¿Manicomio?
Toda mi existencia he vivido con manías, que resultarían extrañas para cualquiera, pero no para mí, creo que soy muy normal, aún cuándo la gente a mi alrededor me mire cómo si fuese un bicho raro, tengo 15 años, o eran... ¿20?, no, no, estoy segura de que tenía 18 la última vez que me pregunté.
Sonrío. Si, lo sé, no cualquiera puede hablar consigo misma, pero yo, soy un caso muy especial.
Salgo de mi habitación pulcramente blanca, todo es tan limpio y ordenado aquí, que a veces da miedo, pero me encanta cuándo enceran el piso, puedo ver mi reflejo y me regocija observarme, soy linda, si, si, lo soy, aún cuándo nadie lo entiende en cuánto ven mi rostro, ellos no comprenden la belleza, no la que yo creo en mí, los extraños son ellos.
Mis marcas son fuerza, cada línea que las atraviesa representa el dolor que alguna vez sentí, pero que ya no siento más.
Mi mente empieza a deambular y me pregunta si no necesito un nuevo arreglo pronto en alguna parte de mi cuerpo, pero la convenzo de que podemos esperar un rato más, aún no es hora.
Atravieso los pasillos de mi hogar, es algo grande para mi gusto y con demasiados inquilinos, algunas veces no los tolero, creen ser mejor que yo, pero no es cierto.
No existe nadie mejor.
Siempre me he preguntado por qué todos son tan detestables para usar la misma ropa que yo uso, Es tan estresante.
Me gusta mi ropa, es blanca y ancha, me gusta cuándo se ensucia, mis amigos, con los cuáles me reúno dos veces a la semana, me dicen siempre que no es algo grato ensuciar mi ropa, en especial, cuándo es con mi sangre, por favor, no es para tanto. Se preocupan demasiado.
La primera vez que me lo dijeron, quise demostrarles que no había nada malo con ello, así que les mostré lo que podía lograr con mis uñas en mi piel.
Se rieron tanto, aún cuándo se cansaban de decirme que no eran risas lo que yo veía, son tan tontos, yo lo veía tan claro.
Esa fue la primera vez que me pusieron un nuevo atuendo, un vestido muy amoroso para mi gusto, él hizo que me abrazara a mí misma, al principio no fue agradable, pero luego me costumbré, en especial cuándo me llevaron aquella habitación con colchones en las paredes...
¿Pretendían que durmiera en las paredes?
No lo sé, pero salgo de mis pensamientos, al menos sólo un rato, cuando llego al comedor o cafetería, aún no lo descubro, aquí siempre me tratan con demasiada amabilidad y nunca me cobran absolutamente nada ¿Pueden creer?
Mi padre tuvo que realmente haber contribuido demasiado económicamente para que me atendieran tanto y gratis.
Aún cuándo la comida no es tan agradable, cómo la de mamá, es mejor que nada.
Beatriz, la cocinera que estoy segura es latina, siempre me trata bien y no me mira extraño, al menos no tanto. Ella se dirige hacia mí.
- Hola, Linda ¿Qué quieres comer hoy?
-Te he dicho que mi nombre es Lindsay, no Linda- Blanqueo mis ojos, y ella ríe, no sé qué le hace tanta gracia, aunque en el fondo no me cae tan mal, y creo que ella lo sabe. Sólo por eso vuelvo a bufar.
Tomo la comida que me tiende Beatríz, ya que al final no le dije que quería, de igual forma, sería lo mismo. Aquí no hay nada dulce, ni demasiado picante, nada de cosas realmente deliciosas.
Es algo no recurrente, todo el tiempo me hago ese tipo de preguntas... Y entre más reflexiono entre ellas mi cabeza empieza a palpitar y a hacerme saber que estoy olvidando algo importante...
Mis manos empiezan a temblar en el centro de este lugar, pero nadie me mira, lo que agradezco, siento... siento que el aire se me empieza a ir y mis ojos se nublan.
Siento que en cualquier momento me desplomaré y no seré más consciente, pero justo en ese instante siento fuertes gritos provenientes de una de las puertas principales.
Mi vista aún es borrosa, pero alcanzo a divisar a ¿enfermeros? Arrastrando a un chico, él pide con todas fuerzas ser liberado, que sólo está buscando a... Que él no... Que él no está...
En ese momento levanta su vista y siento justo el momento en que su vida se clava a la mía y dejo de escuchar todo a mi alrededor incluso lo que soltó, parece que mi cerebro no lo quiere procesar.
Pero lo que realmente me asusta, es su mirada, me mira con sorpresa, con reconocimiento, esperanza, alivio y con lo que parece ¿miedo?
Yo estoy estática, el verlo y ver su expresión están logrando que mis malestares anteriores vuelvan y esta vez con más fuerza.
¿Quién es ese chico?
Siento el sonido metálico de la bandeja junto al horrible sonido del puré caer al piso antes de desplomarme junto con ellos al mismo destino y todo se hace oscuro, siendo lo último que veo, la mirada de ese misterioso chico...
Siento un leve pitido lejano... Pero mi cuerpo parece estar lo suficientemente cansado para no querer reaccionar.
Escucho voces algo lejanas y confusas...
-Tienes que irte... No le hará bien
-Tal vez pueda ayudarla, hay que intentar, por favor.
Mi cuerpo cae de nuevo en un estado de sueño profundo.
Esta vez siento con más claridad mi alrededor y no me cuesta tanto abrir mis ojos e inspeccionar mi alrededor.
Me incorporo y analizo la razón por la cuál debo de estar en este lugar, pero no tengo la menor idea, así que me levanto y quito todas las cosas que se encuentran pegadas a mi brazo ¿Eso es suero? Cielo santo... ¿Qué lugar es este?
¿Qué fue lo que pensó mi padre al traerme a este internado?
Sólo tengo 16, por el amor a Dios, espera... ¿16?
Empiezo a mirar a todos lados, ¿16? Pero ya tuve mi fiesta de los 18, no, ¿la de los 15?
¿Qué está sucediendo?
¿Por qué mi mamá permitió que mi padre me abandonara en este horrible lugar?
Es allí dónde recuerdo... Mi madre, Oh Dios mío, mamá.
¿Mamá murió?
Sí, lo hizo. Deberías superarlo ya. Fue hace mucho
¿Qué? ¿Esa es mi mente?
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Editado: 18.01.2026