ya murió?
Lincoln soltó una pequeña risa.
—Pues resulta que la vida que toma la criatura sigue siendo la vida a la que queda atada. Es por eso que quiere y sigue intentando cortarlo todo de raíz. Mientras siga atado a la vida que tomó de esa persona, siempre va a haber una responsabilidad o una lealtad que deba cumplir. Y lo mejor que puede hacer es… deshacerse de ella. Pero eso no quiere decir que sea tan fácil.
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Editado: 25.03.2026