Adler
El olor a pan recien hecho es delicioso sobre todo cuando la lluvia te obliga cerrar todas las puertas y ventanas, permitiendo que la casa tenga el aroma toda la noche.
—Hijo, la cena esta lista.
Deje a un lado el libro para atravesar la corta sala hacia la cocina, donde mi madre apilaba algunas cosas para que lo demás pudiera caber en la pequeña mesa de madera. Mi padre aún con la ropa un poco sucia por el trabajo se sentó a lado mío después de revolverme el cabello.
—¿Qué tal las chicas de la nueva escuela?
Reí un tanto nervioso—. Ya sabes, no son mi tipo.
Mi madre me lanzo una sonrisa traviesa—. Hay una chica muy amable que me ayudo hoy con el mandado. Dibuja a veces cerca de la Catedral de Siena y, ¿sabes qué? —Levanto ambas cejas mientras yo negaba—. Van en la misma escuela.
Sentí un calor invadirme en las mejillas—. Ni siquiera la conozco.
—Es guapa —continuó—, de unos ojos mieles hermosos. Imaginate un nieto así.
—¡Mamá!
Ellos rieron.
Mi padre mordio el pan antes de hablar de nuevo—. ¿Cómo se llama? Porque por tu expresión estoy casi cien porciento seguro que la conoces. —Me dio un leve codazo al percatarse de que no queria hablar—. Anda, no es como si le fueramos a decir.
Resople—. Emma Park. Es de Alemania, pero hace algunos años se mudo junto a su madre a Italia.
Un golpe jugueton me llego por la espalda—. Aplicado el muchacho para investigar acerca de chicas bonitas.
—¡Oye!
—Es la edad —apoyo mi madre—. Esta en plena adolescencia.
—Oigan... esto es vergonzoso. —exprese al sorber el té de canela, especialidad de mamá.
Una vida tranquila. Sencilla. Lo único que necesitaba y me hacia feliz. Hasta que tres fuertes golpes en la puerta lo cambiaron todo.
Ese sonido desesperado bajo la lluvia resulto ser Davide; mi abuelo que hace años no veíamos por razones que no s molestaron en decirme. Recuerdo como nos miro a cada uno. La forma en que entro sin contestar las preguntas de mi padre. El como se sento y quedo perdido entre sus pensamientos. Se veía vacío y muy asustado.
Un apreton en los hombros me obligo a apartar la vista—. Sube a tu cuarto.
Gran error. Lo siguiente que recuerdo son gritos, reclamos, insultos y varias cosas rompiendose; una de ellas fue el cráneo de mi padre al impactar con una piedra cuando intentaba hacer que uno de los hermanos de Juliet dejara de golpear a mi abuelo.
La sangre mancho todo el jardín debido al agua que al exparció, fue una escena de terror. Para culquier niño lo es. Levantar el cuerpo de tu padre que esta inerte en medio de la lluvia, intentando que reaccione mientras tu madre llora. Luego te das cuenta que su corazón simplemente se detuvo.
—¡Hijo! ¡Hijo!
Se acerco e intento tocarlo pero lo aleje. No sabía exctamente la razón, pero fue obvio que este caos habia sido su culpa.
—¡Deberiamos arrebatarle a toda su familia! ¡Que sienta lo mismo que nosotros!
Voltee a verlos. La mayoria tenia cabello rubio como la abuela. Más tarde supe que se trataba de la familia Di Nardi.
Mi madre se coloco adelante de mí—. Dejen en paz a Adler. Él no ha hecho nada.
La mujer hablo con la voz quebrada—. ¡Mi hermana tampoco había hecho algo malo! ¡Y por su culpa...! Su culpa... —Sollozo.
Entonces lo entendí. Mire a Davide—. ¿La mataste? ¿Mataste a mi abuela?
Solo bajo la cabeza. Supe en ese momento que se culpaba por lo ocurrido y más tarde al tener toda la información llegue a la conclusión que en parte si era culpable, pero también lo fue la propia familia Di Nardi. Por anhelar estatus obligaron a mi abuelo a cruzar límites con otras familias de alto rango, terminando en un peligro eminente para todos.
—Todos ustedes merecen la muerte.
—¡No! —Estaba vez Davide fue quien se interpuso—. Tienen razón. Fui yo quien la descuido. Fui yo quien debia cuidarla y falle al hacerlo. No volvera...—lloro—, pero tampoco mi hijo lo hará. Me lo han arrebatado. Esta noche perdí dos personas que amo. —Se arrodillo—. ¡Yo soy el culpable! ¡Matame a mí! Deja a mi nieto y su madre en paz.
La mujer junto a los tres hombres permanecieron quietos un instante largo. Luego un hombre alto tomo la palabra—. Matarte sería un desperdicio. Los dejaremos vivos.
—¡¿Qué haces Antonio?! —le grito la mujer.
Él continuó—. Sin embargo, deben venir con nosotros. —Davide lo miró confundido. El señor no tardo en explicarle—: Tú familia será ahora nuestros borregos enviados al matadero. Le enseñaras todo lo que sabes al niño para que los Di Nardi nunca perdamos el poder, así será con toda tu generación hasta que sea olvidado tu nombre.
—¡Es un niño! —exclamo—. ¡¿Cómo es que pretendes...?!
El sonido de una bala dejo todo en silencio—. Tú decides si mueren o aceptan la oferta.
***
El funeral de papá se resumio en quemar su cuerpo y meter las cenizas a una vieja caja que al final termine liberando dentro de la casa que abandonariamos. Si al menos su alma tenia que descansar, era mejor que lo hiciera en un lugar donde habia sido feliz.
—Parece un buen hombre. —dijo al inspeccionar la foto con detalle.
Asentí—. Lo era.
Emma al instante puso cara de arrepentimiento—. Lo siento... No sabía...
Le reste importancia—. Tranquila. ¿Puedes hacer el retrato?
—Si. Ya cuenta con la foto de tus padres, aunque por el tamaño que la pides será un poco difícil.
Levante la vista al cielo—. Tomate tu tiempo. Vendre de nuevo en dos semanas.
Esos ojos mieles dejaron de brillar—. Me agrada tu compañia, ¿por qué tardas tanto en regresar?
Sonreí. Antes ni siquiera me hubiera imaginado estar hablando con la chica que me gustaba así de cerca. Así de casual.
—Cuidado Emma, que podría comenzar a pensar que te gusto.
Ella rodo los ojos e hizo para atras su larga cabellera rubia—. Eres un engreído. No todas estan locas por ti.
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Editado: 20.09.2026