En el nombre del amor; cicatrices

Capitulo 32

Estela

Gritos. Sangre. Tortura. Sangre. Experimentos. Sangre. Sangre. Muerte.

Las imágenes se vuelven claras, pero solo son eso; imágenes, acompañadas de agonía, desesperación, dolor. Mucho dolor. No solo el mío, otras personas sufren. Las escucho por más que quiera cubrirme los oídos. Me percibo tan pequeña, vulnerable, llena de miedo.

Hay un pensamiento en mi cabeza. <<Huir.>> <<Tengo que huir.>> Pero a la vez me recorre un sentimiento de culpa. Y por eso, lloro, insaciablemente lloro.

—No, Estela. No recuerdes—murmuro a mi lado—. Es mejor así.

Lentamente abrí los ojos, dejando fluir más gotas de estos. Inhalo con un vacio en el pecho como si algo me faltara. Puede que si, y no lo recuerde, auqnue lo siento; es agujero en mi interior es una cicatriz profunda e incurable, la cual desearía seguir escondiendo.

—Estela.

La miró. Ella me sonríe; sin embargo, noto rastros de tristeza en sus pupilas marrones mientras me acaricia—. Lamento haber llegado tan tarde. ¿Cómo te sientes?

Vuelvo a ver el techo color purpura, queriendo contestar su pregunta, pero es extraño… Ahora, lo único que siento es odio, rencor, desprecio, ganas de tomar venganza sobre, ¿ellos? Sea lo que sea que me arrebataron, me consume el alma en fuego. Quiero recuperarlo.

Luhe con todas mis fuerzas para incorporarme de la cama, negando la ayuda de Marcela. Recupere el aliento y fije la vista en el espejo de enfrente. Toque el encaje blanco el pecho. Luego escanee las mangas del mismo tono hasta llegar a la esponjosa falda de pliegues—. ¿Qué es esto? —cuestione, cansada—. ¿Vas a casarme o qué? —Ni siquiera sé de donde saue la voluntad para burlarme—. Dame ropa normal—ordene.

—¿Estela? —inquirio con una ceja alzada.

—¿Qué? —conteste de mala gana.

Negó confusa—. Esa es la idea, para que todo esto cese de una vez.

Fruncí el ceño—. ¿Casarme se te hace una idea coherente? Basta de estupideces. —Me levante, reprimiendo un gesto de dolor—. Dame ropa normal—repetí.

Tal vez es el agotamiento mental lo que genera el valor para revelarme.

—Es un amigo mío que juro no tocarte. El trato es que te mantenga escondida y finjas ser su esposa.

Trone la lengua—. Aja. Resulta que me quieres casar con un anciano cuando ni siquiera podias dejarme ser feliz con mi novio… —Exnovio, mejor dicho.

—¡Estela! —Irritada la mire. Ella retrocedio—. Él puede sacarte de este asunto. Cuidara bien de ti.

Rode los ojos—. Dame otra ropa.

—¡Estela! —grito.

—¡¿Qué?! —Explote el enojo contenido por años—. ¡¿Quieres darme algo que de verdad pueda servir?! —Me acerque. Ella choco contra la pared—. ¡Dimelo de una maldita vez! ¡Lo sabes! ¡¿QUIÉN CARAJOS SOY?! —Guargo silencio, aumentando mi ira—. ¡Ese es el puto problema! ¡Nadie habla! ¡Nadie es sincero! —transpire—. ¡TODOS ME MIENTEN! ¡TODOS ME USAN! ¡JUEGAN CONMIGO! —Regrese a verme en el espejo, incapaz de soportar mi reflejo. Lance un golpe, ocasionando que el mueble se llenara de vidrios rotos y sangre. Mire la herida, sorprendida de mi propia impulsividad. Ya no tengo duda; algo cambia cuando recuerdo. Suspire—. No soy una herramienta. Tengo voz y nombre, aunque lo haya olvidado

—También lo tienes ahora—dijo, casi titubeando—. El pasado te esta quebrando.

—Lo sé—confese—. Pero si no recuerdo quién soy van a terminar por matarme. —Apree las manos—. Y puede que no solo a mí

Cautelosa se aproximo—. En su momento, cuando lo sabias, tenias miedo todas las noches, incluso en el día al salir. Llorabas. Rogabas por querer borrar los horrores que presenciaste. —Se le cristalizaron los ojos—. Eras tan pequeña para asimilar lo que te hicieron junto a tu familia.

—¿Por eso no los conozco? ¿Le paso algo malo a nuestra demás familia?

Se agarro el pecho, apretando su blusa justo en el corazón—. Por eso no los conoces…—Inevitablemente comencé a lagrimear—. Lo sientes, ¿verdad?

El vacio regreso mucho mas fuerte que antes. Me consumia por completo—. Tengo que… ¿salvarlos? —murmure sin saber por qué.

Marcela camino hacia la puerta—. No puedes. Y no están.

Por alguna razón eso provoco de nuevo la amargura y la sed de venganza. Negue, tratando de dispersar esos sentimientos o van a enloqeucerme—. ¿Quién soy?

Abrió la puerta—. La pregunta correcta es, ¿quién fuiste?

Parpadee perpleja al sentir menos peso en el cuerpo, volviendo a tener el control de mi misma, como si el comportamiento de hace rato hubiera sido solo una crisis. Estela. Esta es Estela; la que siempre quiere mantener el control y ser congruente con sus pensamientos y emociones. En lugar de preguntar lo mismo cambie la conversación—. ¿Cómo están los chicos?

—Supongo que bien. Sus compañeros se los llevaron antes de que los matara.

—Hija de…

—Deberías dejar de preocuparte por un mentiroso y un traidor.

—Y por una mala madre.

Apretó los labios por un largo rato. Luego se puso recta—. Voy a terminar los preparativos. Arréglate el maquillaje. —Salió.




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