En el nombre del amor; cicatrices

Capitulo 30

Estela

Los pasillos resultaban confusos a cada paso. Tuvimos que ir tocando los espejos para encontrar el verdadero espacio entre ellos y pasar, tropezando con algunos—. ¿Por qué nos encerraria aquí?

—Te lo dije. Ese hombre no es de terminar las cosas de la manera más simple—contestó Axel—. Es de jugar con tu mente. A veces el daño físico no es el peor de todos.

Tenía razón. Muy dentro de mí lo sabia a pesar de querer negarlo. Estas personas me han hecho mucho daño que no recuerdo por completo, pero a medida que recupero mis memorias algo cambia. Yo cambio; a veces soy tan insensible o asustadiza con solo verlos. Tengo cicatrices internas que empiezo a descubrir.

Cuando uno se corta en la piel, puede tratar la herida, cuidarla contra una infección para que no empeore y finalmente esta sane. Quizá quede una pequeña cicatriz, no obstante, eso no aplica para mí. Yo no veo esas heridas, por más que sean profundas, por más que duelan y esten abiertas. No puedo darles el tratamiento adecuado para sanar.

Avanzamos más deprisa—. ¿Qué quieren de mí?

Axel reviso un pasillo antes de hacernos la señal para seguir—. Te voy a decir lo que sé, aunque pienso que primero debemos salir de aquí, ¿no crees?

—¡No hay tiempo Axel! —evite levantar la voz.

Élse detuvo un momento solo para golpearme la frente—. Ya lo sé, hermanita. Por eso tenemos que largarnos. Ahora, se buena y obedece o Cristian podría estar en peligro.

—¿Qué?

—¿Lo dices por la foto? —completo Daniel.

—¿Foto?

—Nos tomaron una foto mientras estabas inconciente—explico Diana bajito, mirando a todos lados como si ocultara un secreto—. Dijeron que sería un regalo para ellos.

Visualice a Diana, aún temblorosa y con pequeños rasguños. <<Ellos.>>

Claro, Diana está aquí por algo. No solo para atraerme aquí.

—Cristian y…, Sebastián. —Abrio los ojos asustada. Al parecer no lo habia deducido.

Axel asintió—. Es lo más seguro.

Tuve que morderme la lengua para evitar salir corriendo de ese lugar con el peligro de estrellarme con un espejo solo para tratar de advertirle a Cristian.

—¿Qué tienen que ver con todo esto? Tú y yo lo entiendo, bueno, medio. ¿Ellos?

Suspiro, tornando la mirada vacia—. Sebastián es un Warren, ¿no?

Encogí los hombros—. No lo sé, ¿qué tiene que ver?

—Si—respondió Diana—. ¿Por qué?

No se atrevio ni siquiera a voltear. Trago saliva, soportando un nudo en la garganta—. Debemos darnos prisa. Cristian podría necesitar ayuda.

—¿Por qué? —exigi—. ¡Basta d ocultarme cosas!

El estruendo se los vidrios cayendo sobre nuestras cabezas nos alertó. Gire en el momento justo para ver un montón de hombres disparando a lo alto, descendiendo paso a paso. Tambaleamos hacia atrás.

—¡Corran, corran! ¡Regresen! —gritó Axel.

Empuje a Diana para que fuera enfrente, luego obligue a Daniel a andar. Sujete la muñeca de Axel, quien no se levantó debido a una bala en el muslo.

—Carajo. ¡Vete, Estela! —Pasé su brazo por encima de mi cabeza e hice un esfuerzo para levantarlo.

—¡No pienso dejarte aquí idiota! —Nos apresuramos a alcanzar a los demás.

Daniel regreso hasta nosotros—. Yo lo cargo.

Sin embargo, las luces comenzaron a parpadear, impidiendo ver por completo el panorama del asunto. Personas de negro en todos lados. Sometiendo a Diana. Peleando contra Daniel. Acorralando a Axel. Yo en medio de todo el caos sin comprender como me había separado de cada uno.

—Siempre terminas provocando un desastre.

Esa voz…

—¿Quién diría que una niña como tú nos daría tantos problemas? Al igual que antes.

Inevitablemente comenzó a faltarme el aire mientras subía la mirada de sus pies a la cabeza. Ahogue un grito. No puede ser verdad. El pulso se me acelero debido al pánico. El temblor que inicio en las manos me llego a las piernas. Me quede sin voz, sin movilidad, sin fe ni esperanza…

¿Es posible que una pesadilla puede tornarse real?

Imposible, imposible. Todo lo demás podría tonar sentido, menos…

Me agarro con fuerza del mentón. Estremeciéndome con sus ojos azul claro—. Hola de nuevo.

Temblé hasta que escuché el crujir de los dientes. <<Él te va a encontrar.>> <<Es un hombre sin piedad.>>

La persona de la que tanto me pase escondiendo resulto visitarme todas las noches en mis pesadillas. Él, es esteban.

—Tú…—murmure.

Ladeo la cabeza—. ¿Me recuerdas?

Negue apenas moviendo el rostro debido a que aun me tenia retenida del rostro—. Te vi…—. Arqueo una ceja casi tan oscura como su cabello—. Nunca fuiste un sueño….

Rió—. Al parecer sigues siendo una niña ingenua. —Me acerco el cuchillo lentamente hasta el cuello, dejando a la vista una cicatriz—. Esta vez ya no escaparas, Ela…—se detuvo de golpe—. ¿Cómo te haces llamar ahora? —Un aire helado me atravesó el corazón—. Estela, ¿cierto? Esa es tu nueva identidad asumida por Marcela, ¿no?




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