Estela
En mi vida, podría creer que fui una reina del bosque, pero jamás, imaginar que estaría sentada a lado de Adler tratando de aprender acerca de la misión y visión de la empresa. Para mí mayor sopresa, me explica las cosas con paciencia y sobre todo, sin necesidad de complicarme los términos. Quiere que aprenda, ¿con qué intención?
Simplemente fue a encontrarme al jardín con el cabello alborotado, todavia usando la ropa de dormir, con el ceño fruncido y una mirada de furia que luego se convirtio en sorpresa al verme quitandole las espinas a las rosas.
Inspecciono el lugar. Trago en seco. Intentó hablar. El labio inferior le temblo en cuanto vio un adorno de colibris en forma de cristal colgado en una esquina. Me gusto tanto que decidí conservarlo en el lugar, pero para él, por la expresión que puso, entendí que significaba una parte de su alma.
Cris me dijo que su madre era la segunda esposa y según el término Wilson, a la segunda esposa no le corresponde el amor, solo el sacrificio por el bienestar de la demás familia. Aunque, tal vez Emma fue más que eso para este hombre tan frío.
—Si me ayuda a pasar las cubetas de agua que he traido..., puede pasar.
Él de inmediato regreso a verme. Luego vio la línea entre la puerta y el jardín. Inhalo, exhalo antes de dar el paso. Cerro los ojos, sintió la paz que provoca este lugar y sonrió. Tan sincero que creí era ilusión mía por el calor.
Regreso por las cubetas antes de continuar avanzando por el lugar, explorando lo nuevo, lo antiguo. No dijo mucho, solo pedia permisos para tocar las flores, regandolas con el agua, acodando las que parecían querer caerse; sin importar cuanto sufrieran sus manos en el proceso. Y entonces recorde, yo hice lo mismo una vez, hace muchos años, por amor a Marcela. Lo que hizo Adler en el jardín, lo había hecho hace tantos años, por amor a Emma.
Me miró. Yo también. Por un instante sentí todo ese dolor disfrazado de amargura.
—Lamento mucho su pérdida. —dije despacio, con miedo de provocar una reacción negativa; sin embargo, solo bajo la cabeza, ocultando las ganas de llorar.
Se incorporo—. Ven a mi oficina en cuanto termines. —Salió del lugar.
Así que ahora aquí estoy, tomando apuntes sobre cómo elegir a aliados para la compañia mientras debes en cuando lo miró en busca de algún indicio de maldad.
—¿Lo comprendes o sigues preguntandote por qué te traje aquí?
Igual a su hijo—. Las dos cosas.
—Pues solo enfocate en una. —contesta mientras regresa a su otra computadora a responder correos—. Te pasaré un cuestionario con preguntas acerca de lo que veremos el día de hoy para ver si aprendiste. No pienso perder mi tiempo contigo en vano.
Ya regreso el tirano de suegro que tanto conozco. Suspire. Al menos debia aprevechar esta aportunidad—. Si paso sus preguntas, ¿podre tener tiempo con Cristian?
—¿Tanto les urge estar juntos a ustedes dos? No sé que tan enfermizo sea eso.
Encogí los hombros. ¿Cómo explicarle que siento cómo si toda la vida lo hubiese esperado? Al grado de desear no separarme nunca.
—Deben aprender a no depender tanto tiempo el uno del otro. —continuó hablando sin dejar de teclear—. A la larga, eso les afectara cuando él este lejos por temas de trabajo o tú ocupada.
Deje de leer para observarlo—. Creí que lo hacia para separarnos.
Regreso esos ojos marrón oscuro a los mios. Pensó varias veces antes de hablar, hasta que se decidió—. ¿De verdad lo quieres?
La pregunta salió tan inesperada que tuve que recargarme en la silla para asimilarla. Sonreí—. No, no lo quiero. —Su expresión se torno confundida—. Lo amo. Cristian es el amor que siempre soñe.
Otra vez me lanzo la mirada extraña del jardín. Negó y volvió a mirar la pantalla—. Entonces debes esforzarte.
—¿En qué?
—En aprender a defenderte
—¿Lo dice por los peligros que enfrenta un Wilson?
Asintió—. Como empresarios que solo se aprovechan de la debiliad de los demás, es normal tener enemigos. Además de que somos expertos en tapar los crimenes de otros, sobre todo de los Di Nardi.
Me mordi el labio e intente continuar escribiendo, pero ya habia logrado lo imposible; entablar una conversación con la persona que tanto me odiaba, así que la cosa no podía tornarse peor.
—¿Puedo hacerle una pregunta?
—¿Es acerca de lo que estas leyendo?
Ya sé de donde Cris saco la mala costumbre de contestar las preguntas con otro pregunta.
—Digamos que es una pregunta para comprender mejor lo que intento aprender. —Mentira.
—Dila.
Agarre la pluma con fuerza—. ¿Cómo inicio el acuerdo entre los Wilson y los Di Nardi?
—¿Por qué no lo preguntaste antes? —La voz de Jimena en la puerta nos sobresalta a ambos—. ¡Yo me sé la historia! —Se acerco hasta mi escritorio más emocionada de lo normal—. ¿Te la cuento?
—Jimena—llamó Adler—. Dejala, esta ocupada.
Abrí los ojos de golpe. Me había defendido. En serio este día no puede tornarse más raro.
Jimena lo desafio con la mirada—. ¡El abuelo Wilson fue el que inicio con esto! —espetó—. ¡Él si amo tanto a una Di Nardi, pero su codicia lo llevo a perderla! ¡Así como mi tia con usted! —grito—. Su hijo y usted son iguales. Eligiendo a la segunda.
Adler golpeo el escritorio al levantarse. Apreto la quijada tan fuerte que pensé le dolia, pero quizá no tanto como el comentario de Jimena, quien seguia retandolo.
—Vete.
El tono frió la hizo retroceder.
—No—contestó—. Aún le deben mucho a mi familia. Y lo tienen que pagar. —Respiro hondo—. A causa suya, su hijo debe cubrir la deuda. —De nuevo me miró—. Sin importar que tan de acuerdo o enamorado este.
Los ojos se me humedecieron, pero no por la idea de que Cristian me cambiara por ella, sino porque podía ver la verdad detrás de esas palabras tan crueles. "Tendre por lo que fui criada a recibir." Jimena viene de una familia que le mostro el mundo al que debia de pertenecer desde muy joven, al cual tenia que amar y proteger como alguna vez lo hicieron con otra persona de su familia. Pero no sabe que su cuento de hadas termino cuando su verdadero Wilson fallecio. Ahora quiere sacrificar los sentimientos de Cris por ella. Es algo que no voy a permitir.
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Editado: 24.08.2026