En la lluvia

Capitulo 7

—Supe que me llamaste, ¿Esta todo bien?, no pude responder el llamado debido a que estábamos en el escenario, Vanessa mi manager respondió, dijo que luego llamarías pero nunca lo hiciste.

Estaba quieta en mi cama mientras Dylann sonaba del otro lado.

—¿Sigues ahí?.

—Si. Perdón, es solo que quería comentarte algo, creía que debías saberlo, pero es tonto.

—No es tonto si te tiene así, ¡Ni siquiera mis postales respondes!.

—¡Hey! si lo hice...una vez— susurre— pero, realmente quería hablarlo.

—Perdón, pero me controlan las redes y a veces los mensajes y llamadas, no quieren que se filtre nada del álbum nuevo o de nosotros como individuos.

—Bueno— comencé— Llevo 2 años, casi 3 en el psicólogo, creo que eso te lo tuve que decir antes, pero la verdad, no creo que la gente vaya por ahí contando eso o diciendo "hola soy autista y tengo depresión, y por si fuera poco tengo problemas en mi personalidad"— dije divagando y moviendo mis manos en el aire.

—Hey Dan, tranquila, respira — sentí como suspiraba desde el otro lado del teléfono. Esto no era buena señal— ¿Tienes todo eso?.

—Si.

—Bueno, a veces a mi me dan ataques de ansiedad, quizás no es lo mismo, pero lo digo para que no te sientas sola en esto, y por si aun te lo preguntas, si quiero seguir siendo tu amigo.

—Debido a tu comentario tuve que poner mi cuenta de Instagram privada, ya no podre mostrar mi poesía.

Él rio, y estaba segura que seguía sonriendo cuando hablo—Vamos, te hice famosa.

—Ya quisieras.

Estuve 3 horas hablando con el por llamada, y todo se sentía muy cercano, era increíble tener con quien hablar, y poder sentirse cercano a alguien.

Los días pasaron, llenos de nuevas emociones. Mis clases iban de maravilla, y cada día me sentía más segura y confiada en mi camino hacia el futuro. Sin embargo, algo en el fondo de mi mente siempre seguía pensando en mi pasado, preguntándome cómo seria mi vida si hubiera sido diferente.

Un miércoles por la tarde, mientras salía de mi última clase del día, algo inusual llamó mi atención. En medio del bullicio de la universidad, vi a una figura familiar esperando en la entrada. Parpadeé varias veces, tratando de asegurarme de que no estaba imaginando las cosas. ¡Era Dylann!

Se había disfrazado para no ser reconocido por los fans que rondaban por el campus, y su atuendo llamativo ciertamente lo lograba. Se acercó a mí con una sonrisa nerviosa en el rostro, y mi corazón latió con fuerza al verlo.

—¡Danielle!— exclamó Dylann, con su voz llena de emoción. —¡Hola! ¿Te importaría acompañarme por un momento?.

Asentí, incapaz de contener mi sorpresa y alegría al verlo allí. Caminamos juntos por el campus, evitando las miradas curiosas mientras nos dirigíamos hacia su auto, el condujo en silencio y yo no mencione nada en todo el camino, cuando al fin se detuvo, el bajo primero para correr a mi puerta y abrirla, lo que me hizo reír. 

Finalmente, llegamos a un rincón arbolado, donde una manta extendida sobre el césped nos esperaba. Sobre ella, había una cesta de mimbre llena de delicias y una botella de vino. Mis ojos se abrieron con asombro ante el romántico escenario que Dylann había preparado para nosotros.

—Espero que te guste la sorpresa— dijo Dylann, nervioso. —Quería hacer algo especial para ti.

Me miró con una expresión de ternura, y supe en ese momento que este era un gesto genuino de su amor y aprecio por mí.

—Es absolutamente maravilloso— respondí, sintiendo cómo la emoción se apoderaba de mi voz. —No puedo creer que hayas hecho todo esto, nadie jamás había hecho algo remotamente parecido.

Nos sentamos juntos en la manta, compartiendo risas y conversaciones mientras disfrutábamos de la comida y la compañía del otro. El sol comenzaba a ponerse, dándole pinceladas al cielo de tonos cálidos mientras nos sumergíamos en el momento mágico que habíamos creado juntos.

Mientras Dylann me tomaba de la mano, supe que este día sería uno que atesoraría para siempre. Era un recordatorio de que el amor y la amistad pueden superar cualquier obstáculo, incluso la distancia física. Estar juntos en ese momento, compartiendo un momento tan especial, me hizo sentir más conectada con él que nunca antes. 

—Si fueras una flor— pregunto Dylann— ¿Cuál serias?.

—Un cactus.

—Eso no es una flor.

—Pero me define más.

—En ese caso serias una Echinopsis oxygona.

—¿Que?— dije viéndolo.

—Es una flor que aparece en un cactus. Es bonita y delicada, como solo puede serlo la flor de un cactus. Parece mentira que una flor así tenga cabida en una planta de aspecto tan áspero, como tu.

—Tu serias definitivamente una rosa, todas las aman.

El volteo a mirarme, esperando que dijera algo mas, con ojos de esperanza, lo que era raro, habíamos compartido muy poco, y todo lo demás lo habíamos hecho por mensajería.

Mientras estábamos acostados en la manta de picnic, disfrutando del atardecer y la compañía del otro, una sensación extraña comenzó a apoderarse de mí. Mis ojos se desviaron hacia las sombras que se alargaban a medida que el sol descendía en el horizonte, y de repente, empecé a sentir una presencia ominosa a mi alrededor.




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