En la escuela...

Capitulo 8

Tampoco me quedé sola del todo.

Ahora vale la pena contar algo que, aunque no fue una historia especialmente larga, sí fue casi de película.

Diana tenía un novio, Octavio. Llevaban varios meses saliendo y se veían muy contentos. Octavio tenía un amigo que se llamaba Gael. Estábamos juntos los cuatro en todas las clases. Mientras Diana estaba con Octavio, yo convivía cada vez más con Gael.

Así pasamos más y más semanas de pláticas, juegos y risas; también de estudio. Cabe recalcar que nunca, en todo ese tiempo, descuidé mis estudios.
Gael y yo, además de ser amigos, empezamos a llevarnos mejor cada día. Hasta cariñosamente, en este punto de la historia…
—Mi amor, buenos días. Te extrañé mucho, soñé contigo, preciosa… y con tus besos —decía Gael a Julieta, cualquier día en la escuela.

—Mi amor, yo también te extrañé mucho. Ven a mi lado, que ansío tu compañía —respondía Julieta, cualquier día en la escuela.
Siempre se sentaba junto a mí o yo junto a él. Entre clases, además de platicar, me abrazaba, me acariciaba el cabello y yo a él; me tomaba la mano. Sí, parecíamos novios.
Era alto, fuerte, inteligente, divertido, amable. Definitivamente mi tipo. Me sentía totalmente a gusto en sus brazos.
Un día, ya casi terminaba el año escolar. Estábamos en clase de química. Era la última clase y ya habían salido todos. Nos quedamos Gael y yo solamente.
Una de esas casualidades del destino.
Él seguía sentado mientras terminaba de guardar sus cosas en la mochila. Yo estaba de pie, junto a él, esperándolo para salir juntos.
—Mi amor, ven, abrázame —me dijo Gael con voz tierna.
Me pareció algo normal; me sentía cómoda, ya que no era la primera vez que lo hacíamos.
Me acerqué. Me tomó la mano, me sentó sobre sus piernas y lo abracé.
—Dame un beso —me dijo al oído.
Lo miré un instante. Me acerqué a su mejilla y lo besé.
Después me miró profundamente y me sonrió.
Me sentía ajena a mí misma, tan atrevida y audaz… casi dudaba que fuera la misma chica de siempre.
—Dame un beso —me repitió al oído.
Yo me acerqué de nuevo a su mejilla para besarlo, pero esta vez volteó el rostro y me besó en la boca.
Y el mundo se detuvo para mí.
Nos besamos por un largo e increíble momento. Más que agradable… podría decir incluso mágico.
Era evidente la química. Muchas personas lo sabrán: no siempre un primer beso con alguien sale bien.
Ese fue mi primer beso con alguien que no tenía la etiqueta de ser mi novio. Un beso secreto, porque ni siquiera le conté a nadie que sucedió. Y aun así, uno de los más hermosos de mi vida.
Tampoco pasó nada más y nunca hablamos del asunto.
Los dos sabíamos que el final estaba a la vuelta de la esquina. Lo iba a extrañar tanto.
Seguimos juntos como de costumbre, los mejores amigos que parecían novios.

Lo recuerdo con mucha alegría, porque estar con Gael era tan natural y tan sencillo. Nunca lo olvidaré.
Así, a pesar de todo, con un buen sabor de boca, la secundaria llegó a su fin.




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