El asunto de la comsaría terminó bastante bien, por suerte. Al rato liberaron al muchacho y todos nos pudimos ir a casa. Como él era menor, no le hicieron nada.
Aparentemente le quisieron cobrar el vidrio a su madre del chico. Pero ella no tenía dnero. De hecho, Leticia se llevaba, a escondidas, comida para esa casa.
Un día Mario se dio cuenta y estaba my enojado. Nosotros teníamos problemas económicos y ella se llevaba algo de lo poco que había para comer en casa. Pero yo la dejé. En esencia, estaba tratando de ayudar a alguien que tenía aún menos que nosotros.
No sé cómo habrán arreglado lo del costo del ventanal. Supongo que no habrán poddo cobrarle a una persona insolvente, y eso habrá quedado en nada.
Mario se enojaba por ese tipo de cosa, y mi hija, por la rigidez del padre. Yo trataba de reunirlos a ambos y pensaba que eran ciertas las palabras "Ámame cuando menos lo merezca porque sera cuando más lo necesite". La reunión entre padre e hija tardaría aun bastante en llegar.
Y, lamentablemente, tuve que decirme esas mismas palabras muchas veces, en distintas oportinidades.
NOTA: Estas historias pertenecen a un libro que se llama Mi Primer Matrimonnio y que ha sido publicado en otra plataforma. Tal vez con el tiempo vaya agregando el resto. Espero que les hayan gustado.