En el nombre del amor; cicatrices

Capitulo 33

Un día. Dos. Tres. Quiero irme a casa.

Cuatro. Cinco. Seis. Quiero salir de aquí.

Ocho. Nueve. Diez. Me da miedo este lugar.

Quince. Veinte. Ella dice que saldremos pronto.

Treinta. Cuarenta. Nos separaron.

Cincuenta. Sesenta. Escucho gritos. Suplicas. Ruegos de piedad.

Setenta. Mi familia. Grita. Grita. ¿Por qué?

Ochenta. No me dejan dormir.

Noventa. Pesadillas. Insomnio. Pesadillas. Insomnio. Pesadillas. Pesadillas.

Cien. Pierdo la esperanza.

Ciento veinte. Me hacen daño.

Ciento ochenta. Duele. Arde. Sangro.

Doscientos. Extraño a mamá.

Doscientos treinta. Hay una niña. ¿Buena? ¿Mala?

Doscientos…. Buena. Niña buena.

Doscientos…. Heridas en la piel. Morados. Verdes. Rojos.

Van a matarme…, los escuche. ¿Qué es eso?

¿Qué es eso? Me asusta. ¿Muerte?

Días. Meses. ¿Años?

Los gritos se vuelven insoportables. Les hacen daño. Mucho. A todos. Mamá. Familia. Niña. Niño. A todos.

Ya casi no duermo.

Quiero esconderme. Quiero correr. Quiero volar.

Él me dijo que saldré. Ella que seré un sacrificio.

Muerte. Muerte. Muerte. Muerte es…, desaparecer. No volver. No respirar. No quiero, eso no quiero.

Moriré. Moriré. Una vida a cambio de muchos, eso dice. Siempre me lo dice. Se salvarán por mi sacrificio.

No debo escapar. ¡No debo! ¡No debo! ¡No! ¡No!

Caos. Caos. ¡Caos! ¡Fuego! ¡Sangre! ¡Muerte!

¡Libertad! ¿A cambio de qué?

Culpa. Culpa. Culpa. CULPA. ¡CULPA!

¡TODO ES MI CULPA!

—¡AHH! —Solté un grito igual de desgarrador que las anteriores tres noches. Inhalo bruscamente. Toco la cama. Aprieto las sábanas. Y lloro mientras me acurruco en una esquina, pasándome las manos por la cara debido al pánico creciente que me ocasiona la idea de volver a dormir. Tiemblo al rememorar una y otra y otra y otra vez los…, recuerdos. Transpiro. Ya no son imágenes, son recuerdos. Ahora lo sé. Quisiera escapar de ellos.

Escucho como alguien se recarga en la puerta desde afuera. Seguramente es Cristian, pero no quiero verlo. Tampoco puedo confiar en él, ¿en quién sí? En nadie. Estoy sola. Las lágrimas inundan la almohada hasta que amanece.

Camino hacia la ventana custodiada por un hombre de negro que se encuentra tres pisos abajo para evitar que me escape de nuevo. Igual que él hay otros en cada una de las rutas posibles. Suspiró.

Este lugar es enorme, además de vacío. Por lo que me dijo Cristian es la casa de su padre.

El sonido de las llaves me sobresalta por un segundo antes de ver a Armando entrar con el desayuno. Frunzo el ceño viendo como recoge la comida intacta de ayer.

—De seguir así no te vas a recuperar.

No contestó.

—¿Tuviste otra pesadilla anoche?

Desvio la mirada, lo cual contesta su pregunta.

Suspiró—. Cristian estuvo toda la noche preocupado por ti.

Cruce los brazos—. Él mismo acepto los engaños. Me importa un carajo lo que haga.

—Si no fuera por tu petición de que se alejara, créeme que ya hubiera entrado por esa puerta aun con la posibilidad de que volvieras a dejarle tu mano marcada en la mejilla.

Hice una mueca—. Se lo merecía.

Resoplo—. Deja de actuar como una niña, Estela. Debes escucharlo.

—¡Lo intente muchas veces! —grite—. ¡Espere a que hablara conmigo! ¡¿No le brinde esa confianza?! ¡Lo hice! Mierda. Ni siquiera lo presioné…—Negue—. Ya entiendo porque decidió callar —Le di la espalda—. Sabia que iba a irme… Entonces, nadie cuidaría a su verdadera esposa. —Aprete la quijada, evitando llorar de nuevo—. No me ama.

Armando se acerco a la mesa de noche. Coloco un aparato en forma de cristal y lo conecto—. ¿En serio crees eso? —Acomodo la bola de vidrio sobre una base de madera redonda—. Aunque no lo creas, Cristian ha hecho tantas cosas por ti. —Rode los ojos, recibiendo una cara de represaría.

—Hizo todo para su propio beneficio.

—Estela, en su desesperación por salvarte te eligio a ti en lugar de irse con su abuela. —Mantuve la boca cerrada. Sin argumento para contradecirlo, porque yo misma había visto la discusión que tuvo con la señora Valeria—. Te eligio en lugar de cumplir con las obligaciones de su padre. —Era cierto que me salvo, aun cuando Adler lo prohibio—. Te eligio para ser su esposa.

Reí, negando. Si bien, hizo esas cosas, tampoco me hare expectativas—. ¿Yo?

Arrugo el entrecejo—. ¡Si! ¿Piensas que fue coincidencia aquel trabajo en parejas del profesor el mismo día que tu madre llego borracha? —Ante el gesto de duda, explico—: Cuando le ordenaste a Cristian que se alejara sospecho que algo andaba mal, por eso mando a Daniel a investigar. Siguiendo a tu madre se percato del estado de ebriedad informándolo enseguida. Después obligo al profesor a realizar “una tarea en parejas”




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