En el nombre del amor; cicatrices

Capitulo 34

Estela

Lo miro acariciarme el contorno del hombro con sumo cuidado, como si temiera que esto fuera un sueño.

Respira tan tranquilo que me transmite paz. Y su sonrisa no deja de mostrar lo contento que esta.

Lo abrazo—. ¿Qué hora es?

—Deben ser como las cuatro, o más tarde. No sé cuánto tiempo dormimos.

—¿Los chicos están en casa? —pregunto avergonzada.

—De seguro están abajo, celebrando de que ya arreglamos en asunto. Están enojados conmigo porque tampoco sabían las intenciones que tenia al inicio—suspiro—. Lo siento mi amor. Soy un idiota.

—Basta—detuve—. No quiero tener que golpearte de nuevo.

Rio—. Si que tienes fuerza, me dolió—acepto aun riendo—. Tuve tu mano marcada por un buen rato.

—Perdón…

Negó—. Lo merecía. No te sientas mal.

En realidad, esa bofetada me ayudo mucho con el enojo que tenía, pero no se lo voy a confesar.

—Deberías bajar a verlos, también han estado muy ansiosos sobre tu decisión, sin comentar que no dejan de estar alertas por tus intentos constantes de escape—soltó una corta risa—. En ese periodo me di cuenta de que eres muy creativa.

—Créeme que también me sorprendí.

****

En cuanto bajamos por las enormes escaleras blancas (con las que casi caigo la primera vez que planee escapar) los chicos dejaron de hablar. Daniel me abrazo, Armando me agito el cabello e invitaron a la mesa.

Fue ameno regresar a lo que ya consideraba lo habitual. Si tan solo así fuera siempre.

Después planeamos subir a darnos un baño, pero Cristian fue interrumpido por una de las pocas sirvientas de la mansión. Al instante frunció el ceño, así que no se me hizo extraño verlo entrar con el semblante serio.

—¿Qué sucede? —pregunte, acercándome.

—Mientras estabas en la habitación me dedique a investigar sobre el asunto de Esteban Warren.

Al escuchar su nombre un miedo me invadió por completo—. ¿Qué encontraste? —inquirí.

—Necesitas hablar con alguien que ya conoces, pero por favor, mantente tranquila.

Trague en seco—. ¿Esa persona tiene información? Sabe, ¿por qué?

Cris ladeo la cabeza—. Algo así. No quería que lo supieras hasta mañana que estuvieras mas relajada, pero vino sin avisar diciendo que cada día esta más seguro de lo que cree.

La respiración se me agito—. ¿Quién es?

De pronto me quede congelada al verlo parado en la puerta de la habitación, luciendo la misma mirada azul que él. Entonces lo comprendí de inmediato. Aprete los puños.

—Hola, Rais.

Fruncí el ceño, levanté la barbilla—. Warren—pronuncie en seco—. O, mejor dicho, Sebastián Warren.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.