En la oscuridad

3- Almas Blancas.

El álbum de fotos de mi madre es un misterio para mí.

En él solo aparecen fotos de su familia, pero en ninguna sale ella. Quiero saber por qué, pero no me atrevo a preguntar. Sin embargo, tengo la certeza de que lo descubriré.

La cena transcurre de forma divertida; todos se esfuerzan por hacerme sentir cómoda. Antes de terminar, mi tía nos pide un momento para quedarnos sentados.

Con una sonrisa llena de alegría, comienza a hablar:

—Quiero recordarles que mañana tenemos que ir a la montaña. Debemos mostrarle a Vania los lugares hermosos de Kana. Así que me gustaría saber… ¿quién, aparte de mí, está disponible?

—Yo —levanta la mano César.

—Yo también —le sigue Valentín.

Sospechoso.

Lo que pasó después fue que los demás se negaron; tenían responsabilidades pendientes. Me levanto de mi silla con mis platos para llevarlos al fregadero, pero el hermano de mi tía, un hombre mayor con un bigote bastante extraño, llamado Daniel, nos pide que nos quedemos un rato más.

Vuelvo a sentarme.

—No se olviden de no hacer caso a los silbidos que escucharán antes de dormir.

—¿Silbidos? —pregunto.

—Cierto, Vania. En la ciudad de Kana hay muchas “leyendas” y “mitos” —hace comillas con los dedos— que conocerás mañana. Sin embargo, todo lo que te cuentan es verdad, porque nuestros antepasados fueron testigos —responde mi tío, como si fuera lo más normal del mundo.

En la mesa nadie habla.

—¿Y quién hace los silbidos? —vuelvo a preguntar.

—Las almas blancas —responde César.

—¡Daniel! ¡César! —mi tía se ríe—. No la asusten. No les hagas caso, Vania, solo están bromeando.
Bueno, familia, hora de dormir. Ah… Vania, deja los platos, Lucrecia se encargará de limpiar —dice justo cuando estoy recogiendo los míos.

Lucrecia es la ama de llaves de la casa.

—It’s okay… buenas noches —digo con una sonrisa antes de irme a la habitación.

Mi papá siempre viaja por trabajo, así que muchas veces me quedaba sola. Por eso tengo la costumbre de preparar mi propia comida y también hacer la limpieza de la casa.

Subo las escaleras hasta llegar a la habitación. Busco mi cepillo y la pasta dental y voy al baño. Mientras me lavo los dientes, no dejo de pensar en lo que dijo mi tío Daniel. Por algún motivo, siento que no estaba bromeando.

La seriedad en su rostro lo decía todo… y César había mencionado a las almas blancas.

Ghosts?

¿Hay fantasmas en esta casa?

I’m scared of ghosts.

Salgo del baño cuando, de pronto, escucho el grito de una mujer. Me sobresalto. Las puertas se abren y varias personas bajan corriendo por las escaleras. La curiosidad me gana, así que bajo con ellos.

Al llegar a la puerta principal, veo a la mayoría afuera de la casa.

—¿Qué está pasando? —susurro, preocupada.

—Te dije que alguien iba a morir —susurra César en mi oído.

Me asusto y giro la cabeza hacia él. Nuestros rostros quedan tan cerca que su nariz roza la mía.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.