Estela
"Espero te guste preciosa.
Att: Por siempre tuyo, Cristian."
Leo por quinta vez. Acerco la notita a los labios con total emoción mientras siento hervirme la sangre de las mejillas y el corazón palpitarme a toda prisa. Incapaz de controlarme doy unos saltos alrededor del cuarto, chocando con la esfera. La atrapo antes de que caíga. Suspiro de alivio. La coloco con cuidado en su lugar apreciando la forma, textura y sobre todo a la persona que me la dió. La enciendo por simple impulso para visualizar el universo entero un poco opaco (debido a la luz del sol), pero ante mis ojos ese detalle es perfecto. Vuelvo a saltar.
Sin duda alguna verlo después de un mes me hace parecer una niña pequeña; tonta, emocionada, enamorada.
Tome con ambas manos el escote del vestido de la caja, levantando lo más que puedo para vizualizarlo por completo; brillos en toda la fina tela lisa que lo hacen lucir como un vestido de gala elegante, solo que con un aire casual al estar a la altura de las rodillas, las mangas por otro lado junto con el pecho traen un diseño bonito de pequeñas flores color azul claro.
Deberia llevar el cabello suelto con un moño del mismo tono, junto al collar y aretes de perlas que me dejo. Aprecio cada parte del vestido, imaginando la misma dedicación por parte de él. ¿Esta será una propuesta para una cita? De ser así, lo esta haciendo muy bien. <<Te amo. Dejame demostrartelo al despertar, atardecer y anochecer...>> Puedo sentir la gran sonrisa en mis labios.
Deje todo a un lado. Abrí la llave de la tina del baño, coloque un par de fragancias de rosas y jabón, llenando de burbujas alrededor. Había convertido esa acción en un ritual para "despejar la mente.", pero al final termino siendo lo contrario. Mientras el silencio invadía el lugar y los sentidos se agudizan, trato de unir los sueños entre sí con lo poco que Sebastián menciono. Aún esa frase me revuelve las emociones en un torbellino confuso. "Creo que tu madre es en realidad la mía..."
Marcela Rais. Una mujer agresiva, aprensiva y violenta con su ¿hija?
—¿Cómo? —repito la misma pregunta de aquel día.
Las palabras de Sebastián me golpearon de nuevo: "Cuando era pequeño mi madre me abandono para cuidar a otra bebé. Eso me dijo mi padre la primera vez que pregunte por ella."
—¿Por qué? —susurre inmersa en los pensamientos.
"Porque la queria proteger." Habia sido la respuesta.
¿Porteger? Solte una risa sarcástica. ¿Porteger a golpes? Vaya manera de hacerlo...
Percibí un sabor amargo en la boca. <<Sé que te hice mucho daño, pero jamas olvides los primeros años de tu infancia conmigo.>>
Los primeros años. ¿Hubo buenos años? Es confuso entre tanro terror.
<<Te amo, hija.>>
Los ojos se me escocieron. <<Te quiero.>> ¿De dónde saque esas palabras? ¿Por qué duelen? ¿Es otra cosa que no recuerdo? Comence a lagrimear. No. Si recuerdo esos primeros años, aunque lo niegue o reprima. Me abrazo las piernas. ¿De verdad la estaban obligando, como sospecho Cristian? ¿Fue Esteban?
De pronto siento un frío metal contra el pecho. Bajo la mirada. El collar relucio en el agua—. Sara—murmuro—. Ana pidió que te salvara, pero ¿quién demonios eres...? —Un escalofrio me recorrio la columna. <<Iba a ser para la hija de mi amiga Sara.>> <<¿Quién iba a decir que ese collar te perteneciera?>> Mierda. Mierda. ¿Cómo no había pensado en eso? Entonces, no, no. —Temble. —Basta, son especulaciones. —Aprete la quijada. —Especulaciones que cobran sentido.
A regañadientes salgo de la bañera. Coloque la bata roja y camine descalza sobre la alfombra hasta llegar a la cama donde me sente, lanzando a su vez un suspiro cansado mientras observo la foto que había sido arrojada aquel día que Sebastián vino. La levante con un nudo en la garganta, mirando sus facciones jovenes de ese entonces; sonriente, amorosa, ajena a toda la maldad. Desprende un aire despreocupado con su corto cabello teñido de rojo, solo siendo levemente visible la raíz marrón creciente del cuero cabelludo. Se ve diferente. Podría decir incluso que no es ella, menos con el flequillo de lado que lleva, pero esos ojos marrones son inconfundibles. Me miraron por muchos años con desprecio, es normal tenerlos gravados en la memoria.
—Si no eres mi madre, ¿cómo es que llegue a ti? —Respire agitada—. ¿En serio buscaste protegerme sacrificando a tu hijo en el proceso?
"Por eso te odiaba Estela. Cuando vi a tu mamá, me recordo a la mía. Cuando te sonrío, pude ver el mismo amor que en la foto. Nunca imagine que si fuera ella."
Yo no estoy segura, pero él si. Sebastián apostaria cualquier cosa con tal de que Marcela sea su madre. Quizá un tipo de amor extraño. Debe estar igual o más extrañado que yo. ¿Qué nos relaciona? ¿Con qué intensión Marcela abandonaría a Sebastián para cuidarme? Él es su hijo, ¿yo, qué?
Desde la ventada vi el sol esconderse. Me revolví el cabello.
—Por hoy fue suficiente de pensar. —Acaricie la tela blanca—. Quiero disfrutar esta noche.
***
El cabello me ha crecido bastante. Nunca lo habia dejado llegar por debajo de los hombros. Lo agite hacia atrás con cuidado de no mover el moño blanco que mantenia unida las dos trenzas laterales. Me arregle el flequillo por tercera vez. Pase los dedos por la piel, deseando cubrir las ojeras para no preocuparlo. A simple vista son dificiles de ver, pero tratandose de Cristian, ya es otra cosa.
—Niña—toca la puerta—, ¿estás lista?
Trague saliva y vi en el espejo la manera en que las mejillas se tornaban rojas, ¿de dónde vienen tantos nervios?
—¿Estela?
Respire hondo. Atravece el cuarto y abrí la puerta—. Hola Dani, ¿ya tuviste tu cita?
Lo seguí a través de los pasillos oscuros, apenas iluminados por unas cuantas lamparas—. Despés de ir a dejarte tendre mi cita, así que corre. —Apresura mientras a la par veo varias mucamas corriendo de un lado a otro—. Pobres muchachas. Debe ser complicado llevar la comida hasta allá.
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Editado: 18.05.2026