Estela
—¿Qué haces afuera de tu cama?
Voltee—. Daniel, ¿no ibas a recoger al padre de Cris?
Arrugo la nariz—. Hola a ti también, me alegro de que estes bien. Y, contestando la pregunta, solo fue Armando. A ese hombre le asquea vernos juntos.
—¿Por qué?
—Es parte de los pensamientos…umm—hizo una mueca—, anticuados. Por no decir, estúpidos.
Por eso ellos dos no han iniciado una relación, por culpa de Adler. En serio, ¿ese hombre tiene tanto poder como para manipular a su familia?
—¿Dónde están los otros?
Entonces por fin me percate de las bolsas que traía. Sin pensarlo sujete una, ayudando a cargarlas antes de visualizar el contenido—. Ropa—sonreí—, gracias a ti ya no sufrirán de frio. —Comencé a caminar—. Sígueme.
—¿A quién llamaste?
—A Diana, quería saber cómo estaba. Ella suele alterarse mucho con este tipo de cosas—dije una mentira a medias.
Frunció el ceño, sospechando—. ¿Por qué no lo hiciste dentro del cuarto?
—No quería despertar a nadie. —Cuando estuvo a punto de soltar otra pregunta me apresure a aplaudir en la habitación—. ¡Arriba! ¡Arriba! —Los tres comenzaron a abrir los ojos—. Es hora de que se cambien.
Necesito estar segura de la situación o pensaran que estas hipótesis son solo parte de mi cabeza. Pensar que mis sueños tienen algo de realidad. Que una mujer me visita en ellos y obliga a ver cosas aterradoras. A no ser quién he sido toda la vida. Y ahora, que una persona con mascara de conejo me arrojo del barco. Todo suena tonto y a la vez…, aterrador.
Después de que se cambiaran nos regresamos a la casa de Cris, donde Daniel le otorgo su habitación a Rubí y la de Armando a Axel. En nuestra habitación deje que Cristian se acurrucara como un niño en mis brazos, aún podía sentir la brisa de miedo en todo su ser, ni siquiera parecía consciente de ser vulnerable en ese momento. Me despedí con un beso y dispuse a bajar las escaleras, para luego dirigirme a la sala, encontrando a Dani dormido en el sofá.
—Dani—llame, pero sus ronquidos hicieron parecer mi voz como un murmullo—. Dani. —Empuje un poco, sin respuesta—. Mierda Daniel—masculle al agitar todo su cuerpo. Resople—. Lo siento. —Levante la mano—. No me dejas opción—solté una cachetada que de inmediato surgió efecto.
—¡¿Qué demonios?!
—Shh—interrumpí—. Calla y escúchame. —Obedeció con el ceño fruncido mientras se sobaba el golpe—. Necesito que me lleves a la casa de Diana en el centro de Viena.
—Con gusto. —Se acobijo—. Mañana en la mañana te llevo.
Jale su manta—. Debo ir ahora, por favor.
Se sentó a fulminarme con la mirada—. ¿Al menos me dirás el motivo?
Asentí—. Lo haré en el camino. —Le pase los tenis—. Date prisa en silencio.
—¿Cristian no va a venir?
—No. —Me negué a dar más detalles dentro de la casa.
***
—¿Qué estas tramando? —preguntó sin despegar la vista de la carretera—. Estás muy misteriosa.
Suspiré, tanto cansancio mental me impidió mentir—. Creo que Jimena es inocente, por eso voy a interrogarla a casa de Diana. Gira a la derecha—señale—, luego toma el carril contrario y llegaremos.
—¿Por qué no le dijiste a Cristian? —regreso al tema.
Reí—. El malvado ya estaba haciendo planes para ponerle una orden de restricción.
Sonrió—. Vaya. Si que es demasiado impulsivo cuando está contigo. Y, ¿Por qué piensas que no fue ella?
Mi mente se vio sumergida en el momento exacto en el que un rostro distorsionado por el agua me veía desde el barco, ladeando la cabeza, ocasionando que sus largas orejas se movieran—. Si te lo digo, pensaras que estoy loca. Incluso, siento que lo estoy. —Me aferre al asintió—. Por eso, primero quiero investigar.
Pude percibir una leve mirada pensativa—. Está bien—apoyo—. Solo recuerda que todos somos parte de este asunto. —Lo mire—. Hemos estado investigado por nuestra cuenta, la identidad de aquel hombre que menciona la última vez tu madre.
—Lo siento, de seguro Park se los pidió…
—Si—interrumpió—. Aunque, también lo hacemos porque eres parte de la familia.
Inevitablemente los ojos se me cristalizaron. Familia, el termino que anhele toda la vida lo encontré en personas que jamás imagine. De tan solo pensar la manera en que me han tratado todo este tiempo, me provoca un cosquilleo de felicidad en el corazón.
—Confía en tu familia, Estela.
Me limpie el rastro de las lágrimas al ver la entrada de la casa. Recupere la compostura. Como buen miembro de esta familia; voy a protegerlos sin importar el costo—. Gracias, Daniel. —Él sonrió satisfecho mientras estacionaba el coche.
Respire hondo al acercarme a la enorme casa color purpura, dejando atrás el caminito cuidado de piedras y flores preciosas. Además, la decoración tenue de las luces en los balcones junto a las caras cortinas de seda beige hace que el aspecto sea
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Editado: 18.01.2026