Todo comenzó aquel día en el que tuve mi primera asignación, mis creadores estaban extasiados y muy orgullosos de que aun siendo tan joven lograra aquello por lo que la mayoría de los súbditos demoran años en adquirir.
Mi asignación era un chico menudo y muy joven de tal vez unos 14 o 15 años, el cuál desde hace un tiempo se volvió en algo parecido a un llanero solitario tal y cómo alguna vez escuché a algunos humanos decir en mis tiempos de reconocimiento de campo, dónde se me enviaba a conocer las costumbres y comportamiento de dichos seres, no encontraba la fascinación por algunos de mis compañeros hacía ellos, todos eran unos insensatos que disfrutaban de utilizarnos y luego fingir repudiarnos, es un mundo muy hipócrita a decir verdad.
En fin, todo comenzó con aquel chico, Ron era su nombre, con él debía descubrir en qué tipo de pecado me convertiría, lo tendría que hacer pasar por diversas adversidades que me hicieran conocer con claridad cuál de todas ellas sacarían mis habilidades pecaminosas y hacía qué pecado serviría.
Aquella asignación fue la que me catapultó a la fama en mi tierra y me ayudó a ganarme el respeto de mi raza, no fue muy difícil como lo había creído en un principio, el chico le gustaba la comida, le agradaba estar sólo y disfrutar de su soledad y sus cosas, por tanto, fue lo primero que intenté, llevarlo hasta el borde del abismo dónde sintiera que lo único que necesitaba era consumir y consumir todo lo que estuviese al frente, sin importar cuándo ni cómo lo conseguiría.
Era fascinante cómo ni siquiera fue complicado convencerlo y tentarlo, sólo necesitaba un empujón, el cuál le di, logrando de aquella manera que en menos de un año se convirtiera en un ser humano despreciable, lo que encantó a mi pueblo no fue eso, sino que descubrieron y yo mismo descubrí que además de mi habilidad Gula, poseía algo más, una habilidad extinta, la que se basaba primeramente en que a través de una habilidad principal se podrían habilitar más pecados en un ser humano, cómo soberbia, envidia, entre otros.
Tal y cómo lo hice con él, lo convertí en alguien terrible.
Él fue mi más gran orgullo.
Por ello, aun cuando me dieron muchísimas más asignaciones al pasar de los años, siempre volvía a seguirlo y a regodearme de lo mal que se había portado, logró alejarse de su familia, en ese entonces tenía una hermana pequeña y dos padres amorosos. Destruyó todo aquello, les robó, los acabó y separó.
Su madre falleció de un ataque al corazón a causa de sus malas conductas y sólo quedó su padre y hermana.
Su padre decidió llevarse a su hermana lejos de él, para que no la contaminara de su maldad.
Y no supe más de ellos.
Hasta mucho después, dónde había logrado ascender de puestos básicos a ser uno de los líderes Gula.
Ya las asignaciones quedaron en el pasado y en ese instante era yo quién les daba asignaciones a los nuevos.
Así fue como la conocí.
Alia, mi Alia.
Todo sucedió aquella vez en la que uno de los aprendices novatos tuvo complicaciones en su asignación, un alma humana pura no permitía que él cumpliera con su objetivo, aquella alma era una de las anomalías casi extintas de su especie.
La pureza real de corazón no es muy propia de los seres humanos, por lo general son egoístas y poseen una amplia gama de hipocresías en distintos aspectos, haciéndonos cada vez más sencillo nuestro trabajo.
Normalmente no me involucraba en aquellas complicaciones, sin embargo, me ganó la curiosidad con aquel ser humano, me sonaba tan extraordinario, pues nunca conocí algo parecido.
Por tanto, decidí revocar aquella asignación al novato, dándole otra pues este era aun muy joven y no sabría lidiar con ese tipo de casos.
Tuve que trasladarme al mundo humano, tal y como acostumbraba a hacerlo en mis tiempos de principiante.
Nadie nunca nos veía, lo que de cierta manera nos permitía estar en todos lados, pero en algunas ocasiones excepcionales podíamos hacernos ver, pero solo aquellos que se encontraran con la experiencia suficiente podían lograr aquello.
Hasta ese momento no había sentido la necesidad de intentar aquello.
Ese caso no sería la excepción o al menos eso creí.
La asignación del novato, una chica, Diana, baja, insegura y resguardándose bajo una máscara de completa altanería, era la asignación perfecta.
Todo con ella parecía ir de maravilla, cada día era más vanidosa y envidiosa de todo a su alrededor, hasta que alguien empezó a preocuparse por ella, demasiado, no se le separaba y empezaba a influir de manera positiva en su vida, menguando en gran manera la negatividad infundada en mi recluta.
Los seres como nosotros no teníamos la capacidad de ver el rostro de los humanos en mi mundo, pero lográbamos verlos al venir a su mundo, pero podíamos sentir sus almas, emociones, sentimientos, tantos los buenos como los malos, en especial los malos para así poder maximizarlos, pero existen casos en los que si los buenos son muy fuertes se sienten con más agudeza entorpeciendo su trabajo.
Ese fue el caso de Alia.
Mientras influía en Diana y empezaba a obtener los resultados que esperaba, aprovechando que al parecer el alma pura de su nueva amiga, Alia, se encontraba de viaje con su padre, decidió que sería más fácil, acabó casi por completo con ella, aumentando su inseguridad, su envidia, avaricia, cada día se volvía más obsesiva de su alimentación, hasta que ella apareció.
Mientras la chica no paraba de llorar sintiendo que cada una de sus barreras caían y se convertía en lo que todos odian, la puerta de la entrada de su casa se abrió de repente dejando ver a quién sería su completa perdición.
Su alma era agua cristalina, tan brillante que no le dejó pensar en nada más, mientras la observaba correr hacía su amiga, diciendo palabras de aliento, reconfortando su alma y corazón.
Me tenía cegado, su rostro era el de un mismo ángel, a pesar de su cuerpo relleno, la bondad que transmitía la hacía ver irreal, especial.
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Editado: 18.01.2026