En el nombre del amor; sacrificios

Capítulo 4

Estela

"Si, si. Todo bien. Sigo buscando otro trabajo debido a que el restaurante cerró."

Deprisa tecleo un nuevo mensaje. "Espero encuentres algo pronto. Avisame si necesitas ayuda."

Quizá, se preguntaba el por qué ese restaurante de la nada habia cerrado las puertas cuando en realidad le iba muy bien. La respuesta es sencilla para mí: ante la desaparición de Marcela no quedaba alguien a cargo. Esto confirma el hecho de que me mantenía cautiva todo el tiempo.

Responde con un emoji de beso. "¿Me ayudas a conseguir un novio guapo?"

Reí ante el comentario. "Si encuentro algún candidato le brindare tu número."

Un stiker de una niña animada con los ojos brillando reafirmo la idea de que Rubi por fortuna se encuentra bien. De todos fue la única que no estuvo en peligro. Gracias al cielo. Pero Cristian seguia sospechando, ya que por alguna razón la peluca de la mujer era color rojo. Una advertencia de que ella sigue o una pista de que esta involucrada.

Mi tarea hasta el momento es comprobar que no haya nada raro..., y que tampoco se de cuenta de las personas que la espian (contratadas por Cris).

La pantalla brillo otra vez. "Por cierto, ¿cómo esta Axel?" "No he podido ir a verlo al nuevo hospital."

Ese día ante el papeleo de cambiar a Axel de hospital, les hicimos creer que era otro casi a las afueras de Italia, con el pretexto de que tendría mejor atención y protección.

Rubí no sabia con exactitud todo lo que habiamos pasado. <<Fuimos secuestrados por un par de locos y un mal golpe causo el coma de Axel.>> Mentí, pero es lo mejor. Mientras menos información, menor el peligro.

"Esta bien...." Borre el mensaje. "Esta dormido, todavía." Envie.

"¡Despertara!" Anima. "Ese niño es perseverante."

Entre la negatividad de Diana y el positivismo de Rubí, prefiero la segunda.

"Por cierto, casi lo olvido" Mire expectante la pantalla mientras escribia. "Nuestro ex jefe quiere verte."

Frunzo el ceño. "¿Uziel?"

"Si. No te había dicho porque cuando me lo pidió estaba como loco. Sigue insistiendo, mandando mensajes cada día. No entiendo que quiere."

Pensar en Uziel me desagrada a tal punto de darme migraña. Ese hombre hizo que las horas en ese restaurante fueran un horror. Además de maltratar a Ana...

Respiro tres veces, pensando, calmando los nervios. Si resulto que Ana al final solo queria usarme como intercambio, entonces, ¿Uziel que pretende? Marcela le brindo el encargo del restaurante por alguna razón. Tal vez, los papeles estan invertidos. Suponiendo que Marcela si era buena, Uziel podría serlo.

"Estela, ¿ya te dormiste?"

Lo medite unos segundos más antes de contestar. "Me pasas su número por favor."

"¿Segura?" Emoji dudoso.

"Si. Ya para que te deje de molestar."

"¿Segura?"

Me hubiera encantado conocer a Rubí antes.

"Si me dice algo malo lo golpeamos, ¿te parece?"

"Excelente." Stiker maldoso.

Admito que me agrada bastante.

Luego de visualizar un buen rato el número, aprete la opción de enviar mensaje: "Soy Estela, ¿qué quieres Uziel?"

De pronto un chillido en la parte baja de la casa ocasiono que me incorporara de golpe. Pero el grito hizo que saliera corriendo hacia las escaleras, encontrando a una mujer rubia con ojos llorosos. Al verme lo único visible en esas pupilas oscuras fue odio. Odio intenso.

A lado de ella, Daniel sostiene una maleta rosa enorme, la cual jala hacia atrás—. Deja de hacer escandalo—ordena con voz gruesa. Una mala señal de que esta enojado y para ser Daniel, eso es extraño.

Jimena aprieta el agarre a la maleta sin dejar de desafiarme con la mirada—. Ya te lo dije—habla entre dientes—, la señora de la casa se muda.

Mocosa malcriada.

—La señora de la casa—la voz me es tan conocida que no volteo para asumir que es Cristian—, ya esta aquí. —Me jala de la cintura mostrando una sonrisa que deberia ser ilegal—. ¿Cierto? Estela Wilson.

El rubor me sube a las mejllas

Jimena niega—. ¡Basta! —El tono sale dolido—. ¡Yo soy la Señora Wilson! ¡Por el contrato entre nuestros padres me correspondes!

¿Corresponderle? De pronto mi lengua se vuelve difícil de controlar—. ¡Él no es un objeto! —exclamo. Cris me acerca más a él. Una forma silenciosa de buscar refugio—. Jimena—de nuevo centra su atención en mí, depués en la mano de Cristian en mi cintura—. Te lo deje muy claro. —Las dos sabiamos que me referia a aquel día en que la interrogue—. Él siempre va a encontrarme y yo—realice una pausa drámatica—, voy a dejar que lo haga.

Mi novio no tardo en apoyarme—. Deja este asunto por la paz, Jimena. En serio, no voy a repetir la historia de los Wilson y los Di Nardi. Estela no será la segunda esposa.

—Pero, puede ser Jimena.

En automático enderece la espalda. Adler camino junto a Armando, acercandose a Jimena mientras Daniel resopla y de mala gana suelta la maleta.

<<—¿Estarías dispuesta a eso Jimena? —pregunta con toda la tranquilidad del mundo.

La joven se lleva una mano al pecho, totalmente ofendida—. Señor—arrastra la palabra—, eso no es...

—¿Correcto? —interrumpe—. ¿Quién eres para decirme qué es lo correcto?

Intento retroceder, pero Cris aún me sostiene, con la vista puesta en ellos.

—Dejala en paz, padre—advierte—. Solo es un capricho el que quiere.

Las lágirmas se deslizan por las mejillas de Jimena, provocando que se me encoja el corazón. Maldita sea. De seguro me afecta por lo parecida que es a Rubí.

Niega frenética—. ¡No es un capricho! ¡Es mi derecho! —Aprieta los puños tanto que podría sangrarle las manos en cualquier momento—. ¡Y tú obligación! —Señala—. ¡Debes cumplirlo! ¡Vas a cumplirlo!

—Silencio. —Ni siquiera hace falta que Adler levante la voz para hacerla estremecer—. Mi hijo esta definiendo la situación que tiene con ella.

Rode los ojos. Iba de nuevo con ese "ella". ¿Tanto le costaba decir Estela? Claro, Cristian se lo recordo en vano, pues continuo hablando.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.