En la escuela...

Capitulo 6

Tercer año.

Ah, recuerdo que todo iba bien. Estaba divirtiéndome bastante ese año. Tenía muchos amigos: de primero, de segundo y de tercero. Bromas aquí y allá, risas, chistes, juegos, romances, chismes.

Aunque en el receso ya éramos un número considerable de amigos, yo estaba todo el tiempo con Diana: en clases, en el receso, en el transporte, en la entrada y en la salida.

Un día empezamos a tener problemas con un amigo. Su nombre era Daniel. Era mi amigo desde primer año y actualmente era uno de nuestros mejores amigos. A veces nos pedía consejos, nos platicaba sus cosas; había confianza. Incluso, algunos días de la semana, pasaba en el receso a vernos y se quedaba un rato.

¿Hasta qué punto está bien comenzar a renunciar a cosas por “amor”? ¿Será correcto dejar de hacer todo lo que tu amor te pide?

Resulta que Daniel empezó a andar con una niña de primer año. Cuando lo veíamos entre clases, lo saludábamos y nos quedábamos a platicar un momento. Ya nos había contado que una niña de primero se le había declarado y que le dijo que sí; nos pareció bien cuando nos lo contó.

Un día, entre clases, estábamos platicando con Daniel y empezamos a reírnos. Ya saben, de esas risas escandalosas que a veces acostumbran los jóvenes. De pronto, Diana y yo sentimos una mirada penetrante sobre nosotras. Al levantar la vista, Samanta —la nueva novia de Daniel— estaba pasando cerca, mirándonos de forma realmente iracunda.

—¿Qué onda con tu novia, Daniel? —lo miramos sorprendidas.

—No sé, déjenme hablar con ella.

Pasó un tiempo desde aquel incidente, pero Daniel no había vuelto a buscarnos. Hasta que coincidimos entre clases.

—¿Qué pasó? ¿Te estás escondiendo de nosotras o qué pasa? —nos reímos, porque era una broma, pero solo nos miró nervioso. Entonces comenzamos a preocuparnos.

—Luego les cuento —contestó, y echó a correr.

Diana y yo nos miramos extrañadas un instante, como tratando de entender si realmente estaba pasando algo. Después seguimos caminando a nuestra siguiente clase.
Al terminar la clase de español, nos encontramos de nuevo con Daniel. Se acercó, nos dio un papelito con algo escrito y luego se fue corriendo.

Lo leímos intrigadas:

“Chicas, necesito que me ayuden. Ya no podemos hablar en público, solo en secreto. Menos si me ven con Samanta; de ser así, ignórenme completamente. Yo las busco, no se preocupen.”

No lo podíamos creer.

Entonces eso era: Samanta decidió que solo quería a Daniel para ella.

Le dimos gusto a Daniel y no lo buscamos más, aún incrédulas ante los acontecimientos. De vez en cuando, si coincidíamos entre clases, Samanta nos dedicaba una mirada punzante… y nosotras también a ella.

En una ocasión, Diana y yo subíamos por las escaleras y Samanta venía bajando. Al pasar junto a nosotras, sentimos cómo trató de empujarnos con su mochila. Me molesté tanto que la empujé de vuelta. Entonces empezamos a discutir y a jalonearnos.

Por desgracia, orientación estaba cerca de donde pasaron los hechos. Nos vieron rápidamente y nos llevaron ahí. Los maestros orientadores hablaron con nosotras; querían suspendernos, pero como nunca nos metíamos en problemas, nos dejaron ir solo con un llamado de atención y la promesa de no volver a incurrir.

Creo que nunca había estado tan molesta con nadie. Nunca había sentido tan insoportable la presencia de alguien. Qué miedo ese tipo de sentimientos.

Tiempo después, cuando Daniel terminó con Samanta, todo regresó a la normalidad. Él y nosotras seguimos tan amigos como siempre.
Daniel había sido muy inocente; a pesar de ser mayor, se habían aprovechado de él. Nosotras lo entendíamos.

Qué problemas… solo para que vean que aun estando en la secundaria, los jóvenes se avientan unas verdaderas telenovelas.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.