~ Ayliz ~
-No puedo creer que estoy en Italia- murmuré mirando a mi alrededor, sin poder contener la sonrisa que escapaba de mis labios.
<< Pues creetelo, y por favor comienza a caminar porque pareces tonta aquí parada >>
<< Aunque para ser honesta, siempre pareces tonta.>>
-¿Enserio?
<< ¿Qué? >>
-¿No puedes dejarme en paz?
<< Vamos relájate, es solo una observación. >>
-Vaya, que maravillosa observación.
<< Lo sé, todo lo que hago es maravilloso. >>
-Era sarcasmo.
Bien, como ya saben estoy en Italia, y mi queridísima consciencia es mi hater #1. Pero estoy segura de que tienen dudas, así que volvamos a dónde todo comenzó.
~~~
Estaba segura de lo que quería para mí futuro y también estaba lista para hablarlo con mis padres. Aunque siendo sincera, una parte de mi seguía sintiendo esos pequeños nervios que aparecen cuando sabes que estás a punto de cambiarlo todo.
-Mama, papá- los llame con entusiasmo, aunque mi voz dejaba escapar un poco de nerviosismo.
-¿Qué sucede, pequeña?- pregunto papá.
-¿Qué es lo que quieres decirnos, hijita?- pregunto mamá, mirándome con curiosidad.
-Tengo algo importante que decirles- dije nerviosa, pero aún así continue- ya lo decidí y quiero ir a la academia de esgrima en Milán.
No respondieron.
Por unos segundos, todo quedó en silencio. Podía sentir sus miradas sobre mi mientras esperaba alguna reacción.
-Hija- dijo mi madre después de unos segundos- ¿esto es lo que quieres?
-Sí, es lo que quiero- respondí decidida. Después de todo, siempre había sido una mujer segura de mis decisiones.
-Ayliz, cariño- habló mi padre- , ¿ Eres consciente de lo lejos que está Milán?
-Sí papá. Sé que está muy lejos, Pero deseo ir. Tengo muchos sueños que quiero cumplir, e ir allí es un paso enorme para cumplir gran parte de ellos.
Mis padres se observaron el uno al otro. En sus rostros podía notar un poco de preocupación, y no era difícil de entender por qué. Para ellos, la idea de que su hija estuviera tan lejos tampoco debía se sencilla.
Después de unos segundos, volvieron a mirarme.
-Pequeña, si es lo que deseas, te apoyaremos- dijo mi padre.
-Asi es, cariño. Aunque nos preocupe saber que estarás sola y no estaremos cerca, siempre vamos a apoyarte- agregó mi madre.
Sonreí al escucharlos.
Mis padres siempre habían sido así conmigo. Podía contar con ellos incluso cuando mis decisiones les causaban preocupación. Nunca intentaron decidir por mí; simplemente querían asegurarse de que estuviera preparada para lo que venía.
-Gracias, en serio. Gracias por apoyarme. Ahora iré a hablar con mis hermanos- dije, un poco nerviosa.
Sabía que ellos no apoyarían del todo esta decisión. Especialmente porque era su hermana mayor. Habíamos crecido juntos, compartido tantos momentos y convertido aquella casa en nuestro pequeño mundo. Decirles que me iría significaba dejar atrás una parte importante de mi vida.
Respiré profundamente antes de levantarme.
-¡Jeane, querida! ¡Liam, pequeño mocoso!- los llamé desde la sala de estar de la casa.
Escuché sus pasos acercándose rápidamente por las escaleras. Poco después aparecieron y se sentaron junto a mí, mirandome con curiosidad.
Los observé durante unos segundos. De repente, decirlo parecía mucho más difícil de lo que había imaginado.
-Tengo que contarles algo.
Ambos se quedaron atentos.
Comencé a explicarles todo. Les conté que iría a Milán para estudiar en la academia de esgrima, que estaría lejos durante un tiempo y que no podía llevarlos conmigo, aunque los tres hubiéramos querido que fuera diferente.
A medida que hablaba, sus expresiones fueron cambiando.
Liam fue el primero en quebrarse. Sus ojos se llenaron de lágrimas y, como era de esperarse, no tardó en hacer un pequeño berrinche.
Jeane también comenzó a llorar, aunque después de unos momentos logró tranquilizarse. Se quedó en silencio, procesando todo lo que acababa de escuchar.
Yo tampoco pude evitar llorar.
Sabía que algún día tendría que irme para perseguir mis sueños, pero verlos así hacia que todo se sintiera mucho más real.
Jeane fue la primera en hablar.
-Ayliz, no quiero que nos dejes, pero sé que esto es muy importante para ti, y no quiero ser egoísta. Así que te apoyo, y espero que todo suceda tal y como lo imaginas- dijo mientras se secaba las pocas lágrimas que quedaban en sus mejillas.
Sonreí entre lágrimas. Era exactamente la respuesta que esperaba de ella, aunque una parte de mí hubiera deseado que pudiera decirme que no me fuera.
-Ayliz- dijo Liam mientras se secaba la lágrimas-, yo tampoco quiero que me dejes, pero sé que es necesario. No me agrada la idea, pero, al igual que Jeane, espero que todo pase cómo quieres. Y, por favor, llámanos siempre que puedas.
-Claro que los llamaré- dije, llorando un poco más- Los llamaré a diario a ustedes y a mamá y papá, se los prometo.
Me seque las lágrimas y respiré profundamente antes de continuar.
-Ni me quedaré para siempre. Cada que pueda, vendré a visitarlos.
Liam se acercó y me abrazo sin decir nada. Jeane hizo lo mismo unos segundos después.
Los abracé con fuerza, intentando guardar aquel momento en mi memoria.
Después de unos instantes, mis padres se acercaron y se unieron al abrazo.
Y así, los cinco terminamos abrazados en medio de la sala, entre lágrimas, sonrisas y la certeza de que , aunque pronto estaríamos lejos, nuestra familia seguirá estando unida.
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Llegó el día del vuelo. Y están en el aeropuerto, despidiéndome de mi familia. Todos intentamos mantener la calma, pero no voy a negar que algunas lágrimas escaparon.
Los abracé uno por uno, intentando guardar aquel momento en mi memoria. Sabía que los volvería a ver, pero aún así, despedirme de ellos hacía que todo se sintiera mucho más real.