~ Eiden ~
Solo logré dormir dos horas.
Estaba demasiado cansado. Apenas podía mantener los ojos abiertos y, por mí, habría pasado el resto del día en la cama. Pero tenía que entrenar, así que, después de obligarme a levantarme, tomé un baño, desayuné rápidamente y salí de casa rumbo al gimnasio.
~~~
Ya lleva aproximadamente una hora entrenando cuando la vi.
Ella.
La misma pequeña mocosa que no me había dejado dormir la noche anterior con su horrible música.
Intenté ignorarla.
De verdad lo intenté.
Pero parecía que el universo había decidido poner a prueba mi paciencia.
Cada vez que me dirigía hacia una máquina, ella parecía justo antes y la ocupaba. Si necesitaba unas pesas, ella tomaba las mismas. Sí cambiaba de zona, casualmente ella terminaba entrenando allí también.
Al principio pensé que era coincidencia.
Después de media hora, deje de creer en las coincidencias.
-¿En serio?- murmuré mientras la veía tomar las pesas que acababa de buscar.
Esperé unos minutos y fui por otras.
Cuando terminé un ejercicio y me dirigía hacia otra máquina, ella volvió a estar allí.
Era como si me estuviera siguiendo.
O peor, como si lo hiciera a propósito.
Pasó otra hora entre miradas molestas, pequeños roces y una guerra silenciosa por cada rincón del gimnasio. Ninguno decía nada, pero cada vez que nuestras miradas se cruzaban, quedaba bastante claro que ninguno estaba dispuesto a ceder.
Finalmente, cuando ella terminó de entrenar y comenzó a recoger sus cosas, decidí enfrentarla.
Me acerqué y me crucé de brazos frente a ella.
-¿Desde cuándo vienes aquí?- pregunté, irritado.
Ella levantó la mirada y respondió con una tranquilidad que consiguió irritarme todavía más.
-Desde hoy.
Fruncí el ceño.
-Pues deja de hacer lo que sea que haces y déjame entrenar tranquilo. O simplemente vete.
Ella soltó una pequeña risa, Cómo si acabara de escuchar La cosa más absurda del mundo.
-No lo haré. Yo también quiero ejercitarme.
-Pues ven a otra hora.
-Me gusta venir a esta hora.
-Pues a mi no me gusta compartir gimnasio contigo.
-Ese es tu problema.
La miré, incrédulo.
Iba a responderle, pero ella simplemente tomó su bolso y se dio la vuelta.
-Nos vemos.
-¡Oye! ¡No he terminado de hablar contigo!
Pero siguió caminando como si no me hubiera escuchado.
Apreté la mandíbula.
Definitivamente, esa chica iba a acabar con mi paciencia.
~~~
~ Ayliz ~
Iba camino a comprar unas zapatillas nuevas porque pronto comenzarían las clases en la academia y necesitaba tener todo listo.
Después de recorrer varias tiendas, finalmente encontré unas que me parecieron hermosas. Las estaba observando cuando escuché una voz conocida detrás de mi.
No.
No podía ser.
Me giré y ahí estaba él.
El imbécil.
-En serio, ¿ alguna vez voy a librarme de ti?- preguntó, fingiendo estar cansado de verme.
Rodé los ojos.
-Escucha, imbécil. Estoy aquí para comprar unas zapatillas, así que no molestes y vete.
-Deberias irte tú.
Lo mire con incredulidad.
-No lo haré. Llegué aquí antes que tú y no te he molestado. Tú fuiste quien llegó a hablarme porque, al parecer, no puedes verme y simplemente evitarme.
-Claro que puedo. Solo me irrita verte.
-Pues aprende a controlarte.
-Y no vuelvas a llamarme imbécil.
Sonreí con descaro.
-Bien, imbécil.
Antes de que pudiera responder, me alejé y fui a pagar mis zapatillas.
No pensaba desperdiciar mi día discutiendo con él.
~~~
Después de salir de la tienda, caminé hasta una heladería cercana.
Moría por un helado.
Compré mi sabor favorito y salí del lugar mucho más feliz que unos minutos antes.
Hasta que alguien chocó conmigo.
Sentí como el helado se me escapaba de las manos y terminaba en el suelo.
Miré hacia arriba, lista para reclamarle a quien hubiera sido.
Y, por supuesto.
Era el.
-¡Ey, imbécil! ¡Tiraste mi helado!
Él miró el helado en el suelo y luego a mí.
-No. Tú dejaste que se cayera. Es tu culpa.
Abrí la boca, indignada.
-¿Otra vez tú?
-¿Qué pasa, tonta?
-Deberias comprarme otro helado.
-No se cayó porque yo estuviera ahí. Se cayó porque estabas haciendo el ridículo, igual que en el aeropuerto.
-Ya supéralo.
Señale el suelo, todavía molesta.
-Además, mi helado se cayó porque me empujaste.
Me miró durante unos segundos y simplemente se encogió de hombros.
-Claro. Cómo digas.
Se dio la vuelta y siguió caminando como si nada hubiera pasado.
Lo observé a alejarse, completamente indignada.
En serio.
Era un imbécil.
~~~
Llegué a casa cuando ya era de noche. Estaba bastante cansada, Pero había aprovechado la tarde para conocer mejor el lugar en el que viviría durante los próximos años.
Había recorrido varias calles, visitado algunos lugares y probado diferentes comidas, así que ya no tenía demasiada hambre.
Además, era demasiado tarde para cenar.
Subí a mi habitación, me puse la pijama y, después de un largo día, finalmente me metí en la cama.
No tardé demasiado en quedarme dormida.