Diferente
Aquí estaba yo, observando el inmenso mar que se extendía delante mis ojos, viendo derrapar unas con otras las enormes olas de ese mar abierto, en ocasiones desearía ser como ellas, viajar, ir y venir, chocar, ser libre de estar en cualquier lugar y limpiar todo a su paso.
Pero no, yo no estoy ni de cerca de ser algo parecido, estoy más que contaminada y en vez de lograr limpiar, termino dañando y ensuciando todo a mí paso.
El intermitente viento azota mi cabello, haciendo que mis leves ondas choquen con mis mejillas y mis ojos, en otra ocasión ese sólo hecho me molestaría, pero justo ahora no me importa, me siento demasiado tranquila y en paz gracias al paisaje que me rodea.
La arena que cubre mis pies y el aroma que desprende el mar es lo más extraordinario que alguna vez tendré la oportunidad de disfrutar, es simplemente magnífico.
Hace unas horas creí que nada podría calmarme, pero me equivoqué. Sí que lo hay, este lugar me trajo paz y luego de estar aproximadamente más de dos horas, siento que al fin puedo pensar con tranquilidad sobre mí, sobre mis problemas, sobre mi futuro.
Esos pensamientos me hacen consciente de la razón por la cual estoy aquí, el porqué hui de casa y me refugie aquí y es que, si lo pienso con calma, mis padres tenían toda la razón, cuándo me reprochaban mis actitudes indiferentes ante la situación actual de este mundo.
La pandemia ha acabado con nuestro concepto de normalidad y no quise entenderlo, vivía mi vida tal y como estaba acostumbrada a vivirla, desordenada, rebelde y sin ningún tipo de control. Aquellos comportamientos me hicieron estar más de una vez en problemas, antes de que toda esta afección nos afectara a todos, pero en cuánto entramos en aislamiento, considero que tal vez no lo veía de esa manera, no creí posible que todo se detuviera a causa de algo que parecía irreal, pero como ha pasado miles de veces anteriores, me equivoqué.
Por mis comportamientos irresponsables, mi abuela, que en realidad es mi tía abuela, porque mi verdadera abuela falleció hace mucho antes que yo naciese, se vio afectada en uno de mis arranques de locura, el virus la atacó y tuvo que ser sometida a un aislamiento completo, mis padres estaban furiosos conmigo cuándo descubrieron que todo había sido mi culpa, que la abuela podría estar al borde la muerte por su edad y mi irresponsabilidad, pero, ya no podía hacer nada.
Estaba muy preocupada y mientras mis padres sólo me reprochaban y maldecían una y otra vez, sentía que me asfixiaba y entonces cuando sentí que no podía hacer nada más, corrí, lo hice con una velocidad que no conocía, escuché sus gritos a la distancia, pero no me detuve, no sentía cansancio, estaba segura que mis piernas ardían y mi cuerpo pedía algo de agua, pues moría de sed, pero mis pensamientos no daban cabida a algo más que recordar los momentos que generaron que los acontecimientos de ahora se dieran.
Cada fin de semana, me escabullía con amigos a sólo pasar el rato, beber un poco de alcohol ya sea en un acantilado o en cualquier callejón de la ciudad.
Todo fue así, hasta que uno a uno de mis compañeros de escape, fueron disminuyendo por cuidar la cuarentena y protegerse a sí mismos y sus familias, así fue como terminé escapándome sola cada fin de semana, y luego ya casi todos los días a aquel acantilado fuera de la ciudad, que más que paz, sentía, me daba a probar libertad, aquella que sentía, no tenía.
Antes, me encontraba furiosa porque aquellos que consideraba amigos, eran en realidad unos cobardes, que me dejaron sola.
Sin embargo, en uno de mis muchos escapes, un día escabulléndome por las calles de la ciudad abandonadas, sentí que alguien me seguía, en un principio me asusté, pero luego me calmé diciendo que eso era imposible, que todos estaban en sus casas, nadie, excepto yo, era tan irresponsable.
Pero, me equivoqué, sí que había alguien y lo descubrí, cuándo llegando al acantilado que ya conocía tan bien, un hombre me interceptó, al principio creí que era una casualidad, pero al cabo de unos segundos vi su mirada hambrienta en la piel descubierta de mis hombros y pechos, justo en ese momento sentí pánico, rápidamente observé todo a mi alrededor descubriendo que no había nada, más que oscuridad, resultando el escenario perfecto para este asqueroso hombre, su sonrisa macabra cuando empezó a notar mis gestos de espanto, que poco a poco empezaron a acentuar mi rostro, entonces supe que estaba perdida.
Él comenzó a avanzar con un paso demasiado seguro, yo retrocedí uno igual, no hablábamos y él parecía tan seguro de lo que iba a hacer, que mentalmente empecé a rogar a Dios que tuviese piedad y no me abandonase.
No quería girar y correr sin rumbo, pues a él se le haría demasiado fácil atraparme, incluso excitante tal y cómo yo lo planteaba, me daba un susto tremendo.
Fue en ese momento cuándo se abalanzó con fuerza estrellando mi espalda contra el suelo, mi cabeza sentí que estalló, me dejó tan desubicada que cuándo fui un poco consciente de lo que sucedía, aquel hombre ya tenía los pantalones desabrochados, mi blusa de tirantes estaba completamente rota y abierta para él, sentí pánico y entonces emití un gran y estrepitoso grito como jamás en mi vida lo había hecho.
El hombre frente a mí se aturdió un poco, pero un segundo después ya me había golpeado, fue entonces cuándo empecemos a forcejear, no pensaba morir y ser abusada sin defenderme si quiera, no lo iba a permitir, lucharía hasta el final.
En todo ese tiempo no dejé de gritar, rogaba al cielo que alguien me escuchara porque ya no tenía demasiadas fuerzas y en cualquier momento el lograría su cometido.
Justo cuándo mis ojos empezaron a cerrarse por la presión que ese monstruo ejercía en mi cuello, sentí que de la nada oxígeno llegaba a mis pulmones, el enorme peso de ese hombre se desprendió de mí dejándome completamente expuesta a quien fuera que me haya salvado.
#2006 en Otros
#461 en Relatos cortos
fantasia aventura, #amor #desamor #dolor esperanza, #suspensopsicologico
Editado: 18.01.2026