Estela
El insomnio me mantiene inquieta; primero por esa extraña ilusión de la mujer, y segundo, ese grito… <<¡Estela!>> Porque no me termina de cuadrar algo en esto. <<Jimena sobrepaso el límite.>> ¿Jimena?
Resople frustrada, pasándome las manos por el rostro y la adolorida garganta. Me estremecí al rememorar la sensación del ahogamiento. Por poco, muero. <<Cariño.>> O, puede que, si haya muerto, aunque no del todo. <<Debes buscar la verdad.>> <<Recuerda quién eres.>> <<Esto acaba de empezar.>> Siento que se unen las frases entre sí, pero no encuentro las respuestas que necesito para aclarar este extraño asunto… A menos…
Puede sonar descabellado, pero tal vez…solo tal vez… Una situación difícil, no obstante, si tomamos en cuenta el poder que tiene aquella persona que me busca, la situación no se tornaría imposible.
No. Solo estoy sobre pensando en cosas incoherentes… <<Eli, debes recordar.>> <<Es un hombre sin piedad.>> …para situaciones inherentes.
Palpé el pequeño mueble de a lado, abrí el primer cajón, luego el segundo. Nada. Bueno, de todas formas, no creo que mi celular funcione si es que logro salir del agua.
Un leve estornudo de Rubí me espanto. Después al unisonó estornudo Axel y Cris. Espero no se resfríen con esa ropa mojada. Con cuidado me levante de la cama, haciendo el menor ruido posible. Husmeé a los alrededores para finalmente robar tres mantas y colar una a cada uno.
Una oleada, mezcla de terror y ansiedad me invadió al verlos tan calmados. Siento que corrompo su mundo de tranquilidad y más con lo que creo estoy a punto de descubrir. <<Recuerda quién eres.>> De acuerdo, voy a sumergirme en lo que supongo es la primera pista a la respuesta de aquella pregunta.
Siendo cautelosa comencé a deslizar el celular de Cristian por el bolsillo de su pantalón, en cuanto empezó a abrir los ojos lo saqué por completo y escondí en su espalda antes de sentarme en sus piernas y rodearle el cuello, de ese modo, seguía ocultando el aparato.
—Estela…
—Shh. Vas a despertar a los demás.
—¿Cómo te sientes?
Con la mano libre le acaricie la mejilla—. Estoy bien. —Recargue su cabeza en el espacio entre mi cuello y hombro. Él, aun soñoliento me acaricio los brazos, la cintura, las piernas; todo lugar al alcance de sus manos. Me beso el cuello, la clavícula. Los toques son cálidos, tiernos, incluso lujuriosos, pero en esta ocasión puedo percibir algo más.
—Lo siento…—murmuró y acurruco—. Nunca supuse que haría algo así—resoplo, un claro signo de enojo—. Maldición. —Otra señal de ese estado de ánimo—. Te juro que no se te volverá a acercar. La voy a demandar. Conseguiré una orden de restricción para ambos y
—Ya. Ya—interrumpí—. Deja tus planes malévolos para después.
Gruño—. ¿Crees que soy malvado?
No conteste de manera directa al recordar su semblante en cuanto me juro matar a todo aquel que me lastimara—. Creo, que todos lo somos. Buenos y malos, solo la sociedad se encarga de sacar a relucir cualquiera de las dos partes.
—Mentir—meditó la palabra unos instantes—. Soy un mentiroso. Eso es malo.
Aunque no me lo diga, sé que está teniendo una batalla con sus pensamientos—. Supongo que es malo dependiendo el por qué lo haces. —Me abrazo con mayor fuerza, aun así, no me contuve a preguntar—. ¿Por qué mientes Cris?
Su silencio fue suficiente para conocer el sufrimiento que termino por afirmar en voz baja—. Pensé que protegía del dolor a otros, pero, ahora esta mentira está dañándote.
Respire profundamente antes de formular—. ¿Qué pasaría si me dices la verdad?
—No estoy seguro. ¿Qué precio tiene la libertad?
Conteste con la única palabra que yo misma conocía—. Dolor. —Suspiro, cansado y cuando finalmente cedió ante el sueño de nuevo, lo bese en los labios—. Todo conlleva dolor, pero no te dejare flaquear. —Me levante, sosteniendo el celular con toda la voluntad posible. Prendí el aparato, fui directo a contactos y marqué a la persona que jamás creí necesitar. Luego del segundo torno, contestó:
—Cristian—resoplo—. ¿Sabes la hora que es?
—Lamento llamar tan tarde, Sebastián.
—¿Rais? —cuestionó, confundido.
—Si.
—¿Dónde está Cristian? —preguntó a la defensiva.
—Durmiendo.
Guardo silencio unos segundos, analizando la situación—. ¿Cuál es la razón de tu llamada? Porque me imagino debe ser a espaldas de Cristian.
—¿Cómo esta Jimena? —Fui directa, ignorando las insinuaciones.
—Me sorprende que preguntes por el bienestar de quien intento matarte.
—Tú, ¿piensas que de verdad así fue? —inquirí. Según mis conjeturas, Jimena debió hablar con alguien de confianza. ¿Qué mejor que un amigo de la infancia?
—No—respondió finalmente—. Pero, ¿qué te hace tener esas sospechas?
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Editado: 18.01.2026