[Una responsabilidad que ella no merecía cargar sobre sus hombros.]
Lo único que conocemos de los vampiros es que enfrentan una lucha de poder, quieren destronar al Rey Morko, un dictador encerrado en su castillo que vive de los lujos sin compartir nada con su pueblo, los ha olvidado y privado de su alimentación, una insaciable hambre que con el tiempo pide más que sangre. Se crearon armas para que los vampiros sobrevivieran a dichos desafíos, pero en manos de Morko todo fue a peor, la familia real se redujo a solo hijos y el pueblo los desprecio tanto que asesinaron sin compasión a cada uno que nació.
Por esa razón, las brujas llamaron a los vampiros una maldición, los toleraban por haber nacido como bebes entre los humanos, al igual que ellas, pero sus acciones eran inaceptables. Todo tiene su castigo. Desde el día que intervinieron no se volvió a oír la palabra “Vampiro” entre los humanos, así que ellas volvieron a mezclarse entre ellos y a prepararse para volver a intervenir si también se salían de control, se adaptaron a las tierras bajas fértiles y nunca agacharon la cabeza ante el Rey humano por un siglo. Pero ¿Qué paso con ellas?, hoy el Rey Carlos X se comporta como Morko y no han vuelto aparecer para hacer algo.
-Abran la puerta. -Grito Falce.
-Esta no es su casa, vayan a molestar a otro lado. -Respondió Key empujando su cuerpo contra la puerta.
-La orden del Rey es CELEBRAR -golpea la puerta- ya apareció la luna, deben salir o entraremos por la fuerza. -Volvió a gritar Falce seguido de sus siervos.
-Pero no quiero salir, no tengo nada que celebrar, solo espero que mi padre regrese, déjenme en paz por favor. -Dijo Key con su cuerpo temblando de miedo.
-La quiero afuera ya -Ordenó Falce a uno de sus siervos mientras se dirigía a otra casa.
Hay silencio, creyendo que ya se habían ido, Key suspiro de alivio sintiendo en su pecho su corazón agitado, dejo que su cuerpo se deslizara contra la puerta rendida mientras las gotas de sudor frio se deslizan por su frente mojando el suelo, hiperventilo de los nervios cuando hizo más calor de repente, en el aire había un fuerte olor a aceite de lámparas viniendo detrás de ella, jadeo y retrocedió lejos de la puerta, la luz por fuera era cada vez más intensa, se apresuró en tomar su capa roja colgada en la pared a su derecha y termino de atar su cuello en el momento que el siervo de Falce derribó la puerta de una patada, Key grito de horror cubriendo su cuerpo con la capa roja, las astillas vuelan por el impacto, ella gatea hacia el interior de su casa y es tomada por el tobillo, intenta zafarse del siervo pero no puede, entonces otro servidor de Falce entra y la arrastra de los brazos hacia al exterior.
-Key Amarilis Syrella -Escucha su nombre.
Arrojada contra el piso sucio y mojado ve los zapatos de Falce caminar hacia ella entre la gente desordenada, hundida en las adicciones humanas, se detiene a un paso de su rostro y levanta la cabeza con desagrado, la mira con la frente en alto, asomando de entre sus espesas pestañas sus ojos verdes.
-No admiraría la belleza de ningún pobretón -mira de reojo a su derecha e izquierda mientras se inclina- tú eres la excepción, hija de carpintero -Dijo Falce aceptando la botella de licor que le extiende su siervo.
Está rodeada de personas cuyas ropas son inferiores a las de Falce, a su lado son solo harapos viejos que no les protege del frio, igual a las que usa Key.
Tiembla de frio -No me avergüenzo del trabajo de mi padre -Falce deja caer el licor sobre Key- ah -se congela- no me avergüenzo de lo que soy -tartamudea, aguantando las lágrimas de sentirse vulnerable frente tantas personas- no te considero mi príncipe -Dijo Key con firmeza usando su último cálido aliento en el pecho.
Falce frunció el ceño, la ve derrotada pero no débil, se muestra fuerte y eso le molesta, no es lo que quería, sorbio un trago largo de la botella y se lanzó contra los labios de Key en un beso agresivo y forzado, logra pasarle todo el líquido, la obliga a tragarlo, ella lo empuja y le escupe de regreso en el rostro, pero Falce toma la botella vacía de vidrio y la estrella sobre su cabeza.
-Te mostrare los placeres de la vida -ríe descontrolado- abre las piernas -Susurra Falce en el oído de Key que se encuentra aturdida.
Un siervo tumbo el cuerpo Key contra el suelo en vista de la multitud que juega alrededor de la fogata mientras Falce desata los botones de su camisa blanca, no se siente incómodo con las miradas del resto, hace un gesto para que se coloquen máscaras rojas de lengua larga, colmillos y cuernos, ojos blancos y flores negras, ordena que celebren al ritmo constante de los tambores mientras consumen alcohol y las llamas arden.
-ABRAN LA PUERTA -Exige Camelot, el hermano mayor de Falce a una casa vecina.
Nota la presencia de su hermano menor en la calle, medio desnudo sobre el cuerpo tendido de Key y a paso pesado, resonando las suelas de sus botas, va a encararlo.
-No puedes abusar de un cadáver -toca la sangre fresca en el cabello de Key- está sangrando mucho- Dijo Camelot tentado a acariciar la piel de Key.
-Hermano yo llegue primero -Interrumpe Falce
-Debería limpiar toda esta sangre -lame la mejilla de Key como lo haría un perro- compartamos hermano, no será la primera vez -Dijo Camelot y Falce lo pensó.