En el ojo de la tormenta

Capítulo 3: Key

[La única que quiero proteger]

-Manda revisar al establo detrás del castillo -ordena el rey a dos de sus hombres.

Y una persona más en el salón que pasa desapercibida entre los vampiros, lo escucha y alcanza a los dos hombres fuera, a unos metros del establo que alberga al padre de Key.

-Alto -ordena y los hombres giran en su dirección- viva el rey -dijo la mujer con una sonrisa confiada.

-Viva la nueva generación -dijeron al unisonó, la mujer los reconoce y se acerca a ellos con seguridad- el rey ha perdido el espejo con el que nos vigilaba, pero eso no nos salva de mentir -dijeron los hombres.

-No lo harán -pasa de ellos hacia el establo- Aquí nuestros sentidos no responden con otros vampiros, en el castillo nos es imposible detectar enemigos o aliados, por eso usaba ese espejo y aunque no le permitía ver hasta acá -señala el suelo- el rey tiene un presentimiento -abre la puerta del establo y lo ve- le dirán que no hay nada -se saca su abrigo largo con correa en la cintura que se asimila a un vestido y cubre al hombre convertido que está inconsciente- todavía se aferra a soñar -se aleja de el- eso dejara tranquilo al rey, pueden pasar -dijo la mujer

-Funciona -el abrigo engaña su vista, les hace creer que no hay nada y así no pueden mentir- ¿crees que el hombre nos será útil en el futuro? -preguntan los hombres

Asiente -El es la prueba que necesitamos para quitar a Henry del puesto de príncipe heredero, cuando lo revelemos, cuando el pueblo y su padre se enteren que rompió las reglas, será su fin -sonríe- pero debemos hacerlo después del ritual y antes, de que consiga la voz de mando -aprieta los puños- si lo logra antes que Tae estaremos perdidos, regresemos -dijo la mujer

Cierra la puerta al salir con el candado de plata y regresa al castillo con los dos hombres caminando a sus espaldas que dan un vistazo a las ventanas de los pisos superiores, desde donde observa Key, al chocar sus miradas, se esconde rápido antes de que la mujer la note. La mujer toma su cuaderno de notas de su bolso y pasa primero al gran salón.

-Clares, ya me preguntaba porque te habías ido así de repente -dijo el rey

- ¿Es tan importante saber señor? -escribe en su cuaderno- tengo muchos trajes y vestidos que hacer para su corte, la fiesta de compromiso es mañana y si le gusta -muestra el elegante traje que dibujo para el- me pondré a trabajar -dijo Clares, los acompañantes del rey están satisfechos.

-Si, me encanta -ríe- que lástima que tu poder solo sirva para crear trajes lindos -dijo

-Lo se señor -dijo Clares observando la capa que usa el rey, este le señala la salida.

Clares va hacia la puerta sin levantar sospecha - ¿Qué paso con tu abrigo? -pregunta el rey, ella detiene su caminar, más sin mostrar temor alguno respondió - ¿Traía un abrigo?

Expreso su duda con una voz clara, una señal que solo los hombres que estaban con ella entendieron, el rey sospecho, pero al pensar nuevamente en eso el recuerdo fue confuso, para su comitiva era obvio que nunca llevo un abrigo puesto y murmuraron sobre ello.

-No, no agh, ya vete -dijo el rey no queriendo darle más vueltas a ese asunto.

Clares reverencio, le dio la espalda y se alejó con una sonrisa de satisfacción en su rostro rebelde, pisa fuerte con sus zapatos de tacón aguja y menea sus caderas con sensualidad al compás del largo de su cabello rizado, luce un pantalón sastre que solo los hombres usarían y un corset negro con los hombros descubiertos ajustado a su cintura de la que cuelga su bolso, guarda su cuaderno de dibujo, levanta la mirada hacia donde siente que la observan, chocando sus ojos rojizos con los marrones claros de Key, percibe un aroma a humedad, frente a ella el príncipe Tae cruza humeando, con las ropas tiesas del hielo, corre a ayudarlo.

-Príncipe -da una reverencia rápida

-No te acerques -prende fuego a su piel para derretir el hielo, pero no logra nada, este se apaga y vuelve a humear, como si ya lo hubiera intentado antes en el camino, Clares da un paso al frente- no me toques -dijo el príncipe Tae, humeando otra vez.

- ¿Cómo cayo a esas aguas? -se fija en el hielo, se vuelve más duro, dobla los dedos meñiques y anular en ambas manos con el pulgar y las junta por las muñecas, la derecha abajo y la izquierda arriba- revertir -intercambia de lugar ambas manos sin soltarse, logra que el agua de la ropa pase de solido a líquido y al realizar el mismo movimiento una vez más, este se evapora dejando la ropa intacta.

- ¿Cómo lo hiciste? -pregunta el príncipe Tae, con un ápice de enojo.

-Llevas puesta mi ropa, ah, la que fabrico para ti y toda la familia real -aclaro- puedo preguntar que le paso -dijo Clares

-No, no te metas en donde no te llaman -dijo Tae, le da la espalda.

Cruza los brazos - ¿Va a ir con la princesa? -Tae no responde- no olvide, que debe entregarme las medidas de la princesa si quiere que tenga listo su vestido para mañana de lo contrario usted se buscara quien la vista en tan poco tiempo -dijo Clares, casi en amenaza, ahora es ella quien se va por el pasillo opuesto y Tae al voltear, se encuentra solo.

-Te doy mi palabra -Henry recuerda las palabras de Tae.

Una sonrisa esbozo su rostro y al salir del agua, Tae estaba cubierto de un grueso hielo a diferencia de Henry que lo cubría un hielo fino, recibe la señal de irse de su hermano, el acepta y ambos corren a gran velocidad de regreso, pero Henry se desvió del camino dejando a Tae atrás, chocó contra un árbol gigante al sentir una llama del tamaño del fuego de una vela en su pecho, su cuerpo se desplomo con la vista al cielo, esa sensación, similar a lo que los humanos llaman esperanza nació en su interior, lleno de una felicidad inexplicable, el hielo se derritió solo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.