En el ojo de la tormenta

Capítulo 4: Princesa Leila

[Compromiso o ritual]

Abunda el pánico en la isla por el fuego, entre guardias y civiles, los más fuertes intenta ayudar, pero unos se desmoronan, otros terminan carbonizados o lastimados, las llamas se extienden, están sobre sus casas, árboles y rodeando la arena del mar, no pueden auxiliarse con el agua salada.

Tae cae del castillo, planta sus pies en la arena y corre por las calles a gran velocidad, toca el fuego sin lastimarse, apaga su luz amenazante, gira intercalando sus manos y va entre ellas aliviando su temor, mueve sus brazos con agilidad como si fuera una serpiente por los árboles que danzan con el fuego, sus pies se deslizan, el viento lo despeina y la isla vuelve a quedar en la oscuridad.

Syrax alcanza a sus compañeros en la entrada del castillo, Edmin y Alex se detuvieron a descansar y calmar las quemaduras en sus manos, sienten dolor pero los guardias ojos rojos del segundo príncipe llevan las manos tras la espalda y sacan el pecho con orgullo, ante el esfuerzo de su príncipe, a excepción de Edmin, pues más que admiración un sentimiento diferente invade su mente, Tae pasa por la barrera de fuego en la orilla que los separa del mar, la absorbe, junta sus manos y extiende la derecha hacia el cielo para liberar todo el fuego acumulado en su cuerpo con una llamarada poderosa, similar al soplo de un dragón, parte las nubes y dos rayos caen lado a lado de su cuerpo para intimidarlo, su expresión es firme, calma su ira, el pueblo va tras él y cae la lluvia. El pueblo aclama a su héroe.

-No entiendo como no tienes deseos de matarlo -ríe- si yo fuera heredero al trono ya me habría deshecho de el -dijo el rey Morko tocando el hombro de Henry, decaído.

Se aparta de su padre, reacio a sentir su tacto, se retira del salón del trono y el rey lo deja ir hacia el establo atrás del castillo para encontrarse con el hombre deforme que tiene cautivo, el padre de Key sigue inmóvil con la mirada perdida como si soñara despierto, Henry se asusta al no poder verlo, golpea la madera y patea una piedra para sentarse en el suelo

-Que idiota, ¿Por qué lo tuviste que dejar aquí? ¿Quién lo abra encontrado? -se lamenta entre quejas amargas llenas de preocupación- No, no, no -grita Henry para sí mismo- solo -pensativo- quería saber que se siente beber sangre, esa maldita voz nublo mi mente, no quería arruinarle la vida a nadie, si lo encuentran, si me matan por romper las reglas o quiere vengarse por lo que le hice -baja la cabeza- lo acepto, me lo merezco -Dijo Henry escondiendo la cabeza entre las rodillas

- ¿No hay forma de dar marcha atrás? -pregunta el padre de Key con voz seca.

Se sobresalta, se pone de pie de golpe - ¿Estás aquí? -entra al establo, lo busca con el tacto y da con el saco que lo cubre– creí que te habías ido -se deja caer sentando a su lado- puedes hacerlo -baja la cabeza- no me importa morir, me lo merezco -dijo Henry decaído

-No puedo dejar que ella me vea así -Henry le presta atención- mi hija, no quiero lastimarla o asustarla, como tu…no quiero caer en un deseo inevitable y primitivo como el hambre, no quiero que se convierta en lo que soy ahora, entiendo porque lo hiciste chico, recuerdo haber escuchado historias de vampiros en mi niñez, pero me arrebataste la vida, me arruinaste -Henry muerde su labio inferior- te tengo rencor y siempre te tendré rencor pero no te odio -aclara el hombre y Henry le mira sorprendido.

- ¿Por qué?, yo, había evitado beber sangre toda mi vida para no causarle esto nadie y al final lo hice, por eso me prometí no volver hacerlo -dijo Henry

-Por eso me encerraste aquí, para al verme, recordar siempre el error que cometiste, lo que me hiciste -Henry se cubre la boca- eres un vampiro, te alimentas de sangre y no puedes prohibirte eso, pero sé que tienes sentimientos, porque si no los tuvieras yo no sentiría tanta tristeza, remordimiento y desesperación de solo recordar a mi pequeña -dijo el hombre

-Hay una princesa -se recuesta en la madera del establo- con la que me debo de casar para romper una maldición que cayó sobre mi familia y sobre toda mi raza, es mi deber, pero aparte de eso quiero hacerlo porque ella me gusta, apenas la vi de espaldas una vez -sonríe débil- es humana -borra su sonrisa- tendrá que vivir entre vampiros, temo que al romper la maldición la mataran y por esa razón quiero protegerla con todas mis fuerzas -aprieta los puños- pero mi hermano menor demuestra cada día que puede reemplazarme, es mejor que yo en todo, puede ganarse el corazón de la princesa o peor aún ya lo está consiguiendo, por eso ya no temo a morir -se quiebra su voz- porque él ya me prometió que la protegería por mí, pero como soy el primogénito debo mantenerme con vida hasta después del ritual de esta noche, mi cabeza es un lio, te juro que no actuó por impulso, lo que hice contigo fue horrible -se pone de pie- pero ahora no puedo conmigo mismo por eso no puedo ayudarte -camina hacia la puerta- sobreviviré hasta mañana, te tratare mejor o te dejare libre pero nada puede salir mal esta noche, cumpliré mi palabra como príncipe -dijo Henry antes de cerrar la puerta con candado y el hombre al escucharlo se privó en un esquina.

Llega el amanecer, el sol se asoma por el horizonte, el pueblo limpia los escombros, recuperan lo posible y reconstruyen sus hogares, se esfuerzan por dejar todo listo para esta noche. Tae quema el cadáver de la bruja hasta las cenizas para que no se vean tentados.

-Iré a la armería le echare un vistazo al carruaje que el príncipe mando a preparar ayer para recibir a los príncipes Falce y Camelot esta tarde -dijo Edmin




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