En el nombre del amor; cicatrices

Capitulo 28

Estela

El pánico incrementa a cada segundo que seguimos dentro del auto, esperando encontrar una salida en medio de las incontables armas apuntándonos en la cabeza.

—El auto…—murmura Daniel—, no soportara…

¿Esto es todo? ¿Arrastrare conmigo a Axel y Daniel? Comencé a hiperventilar ante el pensamiento. Van a morir. Vamos a morir.

—No van a disparar—dijo Axel, mostrando el dedo de en medio a la mujer que le apunta. ¿Cómo puede seguir siendo engreído en esta situación?

—¿Por qué dices eso? —cuestionó Dani sin mover ni un músculo.

—Esteban no es la clase de maniaco que termina sus asuntos con un par de balas en el cráneo.

—Esteban…—susurre entre labios temerosos—…, ese es su nombre…—De la persona que quiere matarme. Omití cuando un escalofrió me recorrió de pies a cabeza al escuchar el motor del auto rugir en su máxima potencia—. ¿Qué haces?

Se acomodo en su asiento—. Puedo arroyar a algunos. —Su mirada se tornó feroz—. Puedo sacarlos de aquí.

Negue—. Son demasiados, no funcionara.

Presiono las manos sobre el volante—. Agárrense.

Cuando estuve a punto de gritarle y él de arrancar un sonido nos aturdió al grado de paralizarnos. Antes de que pudiera hablar un segundo disparo partió el cielo, seguido de un tercero, llamando nuestra atención hacia el frente donde las personas abrían paso; sin embargo, no fue para dejarnos ir.

Mi ansiedad subió al máximo, provocándome nauseas al verla sollozando, con el cabello desaliñado, la ropa rasgada, atada de manos en la espalda y con cinta en la boca—. Diana…—En cuanto sus ojos azules encontraron los míos se retorció contra la persona de espaldas que la sujetaba. Sentí el miedo apoderarse de cada una de mis células.

Aturdidos regresamos la vista a los golpes de la ventana—. Salgan—ordenó la mujer, aun con el arma en la mano.

—Estela—llamaron a la vez, pidiendo cosas diferentes en su interior, aunque yo tenia la misma idea que Axel. Salvarla—. Dani—hable sin quitar la vista de la mujer—. Nos quieren a nosotros. Vete. Arranca en cuanto estemos a fuera.

Soltó una risa nerviosa—. No sigo ordenes, ¿recuerdas?

—¡Daniel! —grite.

—¡Rápido! —exigió, disparando en la esquina del vidrio que, en efecto, no soporto ni dos balas antes de partirse en pedazos. Los dientes me crujieron debido al temblor del fuerte impacto—. No lo volveré a repetir.

Los tres abrimos la puerta despacio, en silencio. Mientras yo mantenía los ojos en el suelo, pues temía cruzar mirada con la mujer y recibir la bala justo en la frente. De pronto un hombre empezó a reír de forma escandalosa al acercarse a mí—. ¿Creíste que te habías librado de nosotros? —Intente retroceder, pero este me atrapo la muñeca, jalándome hacia él—. ¡Sigues siendo la misma tonta de antes! ¡La misma débil de hace años! —Me arrojo al piso. Los chicos fueron retenidos al querer intervenir. Jadee—. Dime algo. —Se agacho.—. ¿Por fin recuerdas? — Le fruncí el ceño. Se quito los lentes oscuros, permitiendo ver una cicatriz que le atraviesa el ojo. Posiblemente perdido debido al grotesco corte. Las nauseas se intensificaron junto al calentamiento de mi cuerpo—. ¡¿Recuerdas como nos jodiste

a todos?! —La cabeza comenzó a punzarme—. Acuérdate de cómo esta mano—apretó mi mano derecha—, sujeto un cuchillo. —Inhale de manera brusca—. Y lo utilizo para—me forzó a tocarle la cara, trazando la línea fina de su piel—quitarme la vista. —Unas imágenes como ese día en que salí a buscar a Park me vinieron a la cabeza; fuego, sangre, vidrio, humo, sangre, mucha sangre, y finalmente un grito terrible de dolor de un hombre que se sujetaba la cara con ambas manos mientras sangré le goteaba del…ojo…—. ¡Tú, nos condenaste!

—¡NO! —Negue—. ¡NO, NO, NO! —repetí a la par de que las imágenes se distorsionaban—. No, no. —Todo comenzó a dar vuelvas—…No…—hasta que se volvio oscuro.

***

—¡Sueltame!

—Acaso, ¿no los quieres salvar? Niña egoísta. —Me reprende al arrastrarme de vuelta a la habitación de la que tanto me costo salir.

—¿Suéltame! —llore—. ¡Son unos malditos! Solo me lastiman.

Volteo a callarme con una cachetada, aumentando mi llanto—. Solo son un par de cicatrices. —Me hizo ver de nuevo mis brazos—. Solo cicatrices físicas. ¡Deja de quejarte, carajo! ¡No sufres nada en comparación a nosotros! —Me estrujo la muñeca. —Nada—recalco.

Recuerdo haber estado harta, tan harta de verme los brazos llenos de hematomas, de sufrir tanto dolor incluso al intentar levantarlos, pero, sobre todo, recuerdo el odio que le tenia a esas personas por haberme corrompido desde muy pequeña.

No sé cómo es que olvide aquellas memorias, ni si quiero recobrarlas, no obstante, los sentimientos siempre son más intensos, por ello, más difíciles de olvidar.

***

Me removí aún incomoda por la sensación de vértigo. Tosi, conteniendo una arcada al incorporarme de la pierna de Axel—. ¿Cómo te sientes? —preguntó ansioso, removiéndose al tener las manos atadas.

—¿Recordar duele, ¿cierto? —cuestionó el mismo hombre—. ¿Qué tanto recuperaste de ese inútil cerebro?




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