~ Ayliz ~
Durante todo el día estuve explorando La Academia y sus alrededores. Como era mi primer día, quería conocer bien el lugar donde pasaría los próximos años. Aunque intentaba mantenerme tranquila, no podía evitar sentirme nerviosa por todo lo que me esperaba.
Cuando finalmente llegó la noche, me puse la pijama y me acosté. Me quedé mirando el techo durante unos minutos, pensando en cómo sería mi primer día de entrenamiento. Estaba nerviosa, pero el cansancio terminó ganando la batalla y me quedé dormida.
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Cuando desperté, lo primero que hice fue mirar la hora.
Y casi me da algo.
Ya era demasiado tarde.
Salí corriendo de la cama para alistarme y juro que nunca me había arreglado tan rápido en toda mi vida. Agarré mis cosas y salí de la casa prácticamente corriendo.
Cuando llegué a la academia, todos ya estaban allí, incluido el imbécil que, estoy segura, había sido el primero en llegar.
Intenté ignorarlo y dirigirme directamente hacia donde estaban los demás, pero apenas di unos pasos escuché su voz.
-¿Llegando tarde el primer día?, veo que sigues igual de tonta.
Me detuve, y respiré profundamente.
Definitivamente, iba a ser un largo día.
-Bien, ahora que finalmente estamos todos- dijo el hombre que estaba frente al grupo- podemos comenzar.
El profesor nos observó durante unos segundos antes de continuar.
-Mi nombre es Derek. Voy a estar a cargo de sus entrenamientos durante este periodo. Aquí no solo aprenderán a manejar una espada. También aprenderán disciplina, concentración y, sobre todo, a respetar a su oponente.
Hizo una pequeña pausa.
-Y antes de que alguien pregunte, si, las reglas se cumplen para todos- se giró un poco para mirarnos a el imbécil y a mí- espero que no causen problemas y se respeten.
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Derek nos explicó un poco Cómo sería la dinámica de sus clases.
Luego de eso comenzamos con el calentamiento.
-Primero, dos vueltas. Ritmo suave- ordenó Derek.
Todos comenzaron a correr alrededor de la pista.
Yo intenté mantener el ritmo mientras observaba a los demás. Algunos parecían estar acostumbrados a este tipo de entrenamientos. Yo, en cambio, todavía estaba intentando disimular la nerviosa que estaba.
Luego de unos minutos pasamos a la movilidad.
Derek se posicionó frente a nosotros.
-Deben repetir los movimientos que hago- ordenó.
Comenzó con rotación de hombros. Seguimos con círculos con los brazos, movimientos de muñecas, rotaciones de tobillo y flexiones y extensiones de rodilla.
Luego nos organizamos en filas, uno al lado del otro, para continuar los ejercicios.
-Rodillas arriba- ordenó Derek.
Comenzamos a avanzar levantando las rodillas.
-Ahora, talones.
Cambiamos el movimiento y llevamos los talones hacia atrás. Para esto ya sentía que mis piernas ardían.
Después continuamos con zancadas caminando y desplazamientos laterales. Ya había hecho este tipo de ejercicios antes, así que no deberían haberme resultado difíciles.
El problema era que estaba demasiado nerviosa.
En uno de los cambios de movimiento reaccione tarde y termine chocando ligeramente con la persona que tenía al lado.
-Concéntrate, Ayliz- murmuré para mí misma.
Intenté seguir el ritmo del resto, esta vez prestando más atención a las indicaciones de Derek.
-Bien. Ahora quiero ver cómo se desenvuelven con los desplazamientos de esgrima.
Todos tomamos posición.
-En garde.
Adopté la postura de guardia, intentando mantener la concentración.
-Marcha.
Avanzamos.
-Retirada.
Retrocedimos.
Al principio seguí el ritmo sin problemas, pero en el siguiente cambio mis nervios volvieron a jugarme una mala pasada y moví el pie antes de tiempo.
Derek se detuvo frente a mi.
-No te apresures. Ya sabes hacerlo. Solo concéntrate.
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Al finalizar la clase estaba muy cansada.
Tome mis cosas y, cuando estaba a punto de salir, me di cuenta de que mi padre me había escrito. Seguí caminando mientras respondía sus mensajes, cuando de pronto choqué con alguien.
-Llevas todo el día tropezando. Decirte tonta se queda corto.
<<Nooo... Sé perfectamente de quién es esa horrible voz>>
-Ash, no lo soporto.
<<Corrección: no lo soportamos.>>
-Muevete, imbécil- dije con molestia.
-¿Olvidas que somos vecinos?
-¿Y qué?
-Además, no veo que tengas auto. Yo, por el contrario, sí. ¿No crees que es mejor ahorrarte lo del taxi?
-¿Y qué?
-Y caminar hasta tu casa luego de entrenar...
-Continúa.
-Sería un milagro que llegarás de pie a casa- dijo con tono burlón.
-¿Y a ti qué? ¿Acaso vas a llevarme?
-No. Solo quería molestarte. Oh, y presumir que yo no tengo que caminar ni pagar por un taxi.
-Imbécil- dije, enojada.
Me di la vuelta y me fui, sin darle la oportunidad de decir una palabra más.