Estela
Respiro una vez más, profundo y tranquila antes de despedirme del lugar, claro, solo de momento, porque estoy segura que volvere todos los días. Es más, se me ocurre traer mi pequeño sillón para colocarlo en medio, con tal de disfrutar de este ambiente.
—Si no puedo pasar a verte...—habla despacio. Lo miro al instante con una tristeza que siento reflejan mis ojos. Él lo persibe al instante, lo sé por como se dispone a acariciarme el cabello—. Te enviare un mensaje para pedir autorización y hacer los cuidados de las plantas.
—Sabes que no necesitas de ese permiso...
Niega—. Son las reglas, preciosa. Nunca sabemos cuando tendremos otra discusión de pareja. Solo espero no involucre cachetas. —Rie.
Es algo que jámas va a superar—. Eso depende. —Le sigo el juego mientras cierro la puerta—. Debes portarte bien.
—Si mamá, lo haré—bufa al sujetarme la mano. Teclea algunos digitos en un aparato y luego me acaricia los dedos—. ¿Cuál registro? Este sera el acceso de entrada. Cuando otra persona intente entrar, tu celular enviara una notificación para permitir o negar el paso.
Miro con la boca abierta—. Cuanta tecnología. —Le indico el dedo índice.
Hace unos movimientos con mi dedo para registrar la huella digital hasta que el aparato brilla color verde, creando el sonido de un "clic" en la puerta. Cris vuelve a cerrarla—. Es lo bueno de tener dinero.
Caminamos por el pasillo, todavía con las manos entrelazadas. Luego hacia la dirección contraria a la habitación. Me muerdo el labio ante la tentación de preguntarle si se puede quedar a dormir conmigo esta noche.
Al llegar a la oficina esta tal cual me cole la primera vez. Dos libreros enormes repletos de libros pesados y aburridos, un escritorio color cafe sin chiste, una mesa de cristal al fondo, un archivero, un pizarrón blanco y la famosa ventana de donde Cris salió para meterse a mi cuarto.
La carcajada me sale involuntaria al recordarlo—. Ya me quedo claro que no hay ningún impedimento para ti con tal de verme diez minutos. Muy romantico de su parte joven Park.
Sonrie orgulloso—. ¿Te imaginas cuándo seamos esposos? Espero no salgas huyendo de lo empalagoso que sea.
Niego al pasar las manos por su pecho, recorriendo de manera provocativa hasta el cuello—. Jámas lo haría.
Se le enciende la mirada. No solo de amor. Me mira los labios. ¡Ya lo atrape!
Se inclina despacio—. Estas tan deseperada—provoca apenas rozando mi mejilla—, pero no tanto como yo. —Me rodea la cintura, acercandome con prisa. Recibo el contacto de sus labios gustosa y el calor me sube en el momento que su mano se enrreda en mi cabello, profundizando el beso. Ese maldito mes valio la pena. Podría esperar otro si vuelve a besarme justo como lo hace ahora; tan necesitado, desesperado y hambriento.
Me separo un momento, tratando de regresar aire a los pulmones. Aunque él no espera y comienza a dejar un camino de besos en el cuello. Gruñe. Se esta conteniendo.
—¿No quieres...?
Abre los ojos de la sorpresa. Con esa reacción me doy cuenta de lo atrevido que se escucho. Básicamente fue un: "¿No quieres que lo hagamos en tu oficina?"
Siento el rubor intenso en las mejillas. Suelto una risa nerviosa—. No me hagas caso.
Besa de nuevo el cuello. Después me muerde el lóbulo—. Si quiero—susurra, dando pasos hacia atrás—. Si supieras lo que pasa por mi cabeza en este momento...—exhala irregular—, quizá te lo pensarias dos veces antes de proponerme algo así. —Terminamos chocando contra el escritorio, del cual me sujeto para intentar impulsarme y subirme, pero ocasiono que una hoja resbale al suelo.
El pulso se me acelera. No de amor ni deseo, sino de miedo. Terror puro en cada vertebra. Cristian lo percibe y me abraza. Me aferro a su cuerpo y hundo el rostro en su protección debido al temblor que me ataca en cada extremidad.
Es imposible. Lo sabría de inmediato. La ví en la mañana. No. No.
Cristian me aprieta—. ¿Qué sucede?
Inhalo con fuerza porque me falta el aire—. La foto, la foto de...
Niega—. Tranquila. No es ella.
—¿Seguro? —La voz se me quiebra—. ¿Es una amenaza? ¿Quién la mando? ¿Fue Esteban? ¿Sabe que...?
—Hey—interrumpe suave—. Primero vamos a respirar juntos, ¿vale? A la cuenta de tres respiramos profundamente. Uno. Dos. Tres. —Lo hago. Lo hacemos—. Muy bien, otra vez. Uno. Dos. Tres. —De nuevo, juntos—. Perfecto. Otra y ya. Uno, dos, tres. —Los músculos se me relajan—. ¿Más tranquila?
—Si—contesto al verlo a los ojos. Sin él, algún día me volvere loca—. Gracias.
Junta nuestras frentes—. Estoy aquí. Siempre contigo.
Me pongo de puntitas para besarlo mientras sigue con los ojos cerralos y sonrie de una forma que hace se me derrita el corazón—. Lo sé—murmuro—. Mi Cris.
Respira más aliviado. Me guía a una silla. Luego torna una expresión seria al levantar la foto y sentarse enfrente—. Esta mujer no es Rubí. —Muestra nuevamente la aterradora fotografía de la mujer pálida acostada en una mesa blanca, con el cabello rojo largo revuelto, lleno de mugre y de...sangre seca. El aire regresa por completo en cuanto veo el color negro en sus ojos y no un azul claro. Por último la herida de bala en el pecho es suficiente comprobación de la causa de muerte—. No sé si la recuerdes...—Pasa otra foto de una máscara.
Trago en seco—. La máscara de conejo—digo haciendo una mueca de dolor. A veces cuando estoy cerca de agua profunda (algo malo siendo de Italia) me aterra la idea de volver a caer y sentir el ardor del agua entrando a los pulmones—. Es ella quien me empujo. No Jimena—reafirmo un tanto desconcertada. Cristian no sabia de la existencia de la mujer, ni la máscara y ahora, esa chica estaba muerta—. ¿Tú...? —Me ahorro la frase porque me duele saber que estoy arrastrando a Cristian a un sitio oscuro que lo obliga a matar personas.
—¿Por qué no me lo contaste?
La pregunta sale triste al igual que mi respuesta—. Porque tenia miedo de que pensaras que me estaba volviendo loca. Yo lo pense de mí misma—señale—, era absurdo. De repente decirte; Cris, creo que mis pesadillas son recuerdos. Cris, creo que una mujer dentro de ellos trata de advertirme. Cris, creo que un hombre lleno de odio me persigue desde que soy una niña. Cris, creo que alguien me empujo desde el barco con una máscara de conejo o Cris...—baje el tono de voz—, creo que Estela no existe...—Aprete la tela del vestido—. Estela..., no soy yo.
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Editado: 18.05.2026