—¡¿Qué estás haciendo en mi cama?! —le doy una patada, botándolo al suelo.
—¡Auch! ¡¿Se puede saber por qué hiciste eso?! —grita el acosador desde el piso.
—¡Estás acostado en mi cama! You’re a pervert!
César observa alrededor del cuarto. Lo imito y entonces me doy cuenta de algo horrible: no es mi habitación… quiero decir, no es la habitación de mi tía.
Se levanta del suelo, se sacude el pantalón con la mano y luego me mira con frialdad.
—Es mi cuarto. ¿Acaso eres sonámbula? Si es así, te perdono por entrar a mi habitación sin permiso.
—I… I don’t know —murmuro—. No recuerdo nada después de la cena.
—Responde. El hecho de que seas mujer no significa que voy a pasar esto por alto.
La puerta se abre de golpe y mi tía entra, asustada.
—¿Qué está pasando aquí?
—Eso también quiero saberlo, Liset —responde César.
Me bajo de la cama, nerviosa.
—Lo siento, pero… I really don’t know why I woke up in his bed. No tengo idea, créanme, please.
Los tres quedamos en silencio. No sé qué estarán pensando César y mi tía; yo solo intento recordar cómo terminé aquí.
¿En qué momento me dormí?
¿Será cierto que soy sonámbula?
Frunzo el ceño al notar algo más.
Mi pijama está manchada de sangre.
Oh no.
This is not happening…
Estoy con mi periodo.
—Bueno… eh… uhm —balbuceo—. I’m sorry again… no, wait. No, no me disculpo. No lo hice a propósito.
Escucha, César, I don’t know how I ended up in your bed. Y ahora que lo pienso… ¿cómo es posible que no sintieras mi presencia? ¿O será que tú me sacaste de mi cama y me trajiste aquí?
—¡¿Qué?! —exclama—. ¡Liset, tu sobrina está loca!
—¡Hey! Don’t call me crazy! —exclamo indignada.
—Pues eso es lo que eres, acosadora.
—¿Acosadora? ¿Yo? Eres el unico que no respeta el espacio personal.
César se queda callado.
Punto para mí.
—Ya basta —interviene mi tía—. Esta discusión no tiene sentido. Y creo saber por qué Vania durmió en tu cama, César… y también por qué no la sentiste.
Los dos la miramos.
—César tiene el sueño muy pesado —explica—. Y tú, Vania, debiste confundirte de cuarto. Quizá te levantaste al baño y, al volver, entraste aquí sin darte cuenta.
—Maybe… —murmuro—. Puede que me haya confundido...
—Bueno, chicos —continúa mi tía—, hoy tenemos mucho que hacer.
—¿Qué haremos? —pregunto, buscando desesperadamente algo con qué cubrir la mancha de sangre. No hay nada.
—Cancelamos el viaje a las montaña porque...¡Vamos a preparar el cumpleaños de Valentín!
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Editado: 26.12.2025