En la escuela

Capitulo 3

Yo no reaccioné inmediatamente. Claro que no me puse a llorar ni nada; simplemente no entendía lo que pasaba. ¿Era así el mundo de los noviazgos? Un día andas con una y fácilmente la cambias por otra.

En todo ese tiempo no me había distraído de mis estudios, y no iba a empezar ahora. Entré a la escuela decidida a fingir que nada estaba pasando.

También había hecho nuevas amigas; aparte de Rosa, ya me hablaba con un grupito considerable de otro salón Chayis era una de esas nuevas amigas.

Resulta que Chayis también era novia de un amigo de Alan. Entonces, al estar con él en el receso, también coincidía con Chayis y su novio. Fue así como Chayis empezó a hablarme y a integrarme en su grupito de amigas, que incluía a Rosa y a otras más.

Volviendo a lo de mi exnovio y su nueva novia: la primera vez que los vi juntos, me quedó muy claro por qué Alan lo hizo. Yo nunca iba a ser como aquella muchachita que conocía y que, se suponía, era una “amiga”.

Liz siempre andaba colgada de su cuello, mientras se lo comía a besos. Yo nunca hice nada parecido; con trabajos le contestaba en monosílabos. La verdad, no puedo decir que no lo esperaba. Sabía que no había sido la mejor novia.

Aunque, claro, dentro de mí sentía que tampoco merecía que me cambiara así, sin decir nada. Pero también pienso que no me habría gustado que me explicara o me avisara. Eso no hubiera mejorado la situación.

Así pasó mi primera decepción amorosa. Sentía algo de tristeza y recordaba de vez en cuando a Alan, pero tampoco fue el fin del mundo. La vida, simplemente, continuó.

Unas semanas después de quedarme sin novio, descubrí que yo era popular con los chicos. También pienso que influía mucho el hecho de que no hubiera muchas mujeres en la escuela.

Un amigo llamado Luis, también de primer año pero de otro grupo, fue el primero en aventurarse. Él era muy tierno, me caía bien y platicábamos largo rato.

No me lo esperé cuando me dijo:

—Julieta, sabes que estos días he sentido que tenemos una conexión mucho más profunda. Deberíamos ser más que amigos.

Me empecé a reír como loca y le dije:

—¿Estás bromeando, verdad?

Se quedó mirándome muy serio.

Me quedé en shock. Sí me sentía muy a gusto con él, pero no… Yo sentía todo lo de Alan muy reciente.

Por eso, cuando agregó que yo era divertida, bonita y muy lista, y que le gustaría que fuera su novia —que estaba hablando totalmente en serio y que me daba unos días para pensarlo—, no supe qué hacer.

Decidí tomarme los días que me daba para pensarlo, solo para no ser cruel con mi amigo, aunque estaba segura de decirle que no.

Justamente al día siguiente, saliendo de la clase de matemáticas, otro amigo del transporte, Damián —que también iba en el grupo de Luis—, me dio una carta. La carta decía:

“Julieta, eres muy bonita. Nos llevamos muy bien y me divierto mucho junto a ti. Me he dado cuenta de que me gustas. Por favor, sé mi novia.”

Como verán, hubo una confusión muy grande. Lo primero que pensé al leer la carta fue que seguramente era de Luis. Como iban en el mismo grupo, se me hizo fácil asumir que él se la había dado a Damián para mí. Aunque también se me hizo raro, porque yo ya le había dicho a Luis que iba a pensarlo. Aun así, no le di mucha importancia.

Ya en el transporte, Damián me saludó muy contento y me preguntó qué le respondía a la carta.

—¿La carta? —le pregunté.

—La que te di hace rato, saliendo de matemáticas.

—¿Pero entonces era tuya? —pregunté, sorprendida.

Al verlo asentir con la cabeza, le contesté la verdad:

—Discúlpame, es que no pensé que fuera tuya.

—¿Pero entonces de quién más? Yo te la di.

Me sentí mal. No supe qué contestarle. Lo único que salió de mi boca fue un:

—No sé…

—Descuida, no te preocupes. Mejor olvídalo. Pero seguimos siendo amigos, ¿verdad?

No volvimos a hablar del tema. Me llevaba bien con mis amigos; nos divertíamos mucho, nos reíamos todo el tiempo. Ser amiga se me daba mucho mejor que ser novia.

Nunca se me habría ocurrido que Damián —el amigo que me dio la carta— también quisiera declararse. De hecho, era guapo: alto, de ojos grandes.

Éramos jóvenes, y yo necesitaba tiempo para estar tranquila antes de aventurarme de nuevo en esas cosas del amor.




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