Hace tanto frio en este castillo que me cuesta dejar de temblar.
No quiero que piense que le temo, aunque para ser honesta, la oscuridad de esos ojos si tienen el poder de dejarme sin aliento, porque lo veo. Y él lo sabe. A través de sus penetrantes pupilas veo un futuro caótico para las personas que lo rodean. Sobre todo, para Elai.
Esta tan equivocado con ella. Va a terminar arrepentido. Eso lo presiento, pero a veces me deja en duda con todos aquellos fragmentos del futuro. Por suerte el chico de los ojos color miel existe; sin embargo, mientras ella se negué a recordar al menos esta vida, estamos perdidos.
Esteban se acerca a pasos lentos. Seguros. Asechadores. Busca intimidarme y le molesta no hacerlo. He vivido demasiado como para estar asustada siempre.
Suelto un grito ahogado cuando jalo la cadena que me envuelve el cuello. Luego sonrío descaradamente—. No vas a matarme—digo con total seguridad.
—Podrías equivocarte—contesta frunciendo el ceño.
—NUNCA—recalco—. Nunca lo he hecho.
—Te demostrare que sí. —Irritado vuelve a jalar la cadena, balanceándome hacia adelante. De inmediato extendí las manos, evitando estrellarme contra el suelo, creando un sonido de estruendo al remover las demás cadenas que me sujetan todas las extremidades, como si esto pudiera detener mi habilidad.
Negue—. Ellos van a ganar—mentí llena de convicción. Esteban por fin mostro una expresión preocupada—. Te van a vencer.
—No si mato al chico, ¿verdad?
Me estremecí, sé que eso cambia el transcurso de la historia—. Por tu cara, no me queda duda de que es así—carcajeo y comenzó a caminar alrededor de la habitación de piedra blanca—. ¿Quién diría que ese tal Cristian Wilson sobrevivió al accidente de hace once años? Vaya que el destino es curioso. ¿No lo crees? Bueno, tú más que nadie lo sabe. ¿Nunca pensaste que tu habilidad resultaría también ser una maldición?
—Lo pensé desde hace diez años atrás. De no haber dicho lo que vi aquella tarde…—Lo miré con tristeza—. No te habría convertido en el monstruo que eres hoy, Esteban.
Se mantuvo quieto, repasando las palabras, dejando ver una pisca de culpa. Suspiró—. Es demasiado tarde.
—¡No! —Arrastré hacia él, siendo algo torpe por el enorme abrigo que había ocupado para comunicarme con Elai y ese chico—. ¡Puedes cambiar! ¡Hazlo! ¡Deja de herirla! ¡De seguir ordenes! ¡Esteban!
Levanto la mano para silenciarme—. Tú lo dijiste. —Se agacho—. El destino está escrito—restregó en la cara—, no es modificable.
Negue aterrada, al recordar lo de hace muchos años atrás—. ¡Me equivoque! Tal vez, puedas. Inténtalo, por favor.
—Cuando me miras, ¿qué ves?
Sangre. Muerte. Mucha agonía.
—Lo sabía. —Se levanto en un suspiro estresado—. Quizá, mi destino sea solo este. —Lo mire con cautela. Sus ojos azul cielo brillaron como el mismísimo fuego del mismo color; aquel que nunca se acaba—. Vengarme con la hija de la mujer que me traiciono, ¿no piensas lo mismo?
Arrugue el entrecejo—. Vas a destrozar a Sara.
Asintió sin remordimiento—. Justo como ella lo hizo conmigo.
Intente acercarme a él, pero las cadenas me detuvieron, cesando mi furia—. ¿De verdad le crees a tu madre en lugar de a la persona que amas? Ambos sabemos lo inconveniente que seria si Elai fuera tu…
—¡Cállate! —grito—. En las muestras de sangre salió negativo.
—¡Pudieron haber sido alteradas! —expuse.
—Mi madre no haría eso…
—Lo dudas. —Desvió la mirada—. ¿No vas a detenerte? —El silencio fue la respuesta—. Entonces, si logras atraparla, realízale una prueba de sangre tu mismo. Es mejor enfrentar la verdad con hechos que las mentiras a ciegas.
Se enderezo—. Gracias por ese inservible consejo, tia. Lo tendré en cuenta. Tambien te agradezco por visitar a ¿Estela? —Encogió los hombros—. Olvido como se hace llamar ahora. Al parecer me recuerda un poco. ¿Cómo haces eso? ¿No solo eras clarividente? ¿O, la visitaste mientras estabas fuera?
Encogí los hombros—. Ni siquiera yo lo sé.
—No importa. De todas formas, sé que no puedes revelarle nada o eso igualmente afectaría lo que ves, ¿cierto?
Trague en seco. Haberle contado acerca de la habilidad cuando era pequeño fue un grave error.
Se dio la vuelta—. Te dejo. Tengo cosas de las cuales encargarme. —Antes de cerrar la puerta sonrió—, como planear la muerte de un Wilson.
#18778 en Novela romántica
#5018 en Thriller
#1938 en Suspenso
un romance para la supervivencia., peligro mentiras suspenso accion, secretos de un pasado
Editado: 01.03.2026