Después de la llamada que había tenido con mi padre, cuando me avisó que tenía que viajar a la ciudad de Kana, lo primero que hice fue investigar el lugar.
La ciudad de Kana es conocida como la Isla Mágica por su flora. La mayoría de su vegetación está compuesta por plantas curativas, aunque solo funcionan cuando el daño es físico; no sirven si se trata de un daño espiritual. El clima es caluroso: comienza en octubre y termina en enero. Los demás meses son temporada de lluvias, con fuertes truenos y relámpagos.
Interesante.
Este mes es enero, o sea que este mes solo disfrutaré del calor, y el próximo de la lluvia.
Volviendo al presente, lo primero que hizo mi tía al llegar a la casa fue instalarnos. Me contó que mi padre, antes de llamarme a mí, la llamó a ella para avisarle que me enviaría a la ciudad de Kana. Al inicio se alegró, pero luego enloqueció porque no tuvo tiempo de prepararme una habitación propia, así que, por el momento, debo compartir cuarto con ella… y también la cama.
Eso es algo nuevo para mí, porque siempre he dormido sola.
Así que, cuando llegamos a mi nuevo hogar —solo por dos meses—, tengo dos cosas que decir:
Primero: la casa es muy, pero muy grande. Tanto las ventanas como la entrada están decoradas con macetas llenas de flores hermosas. Me parece un lugar muy bonito.
Segundo: hay muchos cuervos volando sobre la casa de al lado.
—Cuando ves muchos cuervos sobre una casa, significa que alguien va a morir —dice alguien a mi lado.
Dejo de observar a los cuervos y miro a César, que también los está mirando.
—Wait… ¿qué? —digo, muy sorprendida.
—No le hagas caso, Vania. Solo te está asustando —interviene Valentín con calma—. I’ll help you with your bag.
Toma mi maleta y entra a la casa.
Miro a mi costado para buscar a César, pero ya no está.
Qué chico tan raro.
—¡Vania! ¿Qué haces ahí parada? Ven, te llevaré a la habitación —dice mi tía. Su mano se posa en mi espalda y me empuja suavemente.
No alcanzo a ver bien la sala, solo noto que es muy grande y que las paredes son de color blanco.
Subimos por unas escaleras amplias y, al llegar al tercer piso, abre la puerta de la derecha y entramos.
—Sé que puede ser un poco incómodo para ti dormir juntas, pero te aseguro que mañana tu habitación estará lista por la tarde. Será en el segundo piso, por cierto.
—No se preocupe… thank you for letting me stay here at the last minute.
Ella sonríe.
—La ducha está al costado. Debes saber que en cada piso hay un baño, lo que significa que tendrán que compartirlo —me dice, como pidiéndome disculpas.
—It’s okay, no problem.
—¿En serio? ¡Qué alivio! Entonces te aviso que el baño está a la derecha. Iré a preparar la cena. Baja en treinta minutos.
Asiento con la cabeza.
Encuentro mi maleta al costado de la cama. Saco lo necesario para bañarme y mi pijama. Miro la hora en el celular: son las nueve de la noche. Estoy agotada. Una buena ducha me hará bien.
Cuando entro al baño y dejo que el agua caiga sobre mí, pienso en todo lo que ha pasado hoy. Tengo demasiadas emociones mezcladas.
—Mom… where are you? —susurro.
Nunca conocí a mi mamá, y papá nunca habla de ella. Solo tengo una foto vieja que le robé a escondidas. No me parezco en nada a ella. En la parte de atrás de la foto solo había una palabra escrita:
Minerva.
Nada más.
Termino de bañarme, vuelvo a la habitación para cambiarme y luego bajo a cenar
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Editado: 26.12.2025