En el rostro del heredero

CAPÍTULO 7

Obsidian

—Nunca imaginamos que Cirio llegara a tener una hija, o siquiera siguiera vivo —el hombre mayor es el que toma la palabra—. Me presento, soy Dionisio y él es mi hijo, Alberto —señala a su izquierda.

Al hacer las presentaciones, notó que la tensión entre el sujeto joven y yo no disminuye. Es claro que mi presencia no le agrada. No había espacio para la cortesía; la tensión entre nosotros era una cuerda tensada al límite, a punto de romperse. Su mirada me advierte que yo no era una invitada, sino una intrusión que él estaba dispuesto a extirpar de su mundo a cualquier precio.

—Bueno, ya que se están presentando, es mi turno —el chico que viene con la chica de trenza limpia su mano en su pantalón antes de tendérmela sobre la mesa—, André Arco.

Estrecho su mano por cortesía.

Miro brevemente a la chica a su lado.

—Genoveva —es lo único que obtengo de la chica.

—Elena, pero eso ya lo sabías —mira fugazmente a Vikram, y él no le regresa la mirada.

Oh, oh.

—Elena ha dicho al recibirnos que tenían noticias de algo —habla el hombre de la cicatriz que está a mi lado, regresando su atención en Debóra.

—Sí, son noticias —mueve sus dedos larguchos en el aire— particulares. De hecho, estábamos esperando a David, él había ido a confirmar algo —indica, aún con la mirada sobre mí.

—¿Quién es David? —cuestiono, para que la atención vaya en otra dirección.

—Oh, es mi hermano pequeño —manifiesta Elena, sonriéndome.

Tal vez al decir “hermano pequeño” me imaginé a alguien llegado a la pubertad, no a un hombre, el cual por el ruido de pisadas y sin alerta de los demás me confirma que es el susodicho.

—¡Se dice que Rizel ha vuelto! Y no lo ha hecho solo… —la voz se apaga cuando nos visualiza—. ¡Haz vuelto! ¡Es verdad! —lleva las manos a su cabeza, tirando de su cabello—. ¿Qué alguien me explique cómo es que Rizel sigue vivo? —me observa—. ¿Y por qué hay una chica extraña con nosotros?

—¡David! —lo regaña su hermana.

David con la energía de un crío camina con una sonrisa deslumbrante en dirección a Vikram, antes de que él grandote se levante y le dé un abrazo.

—Me alegra que sigas vivo.

—El que se alegra que sigas vivo tú, soy yo.

Inclino la cabeza ligeramente, observando la danza de interacciones fraternales que se despliega ante mí. En el tiempo que he compartido con este grupo, he comenzado a diseccionar sus perfiles, encontrando las grietas y fortalezas en su jerarquía.

Débora sostiene la batuta del mando con una firmeza compartida con Dionisio; ambos operan como el eje de este mecanismo. En contraste, su hijo se limita a ser el carón del grupo, una presencia que parece estar ahí más por linaje que por voluntad propia. Genoveva, por su parte, es un enigma de pocas palabras; solo romperá su silencio por lo que sea meramente vital, ni una sílaba más.

Luego están los opuestos: David, cuya energía arde con la intensidad errática de una flama viva, y su hermana Elena, quien encarna una tranquilidad absoluta, el vacío gélido que equilibra el fuego de su congénere. Finalmente, André; de no ser por su atractivo magnético y ese rostro constelado de pecas que atrapa la mirada, su presencia se deslizaría por la habitación hasta pasar completamente desapercibida.

—¿Cuál es tu nombre? —despabilo al tener al hombre frente a mí.

—Obsidian.

—Obsidian —saborea mi nombre en sus labios—. Obsidian, ¿qué?

—No empieces. —le advierte Rizel.

—Obsidian Vaziri —ya sabiendo el efecto que provoca mi apellido al ser anunciado, está vez me dejo disfrutar el asombro en el rostro del hombre.

—¿Vaziri?

—Sí, impertinente. Así que cállate —le aconseja Elena.

Parpadea repetidamente, hasta que se sienta en el único lugar disponible.

—No creí que el linaje Vaziri creciera —comenta nervioso.

—David —le llama la atención Dionisio—, las noticias —le recuerda.

—Oh, sí, sí —carraspea—. El rey está haciendo que la voz corra sobre el tema de los Líderes. Se dice que él se ha comunicado con alguien que los conoce.

—¿Qué es lo que quiere? —cuestiona su hermana.

—No creo que siquiera ese hombre hable con los Líderes, nadie lo ha hecho —argumenta Débora.

—¿Disculpen, pero quienes son esos Lideres exactamente? Vikram me hablo sobre ellos, que son bastante poderosos y tienen cierto dominio sobre los dos mundos. —menciono.

—Los Lideres son aquellos que fueron nombrados por la naturaleza para poner el orden en sus manos, están destinados a dominar los dos mundos —me explica Alberto, y lo hace de una forma tan petulante que mi vena violenta crece.

Quiero darle una cachetada y no sé por qué.

Asiento, ocultando mi ansia de golpearlo.

—¿Y por qué no ayudan? Créanme cuando les dijo que el mundo donde vengo se está yendo a la mierda, y este al parecer va a ser lo mismo con su rey.



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Editado: 30.04.2026

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