En la oscuridad

4. Tus ojos fascinantes.

—Y yo te digo que no me gusta que invadan mi espacio —retrocedo unos pasos.

Él me observa fijamente, sin parpadear. No sé por qué, pero yo hago lo mismo, como si fuera una competencia absurda. Después de unos segundos, cuando siento que mis ojos empiezan a arder, dice:

—Tus ojos son fascinantes.

Se acerca un poco más y cubro mi rostro con las manos.

—¿No sabes lo que es el espacio personal? —separo apenas un dedo para poder mirarlo.

—No —responde—. Disculpa si te incomodé, Vania.
Da un paso atrás y se retira.

Inhalo y exhalo varias veces hasta tranquilizarme. De verdad me asustó. César, al parecer, no conoce lo que es el espacio personal… o simplemente no le importa.

Me debato mentalmente si debo o no salir a ver qué está pasando afuera. Mientras avanzo, no puedo evitar pensar en lo que dijo sobre mis ojos.

¿Mis ojos son fascinantes?

Es la segunda persona que dice algo lindo sobre ellos.

Mis ojos tienen dos colores: el derecho es azul y el izquierdo es hazel. En el colegio, mis compañeros se burlaban de mí por eso. Me decían todo tipo de apodos. Al principio me hacía sentir mal; le contaba a mi papá y a los profesores, pero ninguno hizo nada al respecto.

Así que, cuando entré a secundaria, decidí defenderme a mi manera.

Violence was the answer.

En mis vacaciones anteriores, mi papá siempre me inscribía en algún taller para que no estuviera sola. Natación, ballet… hasta que un día me inscribió en karate.

Decido salir.

La luna llena domina el cielo. Los vecinos están fuera de sus casas, con gestos de preocupación e incertidumbre. De pronto, una mujer sale corriendo de su casa. Lleva una pijama manchada de sangre.

—¡Que alguien me ayude! —grita, temblando—. H-hay un hombre en mi habitación… ¡ESTÁ MUERTO!

Los vecinos, en su mayoría hombres, corren hacia la casa. Entre ellos están César y Valentín. Entran sin dudarlo y, después de un buen rato, salen cargando un cuerpo.

What the hell?!

¿No deberían dejar el cuerpo en su lugar para que la policía o los detectives hagan su trabajo?

Me acerco a donde está mi tía. Su hermano la abraza con fuerza.

—Tía… ¿por qué se están llevando el cuerpo? —pregunto en voz baja.

—Vania, no es el momento —dice con seriedad—. Ve a la habitación y descansa. Asegura la puerta con llave… duerme tranquila.

Hace una pausa y sonríe.

—No me esperes despierta. Hoy no dormiré, así que la cama es toda tuya.

¿Dormir?

¿En serio cree que puedo dormir después de esto?

Como si sus palabras tuvieran algún tipo de poder, de pronto empiezo a sentir muchísimo sueño. No sé en qué momento me quedé dormida.

Pero a la mañana siguiente, despierto en la cama… y a mi lado está César.

What the hell is he doing here?!




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.