[El único que merece ser Rey]
-Fue un error que me confundieras yo no tengo nada que ver con tus problemas, bájame -dijo Key pataleando en su pecho.
- ¡Deja de moverte! -Grito soltando sus piernas para tumbarla contra el suelo y atrapar su cuello- Ya eres mi problema y no te dejaré ir -apretó más fuerte su cuello- Jamás.
-Solo quiero regresar a casa -dijo Key sin aire
Apretó hasta que dejara de forcejear, ella dejó de moverse y Tae pegó su oído a su nariz para asegurarse de no haberla matado también, tocó sus manos sintiendo el calor persistente aun en su cuerpo y llevó estas a sus mejillas reemplazando el frío en su rostro. Aún respira, sonrió satisfecho, la cargo apoyando su cabeza contra su hombro izquierdo y la levantó cruzando su brazo derecho bajo sus rodillas para llevarla lejos.
Henry, cargo al padre de Key desfigurado sobre su espalda, sus sentidos son más agudos, su boca está manchada de sangre, sus colmillos aún presentes y sus ojos rojizos alumbran el camino, corre contra el viento y hasta el amanecer en dirección a su castillo sumergido en una nube negra. Ve todo de un color cobrizo como si fuera una amenaza andante y destruye lo que toca al no poder controlar su fuerza, no sabe que le pasa o donde esconderse, deambula con el temor de ser visto por los demás y por su padre, derriba la puerta del establo detrás del castillo y acuesta a el hombre inconsciente sobre el heno.
-Perdón, nadie puede verte -dijo Henry antes de darle la espalda, desesperado.
Sale por la puerta trasera para lavar toda la sangre de su rostro, se coloca el saco azul de un trabajador y sube hasta el piso de su habitación trepando por los balcones del castillo hasta una ventana, está sorprendido, jamás había saltado tan alto, camina por los pasillos y se detiene observando a su hermano pasar con el cuerpo de una mujer entre sus brazos, este pasa de largo sin notar la presencia de Henry y él no cuestiona más lo que Tae valla hacer.
- ¿Por qué? -pregunta Henry mirando su ropa- ¿estoy vivo? ¿Cómo? ¿Por qué lo hice? -se pregunta constantemente- aborrezco la sangre, aborreces la sangre, siempre dijiste que no le darías el gusto a tu padre de hacerlo -habla consigo mismo- pero lo hiciste y te sentiste...es inexplicable.
Apoyado en la pared a lado de su cama se resbala hasta caer sentado, abraza sus rodillas pronunciando jadeos y lamentos en un intento por desahogar su dolor como si fuera un llanto real, la servidumbre pasa, los vampiros lo escuchan y van a contarle a su padre, el Rey se levanta molesto empuñando en su mano izquierda un latido de punta metálica y camina seguido por sus guardias a la habitación de su hijo. Henry se lamenta más fuerte, levanta la cabeza de entre sus rodillas y se da cuenta que su ropa sigue seca, siempre estará seca, tanto lamento y no cayó ni una gota, frunce el ceño recordando con ira que jamás podrá lamentarse como un humano, jamás tendrá perdón de sus acciones y el tiempo tampoco cambiará nada, al contrario, ahora es más vampiro que nunca.
-Estoy condenado -dijo Henry.
Grito frustrado jalando de su cabello largo, abren la puerta a sus espaldas de una patada y Henry le lanza con todas sus fuerzas una estatuilla de piedra en el pecho a la persona que entró. Tae escucha desde su habitación un estridente ruido después de escuchar a su padre subir las escaleras, se apresura a levantar a Key del suelo donde la había dejado cuando entró y apenas está recobrando la conciencia.
- ¡No me toques! -Grita Key golpeando la espalda de Tae.
-Mientras más grites más lo haré -Dijo Tae lanzando a key sobre su cama.
Se escuchó el característico golpe del látigo de su padre por el pasillo con tanta claridad, que Tae se distrajo y los dos guardias que están arrodillados lado a lado en su puerta encabezando la fila, levantan la mirada sin permiso hacia Key, inhalan hondo, el aroma que tanto les da curiosidad lo porta ella y uno de ellos no se contuvo más, se lanzo sobre Key que todavía esta aturdida y Tae le atravesó la espalda con su espada, matándolo al instante, ella retrocedió cubriendo su boca para no gritar, se encuentra en un territorio desconocido, esta aterrada, reaccionó de inmediato, rodo por la cama hasta caer contra el suelo y corrió hacia la ventana de la habitación pero Tae la abrazo por la espalda, se le escapo un grito, enrollo con los brazos su cintura y olfateando su cuello, le dio la vuelta, la encaro rozando sus narices, tan cerca, jalo de su cabello hacia atrás con fuerza y deslizo desde su cuello hasta su abdomen su espada ensangrentada, intimidada por esos ojos rojos y por su respiración, la hizo temblar, Key se removió inquieta, hizo su cabeza hacia atrás ignorando el apretón en su nuca y golpeo la frente de Tae desprevenido, el mencionado escucha pasos por fuera, arranca una cortina y cubre el rostro de Key.
- ¿Por qué me haces esto? -Dijo Key llorando.
-Debo hacerlo -Dijo Tae aflojando el agarre que tiene de la tela para dejarla respirar.
-Tae -Entró su padre.
Lo ve y sonríe, Tae está de espaldas a él chupando la sangre del cuello de lo que parece una mujer, ella se desmaya y su hijo voltea a verlo limpiando restos inexistentes de sus labios.
-Ese es mi muchacho -mira el cadáver del vampiro sobre la cama, poco le importa- sigue con lo tuyo -ríe el Rey- déjala seca no embarazada -se carcajea más fuerte- ¿trajiste a la princesa? -dijo Morko.
-No señor lo haré más tarde -observa bajo las mechas de su cabello como su padre borra su sonrisa- porque, ¿era una orden? sabe que odio las órdenes -dijo Tae despejando su vista.