Estela
El techo se vuelve inestable al ar vueltas con la silla sobre mi mismo eje, aún así, no me mareo ni logro dispersar los pensamientos que me aturden desde hace varios días. Resoplo agobiada mientras detengo de golpe el movimiento con los pies. Agacho la cabeza hasta la altura de las rodillas como si tuviera un terrible malestar de estómago. Me paso las manos sobre la cara antes de recostarme de nuevo sobre la silla mirando el techo color blanco.
Inhaló profundamente. Exhalo cansada. Por más que lo intente, este asunto me sigue frustrando. Es entonces cuando decido hablar—. Creo que tú madre es en realidad la mía. —Suelto una risa sin humor que deja un eco en la habitación —. ¿Puedes creer tal cosa? —pregunto sin obtener respuesta—. ¿No te parece algo...? —Busco la palabra ideal, aunque el enojo me lleva a varias—. Algo estúpido, tonto, incongruente, imposible o al menos ilógico? —digo exasperada—. Porque a mí... sí...—arrastro lo último. Duda. Estoy dudando.
Me levanto de la silla dando zancadas alrededor de la cama—. ¿Qué evidencia tiene? ¡Ninguna! ¿Verdad? —cuestiono de nuevo, como si de pronto él pudiera responderme, cuando en realidad se encuentra acostado, profundamente dormido, o más bien, incapaz de despertar. <<Por ahora.>> Me repito.
Los ojos se me humedecen al recordar su estado—. Lo siento. —me disculpo cada domingo en la mañana por dos cosas; la primera porque es en parte mi culpa su estado, la segunda es por escuchar mis quejas. Si es que puede hacerlo, el doctor dijo que le sangrarian los oidos por mis constantes problemas, también mencionó que las personas en coma están un poco concientes de su alrededor. Ojalá sea verdad.
Acerque a pasos serenos al Igual que su respiración. Observé su pecho subir y bajar con lentitud. Realmente parece estar descansando.
Los labios me temblaron—. Cuando dijiste que sentias que ibas a morir..., me asuste mucho. —Sus ojos continuaron cerrados—. Aún estoy asustada. —Me sente a un lado de la cama con la esperanza de que de repente comenzara a reirse de forma sarcástica y dijera: "Caíste hermanita. ¡Todo fue una broma!" Luego me golpearía en la frente e íria a buscar algo de comer.
Nunca imagine que tuviera un hermano. A veces tengo duda de que sea cierto, pero aquel día sono sincero. <<Medios hermanos...>> El labio me temblo—. Dijiste que tu madre se suicido...¿era la mía también? ¿la verdadera? —Lo mire en busca de algún gesto—. Tengo tantas dudas. Siento que si no recuerdo me seguire perdiendo, eso, eso me asusta. Pero tengo que vivir en el presente. —Le agarro la mano, recordando la grabación del incidente en la fiesta de Jimena—. Me defendiste...—Incluso se puso frente a Esteban cuando no podía moverme—, siempre lo hiciste. —Le acaricie el cabello rubio—. Gracias Axel; sin embargo, por muy egísta que parezca de mí parte, aún no puedes descansar en paz. Tienes que despertar. Y no lo digo solo porque guardas todas las respuestas necesarias para mí. Lo digo—suspire—, porque te extraño. Todos lo hacemos.
En ese momento se asomo Diana a la habitación—. Hola—saludó nerviosa. Ha estado así desde la pelea que tuve con su novio. No sabe de que lado estar y en verdad la entiendo. Debío ser traumatico ser secuestrada por un hombe que ni conocia, solo para ser un peón y al final casi terminar muerta si el miedo aquel día nos hubiera consumido a todos. A veces todavía la veo estremecerse cuando escucha un ruido fuerte o alguien entra sin previo aviso.
Sonreí ligeramente—. Pasa.
Lo hizo más tranquila, dejando en la pequeña mesita una canasta—. ¿Cómo sigue?
Vuelvo a mirar a Axel en busca de un índicio distinto. Niego con tristeza—. Ya pasaron dos meses.
—¿Crees que él...?
—Si—sone llena de convicción porque es de lo que más segura estoy—. Despertara.
No muy convencida empezo a colocar unas flores rojas extrañas en un florero de vidrio cerca del buro de madera—. ¿Qué clase de flor es esa?
Sonrió—. Una muy especial. Me dijo Sebas que ayuda a guiar el camino. —No lo comprendí pero tampoco indague—. Por cierto—señalo la canasta—, traje ravioles. Pensé que tendrías hambre. —Agradecí, aunque no hice el minímo esfuerzo en ir por ellos—. ¿Cómo has estado?
Umm. Un desquiciado quiere (al parecer) atraparme; torturandome en el proceso sin decirme el motivo. Me acabo de enterar que Cristian le vendio literalmente su vida a su padre para protegerme. Axel se encuentra en coma. Sebastián es hijo del loco que me percigue y para rematarla, mi madre quizá es la madre de Sebastián. —Aprete la mandibula—¡Eso significa que una desconocida me golpeo durante años! ¡¿Por qué!? ¡No lo sé! Y, supuestamente se arrepiente. Además, ni siquiera sé si sigue viva... Entonces Roche, ¿cómo crees que estoy?
—Bien—respondo. No tenia caso desglosar cada una de mis desgracias.
—Te ves cansada.
Asiento—. No he dormido bien. —Gracias a las pesadillas. Omito.
Se sienta en el otro extremo de la cama de Axel—. A mí también me sigue atormentando.
—¿Hablas de...? —No fue necesario completar la frase. En sus ojos pude ver la respuesta—. En verdad lo siento.
Niega—. No es tu culpa.
Sí, si lo era.
<<—Pero no lo comprendo. —Busca respuestas que tampoco tengo—. ¿Por qué básicamente mi suegro me haría eso?
Oh. Al menos eso si lo puedo contestar—. Porque me queria atraer a mí, y fuiste el blanco más fácil para ese plan. —Frunce el ceño. Explique de mala gana:—. Estabas en la casa de su hijo, Diana. Totalmente sola.
—Y aunque me ataco a mí—se señalo—, ¿dudas de Sebastián?
—No es tan sencillo Roche.
Se levanta de golpe—. Para ti, nada lo es. —Creo que hice una mueca porque apreto los dientes—. Confiar, Estela. Debes hacerlo, ¿es tan complicado?
—Sí—respondo por impulso.
—¿Por qué?
Una madre violenta que posiblemente me ha engañado toda la vida. Un hermano que al inicio iba a traicionarme. Una amiga que me robo mi sueño. Y, un novio que al principio penso en utilizarme. Todos de alguna manera han traicionado mi confianza.
#1679 en Otros
#298 en Acción
#630 en Thriller
#282 en Misterio
misterio romance secretos intriga, secretos amor verdadero y complicado, pasado asesinato amor drama secretos
Editado: 01.05.2026